Por qué los cristianos se preocupan por toda injusticia


La siguiente es una transcripción ligeramente editada.

Los cristianos se preocupan por toda injusticia, especialmente la injusticia contra Dios.

Los cristianos se preocupan por toda injusticia. La palabra “toda” tiene la intención de compungir la conciencia de los cristianos que, debido a la autocomplacencia o al miedo, han entumecido la capacidad de sus corazones para preocuparse por la injusticia del mundo —todas las innumerables maneras en que personas de todo el mundo son tratadas por otros de peor de lo que merecen.

Digo esto por causa de la autocomplacencia, porque creo que la mayoría de la indiferencia a la injusticia entre los cristianos profesos no se debe a una parcialidad u oposión condenable, sino al estupor moral que viene sobre nosotros cuando estamos saciados con las comodidades de este mundo.

Y estoy diciendo que el entumecimiento de nuestras capacidades para preocuparnos por la injusticia se debe al temor del hombre, porque muchos de nosotros tememos que, si sentimos mucho interés o si expresamos nuestra preocupación por alguna manifestación de injusticia, alguien nos va a poner una etiqueta teológica o política que va a parecer engañosa y ofensiva. Y así, nos convenceremos de que la indiferencia ante la injusticia es un precio que vale la pena pagar para mantener nuestra reputación.

Pero, de hecho, los cristianos se preocupan por toda injusticia, porque toda justicia está enraizada en Dios.

  • “¡La Roca! Su obra es perfecta, porque todos sus caminos son justos”. (Deuteronomio 32:4, LBLA)
  • “La gloria del rey ama el juicio” (Salmo 99:4; véase también el Salmo 33:5)
  • “¡Grandes y maravillosas son tus obras, oh Señor Dios, Todopoderoso! ¡Justos y verdaderos son tus caminos, oh Rey de las naciones!” (Apocalipsis 15:3)
  • “Sí, oh Señor Dios Todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios” (Apocalipsis 16:7)
  • “No quebrará la caña cascada, ni apagará la mecha que humea, hasta que lleve a la victoria la justicia”. (Mateo 12:20)

Si no te preocupa toda injusticia, te estás esforzando contra Dios en tu corazón. Y Sus mandamientos fluyen de la justicia de nuestro Dios y Salvador:

  • “El te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?” (Miqueas 6:8)
  • “Y tú, vuelve a tu Dios, practica la misericordia y la justicia, y espera siempre en tu Dios” (Oseas 12:6)
  • “Corra el juicio como las aguas y la justicia como corriente inagotable”. (Amós 5:24)
  • “¡Ay de vosotros, fariseos!, porque pagáis el diezmo de la menta y la ruda y toda clase de hortaliza, y sin embargo pasáis por alto la justicia y el amor de Dios” (Lucas 11:42)

Si descuidamos la justicia, si no nos preocupamos por toda la injusticia en todas partes que la veamos, no estamos actuando como cristianos, porque los cristianos nos preocupamos por toda injusticia, especialmente —especialmente— por la injusticia contra Dios.

Y la palabra “especialmente” tiene la intención de señalar la incredulidad de entre los cristianos. Tiene la intención de señalar la incredulidad práctica de los cristianos para quienes las injusticias contra los seres humanos encienden más pasión en sus corazones y en sus bocas, que la tragedia global de la injusticia contra Dios. Su objetivo es de señalar la incredulidad práctica de los cristianos que están tan anestesiados por las comodidades y entretenimientos del mundo que no les importa la injusticia contra el hombre o contra Dios.

La injusticia es tratar a los demás peor de lo que merecen, y cuanto más respeto merecen y menos lo demos, mayor es la injusticia. Solo Dios merece el mayor respeto, alabanza, amor, temor, devoción, lealtad y obediencia de todos los seres en el universo. Sin embargo, cada uno de los seres humanos que están en este salón y en este planeta se ha quedado corto en cuanto a adoración y ha intercambiado la gloria de Dios por la de la creación. Por lo tanto, cada ser humano es culpable de una injusticia que es infinitamente peor que todas las injusticias contra el hombre totalizadas a lo largo de la historia.

Dios merece infinitamente una adoración, confianza y obediencia completas. Por lo tanto, al tratar a Dios como indigno de nuestra lealtad total, cada ser humano es culpable de una injusticia infinita contra Dios. Ese es nuestro mayor problema en todas partes.

Esta injusticia contra Dios llegó a un clímax en el momento en que Dios Mismo, con gran misericordia y sin comprometer Su justicia —en el mismo momento— vino en carne humana para salvarnos del justo castigo de nuestra injusticia contra Él. En ese momento, nuestra injusticia llegó a su punto más alto.

Como oveja fue llevado al matadero;
Y como cordero mudo delante del que Lo trasquila,
No abre su boca.
En Su humillación no se le hizo justicia. (Hechos 8:32-33)

Y cuando Dios abrazó la injusticia infinita contra Sí Mismo y compró un pueblo que Lo valoraría por encima de todas las cosas, Cristo crucificado se convirtió en la reivindicación de la justicia de Dios y el perdón de nuestros pecados. Él abrazó la injusticia contra Sí Mismo para crear un pueblo quebrantado y audaz llamado cristianos.


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