Los días más felices del cielo


Lucas 15:1–10 (LBLA)

Os digo que de la misma manera, (la misma de la parábola) habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento. . . (10) De la misma manera (la misma de la parábola), os digo, hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

Y puedo ver a Jesús observando a los escribas, a los fariseos, a los recaudadores de impuestos y a los pecadores. El momento es silencioso. Y entre rostro y rostro él ve algo glorioso y algo terrible –quizás lo esté viendo suceder incluso en esta habitación en este preciso momento–.

Algo terrible

En algunos rostros el signo de interrogación comienza a endurecerse y a estrecharse hasta convertirse en el ajustado y resistente signo de admiración de una respuesta negativa, de un NO. Nadie puede hablar de esa manera en un mundo de diversidad, en un mundo como el de las librerías Barnes and Noble; nadie –sea parábola o no, sabemos lo que estás diciendo; conocemos ese atrevimiento y arrogancia–, nadie reclamaría lo que tú estás reclamando. Que Dios Todopoderoso, en ti, está buscando y encontrando su oveja perdida. Que la profecía de Ezequiel 34 del Antiguo Testamento se está cumpliendo en ti; (“Entonces pondré sobre ellas un solo pastor que las apacentará, mi siervo David; él las apacentará y será su pastor. Y yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será príncipe en medio de ellas. Yo, el Señor, he hablado”, Ezequiel 34:23-24). Que tú eres el Mesías prometido del Señor, el Salvador. Que cuando recibes pecadores y se arrepienten, ellos son parte del rebaño de Dios –¡porque entran en comunión contigo!–. Que Dios los está buscando en ti y se regocija por ellos cuando van a ti, que es lo mismo que ir a él. Sabemos lo que afirmas. Y pensamos que es blasfemia (en un marco judío), o absurdo y arrogante (en un marco moderno y pluralista).

Es algo que posiblemente observó Jesús en algunos rostros, y probablemente eso hizo que se le llenaran los ojos de lágrimas al comenzar su siguiente historia –más extensa, incluso más sentida, y con una palabra, al final, para los hermanos mayores que tienen los fuertes signos de admiración diciendo NO en sus rostros.

Algo glorioso

Pero él observó otro tipo de rostro en la habitación. Acababa de ser criticado: Este hombre recibe pecadores y come con ellos. Y él respondió: cuando hago esto, es como un pastor que busca y encuentra una oveja perdida, o como una mujer que busca y encuentra una moneda perdida. Y le escucharon decir que la alegre celebración del pastor y de la mujer es un retrato de la alegre celebración del cielo por uno de estos pecadores arrepentidos que están comiendo con él.

Y en algunos de sus rostros Jesús ve ahora nacer la luz de la adoración. Te escuchamos. Eres el amor de Dios que busca y encuentra lo que es de Dios. Eres el corazón de Dios. Eres el brazo de Dios que se extiende. Eres el cayado del Pastor en el desierto. Eres los hombros de Dios en los que la oveja es llevada a su hogar. Eres la lámpara de la mujer en su casa. Eres la escoba con sus cerdas barriendo la suciedad del piso de nuestro mundo Barnes and Noble. Y esta comida, en la que recibes a pecadores y comes con nosotros, esta es la fiesta, ¿verdad? O por lo menos el comienzo de la fiesta. Y al recibirnos tú, nos recibe Dios. Y en tu alegría vemos cómo es Dios. Él está feliz de que hayamos venido a casa. Nosotros lo hemos visto, hemos visto al Padre.

Dos tipos de rostro en un mundo pluralista donde Jesús dice –con parábolas y con acciones– “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14:6). ¿Cuál es tu rostro?

Tres reflexiones

Permítanme terminar con tres breves reflexiones.

Arrepentimiento

  • Def.: Abandonar el pecado para recibir a Cristo como la manifestación de Dios que todo lo satisface. Es necesario, pero es la iniciativa fuerte de Dios en Jesús la que lo produce.

Versículo 7, "Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente. . . ". El arrepentimiento está en la parábola. Pero lo que vemos en la mesa es a Jesús recibiendo a los pecadores y comiendo con ellos. Jesús es el corazón buscador de Dios que sale tras los pecadores y consigue su arrepentimiento. Debemos arrepentirnos, pero no estamos solos en esto. Él ha tomado iniciativas audaces para llegar a nosotros y cambiarnos. Este mensaje de hoy y tu presencia en este lugar es una de ellas, no es una casualidad. Dios está aquí en esta palabra y está hablando, y su palabra es esta: vengan a la mesa, arrepiéntanse. Abran sus ojos y observen el banquete de estar con Jesús, vale la pena el costo de seguirlo (Lucas 14:16–24, 25–33).

Dios

  • A pesar de su majestuosidad, de su santidad, y de su grandeza y poder universal, es asombroso ver que se preocupa por cada ser humano de manera individual.

Había una oveja –entre cien– y una moneda –entre diez–. Dios tiene un universo del cual encargarse, galaxias que conservar, partículas atómicas que manejar, y gobiernos que gobernar en su providencia. Pero la Biblia no dice que todo el cielo se regocija por las órbitas de los planetas o por la ascensión de reyes o por una conferencia mundial para mujeres en China. Es cierto que Dios disfruta todo lo que hace. Pero Jesús se refiere claramente a algo especial en estas parábolas. Cuando un pecador se arrepiente, hay un gozo especial en el cielo. Dios se encarga de las personas una por una.

Los noventa y nueve

  • Por último, reflexionemos sobre la adoración de los noventa y nueve que ya están en el redil. Jesús dice que hay más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por estos noventa y nueve. ¿Esto significa que Dios no se alegra con nuestra adoración?, ¿que el evangelismo personal es un objetivo más primordial que la adoración?

No. Juan 4:23 dice que el significado del evangelismo es que Dios busca adoradores. La oveja perdida está perdida porque adora algo más que a Dios. La razón por la que Dios se regocija tanto por la recuperación de los perdidos no es porque Dios no sienta alegría inmensa por la adoración, sino porque se alegra más por la adoración de toda la familia. Si nosotros nos conformamos con nuestra limitada experiencia de adoración, sin desear incluir la oveja perdida que no tiene esta alegría, entonces el Dios de nuestra adoración no es el Dios de Lucas 15.

Por lo tanto, para adorar al único Dios verdadero por quien realmente es, estamos siendo llamados como iglesia –en un mundo de diversidad y pluralismo, como el mundo de Barnes and Noble)– a dejar a los noventa y nueve, recibir a los pecadores, y comer con ellos.