El Pastor, el Anfitrión y el Oficial de la Patrulla de Caminos

Salmos de verano

Mensaje del domingo por la noche


La semana pasada, obtuvimos algunas lecciones de la estructura del Salmo 23 - el hecho de que en el versículo 4, se pasa de hablar sobre Dios, llamándolo "Él", a hablarle a Dios, llamándole "Tú". Luego, vimos la frase "Nada me faltará" y pensamos sobre qué es lo que Dios no va a dejar que le falte a su gente: nada que sea bueno para ellos. Luego analizamos la frase "El restaura mi alma" y vimos juntos cómo Dios nos reanima mediante la Palabra de la promesa y las obras de la creación. Una de las cosas que resalté fue que el Salmo es muy personal: David, el individuo en hermandad con Dios. Entonces, traté de copiar esa forma y simplemente hablar de cosas que he aprendido y disfrutado del salmo. Quiero continuar con eso esta noche.

Yo tenía 22 años cuando vi una de las frases de este salmo por primera vez. Por supuesto, he leído el salmo y visto las frases cientos de veces. Pero, hay diferentes formas de ver. Cuando fui a ver a la señora Blomgren antes de su cirugía de ojos, le leí el Salmo 119:18: "Favorece a tu siervo para que viva y guarde tu palabra. Abre mis ojos para que vea las maravillas de tu ley". Uno de los más grandes privilegios de tener dos buenos ojos es que podemos leer la Palabra de Dios. Pero existen otros ojos que tienen que estar abiertos si la gloria de la Palabra de Dios brilla en nuestros corazón - es decir, los ojos de nuestro corazón. Bueno, no había visto con los ojos de mi corazón la pequeña frase "por amor a su nombre" del versículo 3: "me guía por senderos de justicia por amor de su nombre". La idea de que Dios me está conduciendo a hacer lo correcto por amor a su nombre fue tan extraña para mí hasta que tuve 22 años que leía esas palabras sin sentir lo que significaban.

Por los Senderos de la Justicia

Antes de que nos centremos en las palabras "por amor a su nombre", asegurémonos de que entendemos que es lo que Dios hace por amor a su nombre. "Me guía por senderos de justicia". Primero, no debemos pensar que es algo tan automático que no necesitamos rogar por ello. Fíjense en la plegaria de David en el Salmo 25:4,5: "Señor, muéstrame tus caminos y enséñame tus sendas. Guíame en tu verdad y enséñame, porque tu eres el Dios de mi salvación, en ti espero todo el día". En el Salmo 23, Dios responde a esta plegaria - Dios lo conduce por senderos de justicia.

Pero, ¿cómo hizo Dios esto? En mi experiencia, nunca he visto una manifestación visible de Dios ante mí en una bifurcación del camino. Ni he oído una voz perceptible diciéndome claramente qué decisiones tomar. Pero, creo que David contestaría a la pregunta ¿Cómo guía Dios? diciendo "Mucho me ha revelado en su Palabra sobre los caminos de la justicia" ¿No es esta la esencia del Salmo 119:105?: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino", y en el versículo 9 "¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando tu Palabra". Por lo tanto, una respuesta a la pregunta ´¿Cómo me guía Dios por los senderos de la justicia?´ es: Nos revela cuáles son esos caminos en su Palabra, para que la leamos y la obedezcamos.

Pero, esta respuesta es solo la mitad de lo que involucra el liderazgo de Dios: la Biblia sola no nos va a mantener en el camino correcto. Por dos razones, una es que no toda decisión que tomemos está cubierta en la Biblia por un mandato. Algunos caminos son claramente erróneos y otros son claramente correctos, pero hay muchos que no son claros. Cada semana, se presentan cientos de decisiones pequeñas y algunas grandes que son así. La otra razón por la que la Biblia sola no es adecuada es que, aunque nos ordene un camino específico, no es solo el movimiento a lo largo de ese camino lo que es importante, sino también el espíritu con el que nos movemos y las motivaciones que nos impulsan. Un camino de justicia es un camino correcto que se sigue con una actitud correcta. Pero, la Biblia sola no va a cambiar nuestra actitud.

Esta es la razón por la que David dice que Dios nos guía por senderos de justicia y por la que Pablo dice en Romanos 8:14: "Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios". No solo tenemos que tener la revelación exterior, es decir, de la Biblia, también tenemos que tener una transformación interior mediante el Espíritu Santo. La Palabra de Dios y el Espíritu de Dios juntos nos proveen el liderazgo que necesitamos. En Romanos 12:2, Pablo dijo: "No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto". Para caminar por los senderos de la justicia debemos renovarnos. De lo contrario podemos tratar de seguir la justicia, pero solo nos convertiremos en formalistas vacíos - personas que tratan de experimentar las acciones externas, pero que carecen de la alegría, el amor y la paz que energiza y guía a los santos. La Palabra y el Espíritu se unen para transformar la mente, y de esa manera, Dios nos guía por los senderos de la justicia. Gradualmente, Él forma nuestro pensamiento y moldea nuestras emociones, para que cuando no haya un mandato explícito en la Biblia para guiarnos, evaluemos todas las consideraciones con la sabiduría y el amor de Dios y seamos llevados al sendero de la justicia. Por eso, he aprendido a hacer como David: meditar sobre la Palabra de Dios, día y noche, y orar continuamente por la obra estimulante del Espíritu Santo en mi corazón y en mi mente.

