La Cena del Salvador y la Segunda Venida


Pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, [Cristo] se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo. Y así como está decretado que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio, así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan. (Hebreos 9:26-28, LBLA).

El Hijo de Dios entró en la historia humana una vez, principalmente con el propósito de morir por nuestros pecados para que nosotros, que confiamos en Él, podamos tener una vida nueva y eterna. Y va a volver por segunda vez a la historia humana, no para expiar nuestros pecados, sino para completar y perfeccionar nuestra liberación de todo pecado y dolor. Lo que quiero hacer brevemente esta mañana es describir algo de la importancia de esa segunda venida y su relación con la cena del Señor que celebraremos en unos minutos.

Cuando Jesús vino por primera vez, no fue su propósito dividir y condenar, sino salvar y reconciliar (Juan 3:17; Efesios 2: 14-18). Pero, la división fue inevitable. Por eso dijo: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa” (Mateo 10:34-36). Esta división que sucede en esta época, donde sea que se predique a Jesús, es una imagen y una advertencia de la división final, la cual sucederá en la segunda venida de Jesús.

Pecadores incrédulos en la segunda venida

El texto de la mañana, 2 Tesalonicenses 1:3-10, nos da una de las más completas descripciones de ese evento y lo que significará para los creyentes y los incrédulos. Pablo escribe esta segunda carta a los Tesalonicenses, a cristianos a quienes los incrédulos abusan de varias maneras. En el versículo 5, los reconforta con que esta aflicción no es una señal del enojo de Dios con ellos, sino de su amorosa justicia, porque así es como perfecciona su fe para hacerlos dignos del reino venidero. “Esta es una señal evidente del justo juicio de Dios, para que seáis considerados dignos del reino de Dios, por el cual en verdad estáis sufriendo” (1:5).

Luego, en los versículos 6 y siguientes, continúa para asegurarles que la situación se revertirá. Una alegre paz reemplazará la aflicción y la arrogante desobediencia será castigada, y esto sucederá en el advenimiento de Cristo.

Es justo delante de Dios retribuir con aflicción a los que os afligen, y daros alivio a vosotros que sois afligidos, y también a nosotros, cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando Él venga para ser glorificado en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído; porque nuestro testimonio ha sido creído por vosotros

Aquí podemos ver lo que significa el segundo advenimiento de Cristo para los creyentes y para los incrédulos. Tres observaciones de este texto resumen el destino de los no creyentes en la segunda venida. Primero, Cristo va a ser revelado del cielo con sus “poderosos ángeles” (lectura literal del v.7) en llama de fuego. La imagen aquí es la de un ejército arrollador – el Señor del universo que regresa de un largo viaje para arreglar cuentas con los arrendatarios de su tierra. No habrá escapatoria ni recurso, ni lugar para esconderse ni posibilidad de resistir. Como dice Malaquías (3:2f.): “¿Pero quién podrá soportar el día de su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando Él aparezca? Porque Él es como fuego de fundidor ”. Para el incrédulo no habrá defensa.

Segundo, los incrédulos “sufrirán castigo de eterna destrucción” (v.9). O como dice el versículo 6 “pagarán con aflicción”. Jesús ha advertido que será de esta manera. Dijo en Mateo 25:46 que aquellos que rechazan o abusan de los mensajeros del evangelio “irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna”. Las nociones románticas de misericordia interminable o tolerancia a aquellos que siguen oponiéndose al evangelio serán reducidas a cenizas en la segunda venida. El cordero de Dios, manso y humilde, vendrá como el rugiente león de Judá y desgarrará a sus enemigos. Y el Jesús que lloró sobre la incredulidad de Jerusalén y dio su vida por los pecadores vendrá por segunda vez y devastará a todos los que han despreciado la vida eterna en Él. Y su destrucción será para siempre.

