La muerte no es más que una puerta


Transcripción de audio

El lunes recibí un mensaje de texto que dice que uno de los miembros más antiguos de la iglesia (bastante más joven que yo) está en el hospital con cáncer en etapa IV y es probable que no le quede mucho tiempo de vida. Entonces llamé a Jason Meyer y le dije: “¿Puedo ir de visita?” Así funciona nuestro pacto aquí. Él nunca dice que no, y me dijo que fuera. Fui al hospital y aparqué donde siempre lo había hecho durante 38 años. Conozco los sitios de aparcamiento secretos.

Fui a oncología y cuando las enfermeras salieron de su habitación yo entré. Ella me sonrió, y yo me senté. ¿Sabes qué hicimos durante quince minutos? Nos gozamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Hablamos con absoluta franqueza. Ella va a morir. Yo voy a morir. Tú estás enferma. Yo podría estar enfermo. Aquí no nos andamos con rodeos. Preparémonos. Hablemos al respecto. Disfrutémoslo. Gocémonos en ello. Y la miré directamente a los ojos y le dije: “Porque no nos ha destinado Dios para ira, sino para obtener salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros para que ya sea que estemos despiertos o dormidos, vivamos juntamente con Él,” que es la gloria de Dios (1 Tesalonicenses 5:9–10, LBLA).

Te estés preparando para el ministerio pastoral o no, algún día tendrás que pasar por esto. No huyas de eso. Hazlo. Nada es más dulce, precioso, profundo y asombroso, que estar junto a una persona que, en cuestión de semanas, estará en la presencia de Jesús y se regocijarán juntos en la esperanza de la gloria de Dios.

No estás llamado a tener gozo temporal. Estás llamado a tener gozo perpetuo: “como entristecidos, mas siempre gozosos” (2 Corintios 6:10). Y yo sostengo que la clave para esto es la esperanza. La clave para un gozo constante durante el cáncer y durante la inundación de su casa en Carolina del Norte, y también durante toda forma de sufrimiento es la esperanza en la gloria de Dios.

“Bienaventurados seréis cuando os insulten y os persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande" (Mateo 5:11–12). Esa es la única manera. Tenemos que tener una mentalidad celestial. Tenemos que amar la gloria de Dios que nos llegará en cuestión de semanas o años más de lo que amamos cualquier otra cosa en este mundo, más de lo que amamos sacar buenas notas en los exámenes, o casarnos o estar sanos.

La esperanza en la gloria de Dios es la clave para amar y sentir compasión por las personas. Aun cuando esto pueda costarte la vida. Hebreos 10:34: “Porque tuvisteis compasión de los prisioneros" ¿De dónde vino esto? “Porque tuvisteis compasión de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión" No te limitaste simplemente a soportar que te robaran tus pertenencias.

Sino que aceptaste con alegría que te robaran tus pertenencias porque te identificas con esos cristianos de pacotilla que estaban en la cárcel. ¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo puedes estar alegre mientras te están incendiando la casa? “Sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión". Infinitamente mejor. Infinitamente perdurable. La gloria de Dios que todo lo satisface.


Read, watch, or listen to the full message: