Por qué podemos regocijarnos en el sufrimiento


Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo; antes bien, en la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros. Que de ninguna manera sufra alguno de vosotros como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entrometido. Pero si alguno de ustedes sufre como cristiano, que no se avergüence, sino como tal glorifique a Dios. Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si comienza por nosotros primero, ¿Cuál será el fin de los que no obedecen el Evangelio de Dios? Y si el justo con dificultad se salva, ¿qué será del impío y del pecador?. Por consiguiente, los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo el bien.

Sufrimiento y el hedonismo cristiano

Podría parecerles extraño que 1 Pedro sea uno de mis libros bíblicos favoritos, ya que trata principalmente del sufrimiento y el cómo vivir en una cultura hostil, mientras que yo soy un genuino e inquebrantable partidario del hedonismo cristiano. Pero no es extraño para aquellos que han vivido lo suficiente para comprender lo que Paul Brand, el cirujano misionero en la India, escribió en su libro El dolor: El regalo que nadie desea.

Me he dado cuenta de que el dolor y el placer llegan a nosotros no como opuestos, sino como siameses, extrañamente unidos y entrelazados. Casi todos mis más marcados recuerdos de felicidad están en realidad asociados a algún elemento doloroso o de lucha. (El cristianismo hoy, 10 de Enero, 1994, p. 21)

No he encontrado nunca a nadie que dijera: "Las alegrías más profundas, especiales y satisfactorias de mi vida se presentaron en momentos de relajación y comfort terrenal". Nadie dice eso. No es verdad. Lo que sí es verdad es lo que Samuel Rutherford dijo cuando se encontraba en la bodega de las aflicciones: “El Gran Rey guarda su vino aquí”, no en el patio en donde el sol brilla. Lo que es verdad es lo que Charles Spurgeon dijo: “Aquellos que nadan en los mares de la aflicción encontrarán perlas exquisitas”.

Los hedonistas cristianos harán cualquier cosa por obtener el vino del Rey y las perlas exquisitas. Incluso bajar a la bodega del sufrimiento y nadar en el mar de la aflicción. Pueden ver así que no es extraño que amemos la epístola de 1 Pedro, un manual sobre la persecución y el martirio de los cristianos.

Historia de una familia misionera que buscaba la alegría

Cuando Bernie May fue director de "Wycliffe Bible Translators", visito a una joven familia que vivía en un país musulmán. Desde hacía tres años, ellos trabajaban con un grupo de 100.000 personas que no conocían a Cristo. Esta pareja tenía tres niños de menos de cinco años.

El más pequeño estaba cubierto de marcas de varicela, algunas de las cuales se veían infectadas. Bernie May pregunto si el niño si había tenido varicela. “No, son picaduras de hormigas", contestó la madre. “No podemos mantener a las hormigas alejadas de él. Con el tiempo, se volverá inmune a ellas”.

Bernie May escribió:

En un momento de honestidad, ella confesó que se sentía culpable porque estaba sufriendo estrés. ¡Estrés! Ella y su esposo habían llegado allí desde el centro de los Estados Unidos. Ahora vivían en un lugar en donde la temperatura era superior a los 37º C la mayor parte del año. Los niños se encuentran cubiertos de picaduras, una guerra se esta peleando cerca, quienes los ayudan corren peligro por ser sus amigos, los lugareños sufren hambre y enfermedades, ellos no pueden comunicarse con quienes los apoyan para hacerles saber lo que estan haciendo, y que estos puedan orar por su familia, debido a que se encuentran en un area "crítica". Y ella se siente culpable por sufrir estrés.

Le dije que tenía derecho a sentirse estresada. Yo llevaba allí tan solo tres días y ya me comenzaba a sentir desquiciado.

Y aún así, esta dedicada y joven pareja se ríen y bromean llenos del gozo del Señor. (Cartas de Bernie May, Enero 1990)

1 Pedro es una carta que trata principalmente acerca de cómo lograr ser como ellos. El texto de hoy, en realidad, nos ordena a ser como ellos y nos da al menos seis razones por las que deberíamos y podríamos serlo.

Sigan regocijándose: Seis razones para hacerlo

Podemos encontrar la orden en el verso 13: “En la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos". Sigan regocijándose: Cuando sean arrojados a los sótanos del sufrimiento, sigan regocijándose. Cuando se sumerjan en los mares de la aflicción, sigan regocijándose. De hecho, sigan regocijándose no a pesar de la aflicción, sino a causa de ella. No se trata del poder del pensamiento positivo. Se trata de una forma radical, anormal y sobrenatural de responder al sufrimiento. No está en nuestro poder. No lo hacemos por nuestro honor. Es la forma en la que los extranjeros y exiliados espirituales viven en la tierra para la gloria del gran Rey.

“Consideren una alegría cuando se encuentren en diversas pruebas”. Es un consuelo de tontos, excepto por una cosa: Dios. Pedro nos da seis razones por las cuales podemos “seguir regocijándonos” cuando el sufrimiento nos alcance. Todas ellas tienen relación a Dios.

1. No una sorpresa sino un plan

Sigan regocijándose porque el sufrimiento no es una sorpresa sino un plan.

Verso 12: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo".

No es extraño. No es absurdo. No es un sin sentido. Tiene un propósito. Es para probarlos. Observen el verso 19: “Los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomiendan sus almas al fiel Creador”. “De acuerdo a la voluntad de Dios”. El sufrimiento no es ajeno a la voluntad de Dios. Es parte de Su voluntad. Esto es cierto incluso cuando Satanás es la causa inmediata. Dios es el soberano de todas las cosas, incluso de nuestro sufrimiento, incluso de Satanás.

Pero ¿por qué? ¿Con qué propósito? Comparemos los versos 12 y 17. El verso 12 nos dice que “el fuego de la prueba viene a probarnos”. El verso dice: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si comienza por nosotros primero, ¿Cuál será el fin de los que no obedecen el Evangelio de Dios?”. Ambos nos dicen que el juicio de Dios abarca a toda la tierra. La Iglesia no se librará de él. Cuando el fuego del juicio quema a la Iglesia, se tratará de un fuego de prueba, que probará y purificará. Y cuando el mundo arda, deberá despertar o será destruido.

El verso 18 nos dice: “Y si el justo con dificultad se salva, ¿qué será del impío y del pecador?”. Aquellos que crean pasaran por el fuego de prueba del juicio de Dios. No porque nos odie, sino porque nos ama y quiere nuestra purificación. Dios odia al pecado de tal forma y nos ama de manera tal que no reparará en dolor para librarnos de lo que odia.

Entonces, la razón número uno es que el sufrimiento no es una sorpresa, sino parte de un plan. Es una prueba. Es un fuego purificador. Prueba y fortalece la fe real y consume la “fe de escenario”.

Alexander Solzhenitsyn siempre se vio impresionado por la paciencia y el largo sufrimieto de los creyentes rusos. Una noche en que se encontraba en una prisión en Siberia, Boris Kornfeld, un médico judío, le relató la historia de su conversión a Cristo. Esa misma noche, Kornfeld fue apaleado hasta morir. Solzhenitsyn dijo que las últimas palabras de Kornfel “se pegaron a mi como una herencia . . . Fue sólo cuando me encontré recostado en un podrido colchón de prisión cuando sentí los primeros movimientos de la bondad dentro de mi . . . Bendita seas prisión por haber sido mi vida".

Es por esto que tenemos la gran esperanza de que el sufrimiento de nuestros días traiga pureza y vida a muchos. El sufrimiento no es una sorpresa. Tiene un propósito.

2. Evidencias de la unión con Cristo

Sigan regocijándose porque su sufrimiento como cristianos es una evidencia de su unión con Cristo.

Verso 13ª: “En la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos". En otras palabras, su sufrimiento no es sólo suyo. Es también el de Cristo. Esto significa que están unidos a Cristo y esta es razón para regocijarse.

Joseph Tson, un pastor rumano que se opuso a la represión a los cristianos llevada adelante por Ceausescu, escribió:

Esta unión con Cristo es uno de los objetos más preciosos de la vida del cristiano. Significa que no soy un luchador solitario. Soy una extensión de Jesucristo. Cuando fui golpeado en Rumania, Él sufrió en mi cuerpo. No es mi sufrimiento. Yo solamente tuve el honor de compartir el sufrimiento de Él. (Sin fecha, “Teología del martirio”)

Sigan regocijándose porque su sufrimiento como cristianos no es sólo suyo, sino el de Cristo y esto nos da evidencias de nuestra unión con Él.

3. El camino para alcanzar mayor alegría en la gloria

Sigan regocijándose porque este gozo fortalecerá la seguridad de que cuando Cristo venga en la gloria, se regocijarán para siempre con Él.

Verso 13b: “[En la medida en que compartís los padecimientos de Cristo] regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con alegría”. Noten: Sigan regocijándose para que puedan regocijarse luego. Nuestra alegría actual a través del sufrimiento es el medio por el que lograremos una alegría mil veces mayor en la gloria.

Primero está el sufrimiento, Después está la gloria. 1 Pedro 1:11: “El Espíritu de Cristo predijo los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirán” (cf. 5:1). Pablo dijo: “Si sufrimos con Él, seremos glorificados con Él”. Primero, el sufrimiento y, después, la gloria para Jesús y para aquellos que están unidos a Él.

Si nos amargamos ante la vida y el dolor que nos otorga, no nos estamos preparando para regocijarnos ante la revelación de la gloria de Cristo. Sigan regocijándose en el sufrimiento, para que puedan así regocijarse con júbilo ante la revelación de Su gloria.

4. El Espíritu de gloria y de Dios reposa en ustedes

Sigan regocijándose en el sufrimiento porque así el Espíritu de gloria y de Dios descansará en ustedes.

El verso 14 nos dice: “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros”.

Esto significa que en la hora de la gran prueba habrá gran consuelo. Por el gran sufrimiento que hay en la tierra, hay un gran consuelo en el cielo. Podrían pensar que no será posible resistirlo. Pero si pertenecen a Cristo, será posible resistir porque el consuelo vendrá a ustedes y reposará en ustedes. Como dijo Rutherford: “el Gran Rey guarda su vino más fino en las bodegas de la aflicción”. Él no lo servirá con bocadillo en tardes soleadas. Lo guarda para casos extremos.

Si se pregunta “¿Qué es el Espíritu de gloria y de Dios que reposa en mi en el sufrimiento?”, la respuesta es sencilla: lo descubrirán cuando sea necesario. El Espíritu revelará la gloria y a Dios en cuanto sea necesario, y los ayudará en ese paso.

Busquen la santidad, busquen mostrar la verdad, busquen ser testigos, y no escapen del peligro. Tarde o temprano experimentaran el Espíritu de gloria y de Dios que descansa en ustedes en el sufrimiento.

5. Glorificar a Dios

Sigan regocijándose en el sufrimiento porque esto glorifica a Dios.

El verso 16 nos dice: “Si alguno de ustedes sufre como cristiano, que no se avergüence, sino como tal glorifique a Dios”.

Glorificar a Dios implica mostrar a través de sus acciones y actitudes que Dios es glorioso para ustedes. Que Él es valioso, precioso, deseable, satisfactorio. Y la mejor forma de mostrar que alguien satisface sus corazones es seguir regocijándose en Él aún cuando todas las demás cosas que sostienen su satisfacción estén desapareciendo. Cuando se regocijan en Dios en el medio del sufrimiento, esto muestra que es Dios, y no otra cosa, la fuente mayor de su alegría.

Ya mencioné a Paul Brand antes (el doctor misionero en la India). Él nos cuenta la historia de su madre, una misionera en la India que hizo algo que muestra una vida dedicada al sufrimiento para la gloria de Dios y no la propia. El doctor Brand escribió:

Para mi madre, el dolor era un compañero frecuente, así como lo era el sacrificio. Lo digo de manera amable y con amor, pero en sus últimos años, a mi madre le quedaba muy poca belleza física. Las duras condiciones combinadas con las incapacitantes caídas y sus batallas contra el tifus, la disentería y la malaria, hicieron de ella una anciana delgada y encorvada. Años de exposición al viento y al sol habían endurecido su cara hasta convertirla en cuero y poblarla de arrugas más profundas y extensas que las que nunca he visto en otras caras humanas . . . Mi madre sabía esto tanto como cualquier otra persona y en los últimos 20 años de su vida se había rehusado a tener un espejo en su casa. (El cristianismo hoy, Enero 10, 1994, p. 23)

Veinte años de ministerio sin un espejo. ¿Lo entienden? Ella era el espejo. Dios era la luz y la gloria.

6. La fidelidad de Dios de cuidar sus almas

Por último, sigan regocijándose porque el Creador es fiel a su promesa de cuidar sus almas.

El versículo 19 nos dice: “Por consiguiente, los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo el bien”.

Los grados del sufrimiento y las formas que toma la aflicción serán diferentes para cada uno de nosotros. Pero hay una cosa que todos tendremos en común hasta que Jesús vuelva: Todos moriremos. A todos nos llegará ese impresionante momento de ajuste de cuentas. Si cuentan con tiempo, verán sus vidas pasar ante ustedes y se preguntarán si la han vivido de buena manera. Temblarán ante la inmutable verdad: en sólo unos momentos se enfrentarán a Dios. Y el destino de sus almas será irrevocable.

¿Se regocijarán en ese momento? Lo harán si confían sus almas al fiel Creador. Él ha creado sus almas para su gloria. Él es fiel a esa gloria y a todos aquellos que amaron y vivieron por ella. Ahora es el momento de mostrar en dónde se encuentra su tesoro: en el cielo o en la tierra. Ahora es el momento de brillar con la gloria de Dios. Confíen en Él. Y sigan regocijándose.