Tercero, según el versículo 9, los incrédulos serán “excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder”. Por supuesto, esto no significa una gran amenaza para un incrédulo. Este ha dedicado su vida a alejarse del rostro de Cristo y de su poder. Imaginen dos hombres en un régimen totalitario, uno es soltero, el otro casado con tres hijos pequeños. La policía secreta los persigue para arrestarlos y lo envían de por vida a trabajos forzados y torturas. Cuando se llevan al hombre soltero, este llora ante la perspectiva de dolor y de la soledad que sobrevendrá. Luego irrumpen en la casa del hombre casado, cuando este está en la mesa riéndose con su familia. Le atan las manos y le dicen que nunca más va a volver a ver a su familia y lo sacan arrastrándolo. Y él también llora, pero el trabajo forzado y la tortura que se pueda imaginar son arrollados por la agonía de sentirse excluido de la presencia de su esposa y de sus hijos y de la gloria de sus caras felices. ¿Cómo lo soportará? Pablo escribe como un hombre que ama a Cristo muchísimo más que cualquiera de nosotros en esta sala ama a su propia esposa. Y esa es la manera en que nosotros debemos amarle (Lucas 14:26), para que la perspectiva de ser excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder sea un pensamiento insoportablemente terrible.

Entonces, resumiendo, para los incrédulos la segunda venida de Cristo significará una confrontación con un ejército del Cielo invencible e inevitable, condenación a la destrucción eterna y la definitiva exclusión de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.

Creyentes pecadores en la segunda venida

Pero, ¿qué significará para aquellos que siguen a Cristo en la obediencia de la fe? El texto se centra en dos cosas: alivio y asombro. En el versículo 7, Pablo le dice a los atormentados creyentes de Tesalónica: “Dios os dará alivio a vosotros que sois afligidos y también a nosotros, cuando el Señor Jesús sea revelado desde el Cielo con sus poderosos ángeles”. La palabra “alivio” aquí significa “liberación” o “reposo” de lo que sea que está haciendo que la vida sea difícil vivir. En 2 Corintios 7:5, por ejemplo, Pablo dijo: “Pues aun cuando llegamos a Macedonia nuestro cuerpo no tuvo ningún reposo, sino que nos vimos atribulados por todos lados – por fuera, conflictos; por dentro temores” (cf. 8:13; 2:13). Por un lado, Jesús dice: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Tenemos un anticipo del consuelo de Cristo cuando habita en nosotros a través del Espíritu Santo. Pero, por otro lado, mientras aún vivamos en este mundo habrá siempre una carrera que correr, una pelea que pelear, precisamente, contra la carne, la lucha por seguir teniendo esperanza en Cristo, en vez de en nuestros logros o posesiones. Pero, la segunda venida de Cristo significará el fin de todas nuestras luchas; todo lo físico y espiritual que amenaza con hacer la vida insoportable terminará, y tendremos alivio y liberación con el Señor para siempre.

La idea de alivio o liberación es negativa principalmente. Describe la ausencia de cansancio y de experiencias problemáticas. Pero el significado de la segunda venida de Cristo no debe ser considerado fundamentalmente como la ausencia de cosas malas. Pablo describe algo tremendamente positivo. En el capítulo 10, dice que Cristo va a venir “para ser glorificado en sus santos y ser admirado entre todos los que han creído”. Una de las experiencias más emocionantes de la vida es ver un prodigio o una maravilla tan grande y tan gloriosa que nos deje completamente asombrados, sin palabras ante la belleza. Así es como será cuando veamos venir a Jesús en su gloria.

“El reino de los cielos será semejante a diez vírgenes (dijo Jesús) que tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio. Y cinco de ellas eran insensatas, y cinco prudentes. Porque las insensatas, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, pero las prudentes tomaron aceite en frascos junto con sus lámparas. Al tardarse el novio, a todas les dio sueño y se durmieron. Pero a medianoche se oyó un clamor: ‘Aquí está el novio, salid a recibirlo’” (Mateo 25:1-6).