Por Amor a Su Nombre

Ahora podemos plantearnos: ¿Por qué Dios hace todo esto? ¿Por qué revela su Palabra y envía a su Espíritu para que nos conduzca por los caminos de la justicia? La respuesta está en el versículo 3: "Por amor de su nombre". Hace unas semanas, estuve hablando con uno de mis antiguos alumnos, que era realmente bueno y quien ahora está en la escuela de graduados. Le dije que estaba predicando una serie de tres semanas sobre el hecho de que Dios hace todo por su propia gloria, que debemos ajustar nuestras vidas a ese objetivo y que para Dios, no es egoísta actuar de esa manera, sino afectuoso. Su respuesta fue: ¿Todavía está hablando sobre eso? Ese fue su tema cuando vino a Bethel hace seis años. Mi respuesta fue: "Bill, adonde mire en las Escrituras veo este tema. Realmente, es importante".

Pero, durante 22 años fui tan sordo a este ruidoso tema que discurre en la Biblia que ni siquiera nunca había oído la última frase del versículo 3, en el Salmo 23: "por amor de su nombre". Pero luego descubrí al más grande teólogo que nuestro país haya producido jamás: Jonathan Edwards: y leí Una Disertación Concerniente al Fin por el Cual Dios creó al Mundo. Este libro, junto con otros, abrieron mis ojos y mis oídos al temas más glorioso de las Escrituras, que unifica todas sus partes - que Dios es absolutamente soberano y obra en todas las cosas para desplegar su gloria para el gozo de su pueblo.

Por tanto, no me sorprende, como lo hizo en aquellos primeros días de descubrimiento, que justo aquí en el medio de un salmo, mundialmente famoso por la alegría, el consuelo y el estímulo que ha traído al hombre, el distintivo del Dios soberano sea: "por amor de su nombre".

¿Qué diferencia ha hecho esto en mi vida? ¿Qué diferencia debería hacer? Se me ocurrió que todos los caminos de la justicia son caminos de amor. "Todas vuestras cosas sean hechas con amor", dice Pablo. Amor significa buscar el bien de nuestro hermano o prójimo. Lo que encontré fue que es posible hablar de amor hacia los hombres de tal manera que no se involucre a Dios. Es posible empezar a justificar sus vidas solamente sobre la base de "cuánto" hacen por los hombres. Y gradualmente, la diferencia entre el cristiano y la ética humanística desaparece. No porque el humanista se transformó en alguien centrado en Dios, sino porque el cristiano se convirtió en alguien centrado en el hombre.

Lo que el Salmo 23:3 hizo por mí fue bloquearme inmensamente el camino en cuanto a mi tendencia hacia la centralización en el hombre, mi tendencia a pensar solamente en un nivel terrenal, donde mucho bien se puede hacer por las necesidades físicas del hombre pero donde Dios extrañamente parece irrelevante. Este bloqueo fue el recordatorio de que Dios me conduce por los caminos del amor y lo hace en honor a su nombre. Dios es el principio y el final de toda mi justicia. El camino de la justicia tiene su gracia como punto de partida (porque Él me conduce a eso) y tiene su gloria como destino (porque su guía es en honor a su nombre). Como dijo Pablo: "Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. a Él sea la gloria para siempre".

Por eso, para mí el camino de la moralidad sentimental, donde el hombre es la medida de todas las cosas, ha sido bloqueado de una vez por todas. El resultado es, primero, que vivo en un estado constante de conciencia de Dios. Segundo, el sentido de la realidad del poder de Dios en la vida diaria crece, creo, en directa proporción a mi convicción de que Él está obrando en todo en honor a su nombre. Tercero, hay una gran sensación de confianza, que proviene de la convicción de que el honor de Dios está en juego por la manera que conduce mi vida. Cuarto, mis plegarias por mi propia santificación son más fervientes y creo que más efectivas porque ahora tengo un argumento tremendo con el cual llegar a Dios: Hazme santo, oh Dios, por amor de tu nombre. "No me dejes caer en la tentación, líbrame del mal" ¡por amor de tu nombre! Esas son algunas de las cosas que me han formado, mientras reflexionaba sobre la imagen de Dios como pastor en el versículo 3.

El Anfitrión Generoso

Ahora, más brevemente, presten atención a Dios, el anfitrión, en el versículo 5. Dios, el anfitrión, despliega un banquete para su invitado, unge su cabeza con aceite de celebración (cf. Lucas 7:46) y mantiene su copa llena hasta el borde. La referencia a los enemigos puede significar que se los mantiene a distancia y no pueden interferir en la seguridad de los invitados, o puede significar que David ha tenido alguna victoria y los prisioneros deben ahora ser espectadores arrepentidos mientras David y sus hombres celebran.