En consecuencia: “Los muertos en Cristo se levantarán primero (dijo Pablo). Entonces nosotros, los que estemos vivos que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire” (1 Tesalonicenses 4:16-17). Como cinco jóvenes y entusiasmadas vírgenes, llenas de maravilla y asombro ante la llegada del novio, saldremos a encontrarnos con Él haciendo piruetas delante de Él cuando vuelva a su reino, como David danzó ante el Arca de Dios, entrando en Jerusalén.

¿Se acuerdan del día que volvieron de Vietnam los prisioneros de guerra? ¿Recuerdan haber visto, en uno de los lados del barco, a la esposa que había esperado seis años cuando su esposo salió del otro lado y caminó a través de la cubierta? ¡Mira, llega el novio! ¡Sal a encontrarte con él! Y ella fue a su encuentro. Y todo el mundo vio ese abrazo.

Pablo dijo al final de su vida: “En el futuro, me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará aquel día; y no solo a mí, sino a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:8). Si amamos a Cristo como debemos, amaremos su venida. ¿Aman la perspectiva del advenimiento del Señor tanto como esa esposa amó la aparición de su esposo después de seis años como prisionero de guerra? Si no es así, oren para que Cristo se manifieste a ustedes en su Palabra, para que lo conozcan y lo amen con todo su corazón. No existe nada que estemos planeando en nuestro futuro que pueda compararse con el asombro, la maravilla y la alegría de ver a Nuestro Señor Jesús cara a cara.

Por lo tanto, en resumen, el segundo advenimiento de Cristo para nosotros pecadores, que confiamos en Él por su gracia, nos dará calma y alivio de todo cansancio y experiencia problemática y deprimente, pero aún más nos llenará de un asombro gozoso, fascinación y maravilla cuando lo veamos cara a cara en toda su gloria misericordiosa.

La muerte que selló la victoria

¿Qué tiene que ver todo esto con la Cena del Señor? Volvamos a nuestros prisioneros de guerra e imaginemos un grupo de doce encarcelados en un campo de Vietnam del Norte. Han estado allí seis años. De alguna manera, pudieron comunicarse con las tropas norteamericanas y se han enterado que, si pudieran escapar y estar en cierto lugar a medianoche, un helicóptero podría rescatarlos. Por lo tanto, lo planearon y pudieron confiscar un artefacto detonador, que explotaría 24 horas después de haberlo puesto en acción. Decidieron colocar el artefacto en la base de la valla circundante la noche anterior a la que ellos estuvieran listos para salir. Uno de los doce voluntarios iba a hacer el intento de plantar la carga – era el único que no tenía hijos. Esa noche, pudo saltar el espiral de alambre de púas, caer en la base de la valla y plantar la carga. Pero luego, sin lugar para correr, no pudo saltar el alambre. Entonces se arrastró a lo largo de la valla. Pero justo antes de que pudiera encontrar una abertura, lo descubrieron y lo mataron.

Los guardias vieron la barraca a la cual pertenecía y tiraron su cuerpo en la puerta, como una lección para los otros once prisioneros. Ellos lo tomaron y lo enterraron en una fosa poco profunda. Y luego, en la oscuridad de esa noche, celebraron un funeral en su memoria y pensaron sobre su muerte. Pero, en medio de esa pena que tenían se originó una profunda esperanza y expectativa. Porque esta no fue una muerte ordinaria, ya que a causa de esta muerte serían puestos en libertad y se reunirían con sus seres queridos.

Y de esa manera es con la Cena del Señor. Un funeral rememorando la muerte de Jesús, pero una muerte totalmente única – una muerte que complació tanto las demandas de Dios que se le concedió a Jesús resucitar de entre los muertos y volver como Rey absoluto. El sacrificio de Cristo puso en acción la carga de la explosión de su segunda venida. Qué la celebración de su muerte nos llene a todos de entusiasmo y amor por su aparición.