Nuevamente, tenemos que ser cuidadosos de no separar este versículo del salmo y hacer de este la norma para todo en la vida. Probablemente, no es accidental que el salmo empiece en verdes pastos y termine en la casa de Dios, pero que en el medio esté el valle oscuro de la sombra de la muerte. El sentido del versículo 5 no es que la vida es una gran fiesta, sino que existen esos momentos festivos en la vida y que debemos recordarlos como presentes de Dios y señales de su intención final para con nosotros.

El Oficial de la Patrulla de Caminos

El versículo 6 es la conclusión a la que llega David después de lo que ha pasado, por decirlo de algún modo, desde los verdes pastos, atravesando el oscuro valle, a la sala de banquetes de Dios. Él concluye que existen todas las razones para creer que la bondad y la misericordia de Dios lo seguirán todos los días de su vida. Pero, la bella imagen se oscurece un poquito en el versículo 6 con la palabra "seguirán". "Seguirán" podría significar quedarse atrás y nunca alcanzarlo. Eso no sería muy reconfortante. "Ciertamente, el bien y la misericordia se quedarán atrás todos los días de mi vida". Pero la palabra hebrea es mucho más activa que "seguirán". Casi siempre significa perseguir, frecuentemente en el sentido de perseguir para hacer daño u oprimir.

David nos lo ha pintado, más o menos, de esta manera: imagínense que están manejando despreocupadamente por una autopista, cuando de repente ven una luz roja por el espejo de atrás parpadeando. Por alguna loca razón toman la decisión irracional de acelerar en vez de frenar. Salen rugiendo por la autopista a 160 kilómetros por hora y tratan de escapar de la patrulla de caminos. Todas las ocasiones en las que traspasaron el límite de velocidad parpadean ante sus ojos. Y a medida que el sentido de culpa aumenta, todas las faltas que cometieron en sus vidas empiezan a surgir desde la inconsciencia donde yacían para hacerlos sentir abatidos. Y, mientras tanto, recuerdan que si tienen una multa más, la licencia de manejo será anulada y no van a poder tener esas vacaciones en Miami con sus esposas, que les costó tanto ganar. Pero, sus vehículos no tienen la potencia del de la patrulla de caminos y finalmente los obliga a detenerse. Tiemblan allí sentados mientras él camina hacia la ventanilla y dice: "¿Siente un poco de culpa en su conciencia, no es cierto? Luego busca en su bolsillo, saca una billetera y dice: "En eses motel que recién acaba de dejar, me pidieron que lo alcanzara y le devolviera la billetera que dejó sobre el mostrador". Entonces, se sienten absolutamente ridículos y en el momento que estiran el brazo para tomarla, él dice: "Ah, y otra cosa más, hicieron un sorteo esta mañana de la lotería para la cual se registró en el hotel anoche y ganó un viaje a Miami para dos, si llama para aceptarlo hoy antes del mediodía".

Dios no es solo nuestro buen pastor, no es solo nuestro anfitrión generoso; es también el oficial de la patrulla de caminos que nos persigue con bondad y misericordia todos los días de nuestras vidas, y Él es rápido.

Estoy tentado de extender la analogía de esta manera para completar el resto del versículo: Justo, cuando están respirando tranquilos, el oficial dice: "Ahora está bajo arresto, tendrá que acompañarme". Entonces dejan su miserable y pequeño auto, suben a la parte trasera del patrullero y se van, pero él no dice adónde. Luego se dan cuenta que no van a la corte de justicia sino al campo. Cuando se dirige a una propiedad magnífica, a través de un enorme portón, y maneja debajo de unos robles de doscientos años de antigüedad hacia una hermosa y vieja mansión, ustedes preguntan: "¿En qué lugar del mundo estamos?" Él responde: "Este es mi hogar y me gustaría que vivieras conmigo. Ese es tu bungalow, allí abajo al lado del río entre los sauces. Es gratis. Voy a traer a tu esposa y a tu familia. Con suerte no tratarán de escapar también."

"Y en la casa del Señor moraré por largos días". El problema con esta historia es que se concentra demasiado en la casa y en el área. Pero, el gran amor de David es por Dios mismo , no por lo que Dios le puede dar. David consideraría la cumbre de la realización morar en la casa de Dios, aún si fuera una vecindad en la Avenida Chicago enfrente de la cafetería de Dolly: Lo que importa es estar con Dios. En el Salmo 27:4, él dice: "Una cosa he pedido al Señor y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y para meditar en su templo".

Por lo tanto, el salmo entero me conduce a Dios mismo como la realización de todos mis anhelos. Y me siento llevado como David, no tanto a amar los verdes pastos sino al buen pastor, no tanto amar el espléndido banquete sino al anfitrión generoso y no tanto a amar el viaje a Miami sino al oficial de la patrulla de caminos.