Vendrán todos a adorar

Excepto aquellos de “afuera”

Una Meditación en Isaías 66:22-24

De vez en cuando, llegamos a pasajes en la Escritura que hablan del trabajo de salvación de Dios en términos tan increíbles que nos preguntamos cómo pueden coexistir con la realidad del castigo eterno. En otras palabras, parece que Dios promete una redención tan completa que ya no hay espacio para el infierno. Estos pasajes llevan a algunos al universalismo—la creencia de que todos serán salvos, ya sea en la muerte o después de un tiempo en el infierno. A otros  los lleva al aniquilacionismo—la creencia de que no todos son salvos, pero ninguno está en el infierno porque son destruídos si se rebelan contra Cristo.

He tratado de dar argumentos bíblicos extensos en contra de estas dos creencias en Let the Nations Be Glad (Baker, 2003, pp. 111-154). La observación bíblica sobre la intencional miseria eterna para aquellos que han censurado lo testificado en la naturaleza (Romanos 1:18-20) o que han rechazado el evangelio (2 Tesalonicenses 1:8-9) es inevitable.

Jesús da una de las palabras más importantes en Mateo 25:46, “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.” Y Juan, el apóstol del amor, nos da unas de las palabras más fuertes para la eternidad del infierno en Apocalipsis 14:11, “Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos [eis aiōnas aiōnōn], y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.”

Por lo tanto, es de gran ayuda encontrar un pasaje en la Escritura que clarifique para nosotros cómo una de las verdades más tristes puede existir junto con las declaraciones de la increíble redención de Dios. Considera un ejemplo: Isaías 66:22-24. Primero, vea cómo Isaías dice (en los versículos 22-23) que el día se acerca en el cual “todos vendrán a adorar” a Dios.

Porque como el cielo nuevo y la tierra nueva se mantendrán delante de mí, dice el Señor, así sus hijos y sus nombres se mantendrán. De luna nueva a luna nueva, y de Sabbat a Sabbat, todos vendrán a adorar delante de mí, declara el Señor.

Ésa es el tipo de declaración que nos hace preguntarnos cómo el castigo eterno de algunas personas puede suceder. ¿Si “todos” vendrán a adorar al Señor, quién queda que no le adore? ¡Debemos ser muy cuidadosos con puntos como este cuando leemos la Biblia! Debemos preguntar: ¿Tengo un sentido claro de lo que Isaías quería decir—¡y Dios quería decir—con el término “todos”? Suena como toda la vida humana pero, ¿lo es? El siguiente versículo (24) nos deja atónitos:

Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre.

Inmediatamente somos traídos de vuelta de nuestras ideas erróneas sobre “todos”. Creímos que significaba “todos los humanos que existen en el universo,” pero el Señor dice, No, “todos” verán a una parte de la raza humana que está en tormento porque “se rebelaron en contra mía.” Por lo tanto, “todos” no incluye a aquellos a quienes “todos” están viendo.

Menciono esto como un ejemplo de cómo la Biblia habla a veces sobre el trabajo de Dios en la redención. Dios está haciendo un trabajo global—de hecho, un trabajo universal—de redención que se extiende a todas las razas y a todas las personas y a todas las tribus y a todas las lenguas y a todas las clases y a todas las edades. Cuando Él haya terminado todo su trabajo de la salvación, será completo. Habrá una nueva humanidad con un segundo Adán como cabeza (1 Corintios 15:22, 45). Aquellos que se “rebelen” contra la obra redentora de Cristo, estarán fuera de “todos.”

Tal vez es por esto que Jesús aludió varias veces a Isaías 66:24 cuando nos advierte del infierno. Él dijo que todos los que rechazaron su mensaje fueron lanzados al infierno “donde el fuego no se apagará” y llevados a oscuridad completa.

Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga (Marcos 9:47-48).

Los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. (Mateo 8:12; 22:13; 25:30)

Solamente Jesús utiliza el término “las tinieblas de afuera”. ¿Es acaso la forma en la que Jesús dice: Cuando mi obra de redención sea completada, y el mundo nuevo sea establecido (paliggenesia, Mateo 19:28), la verdad de “todos” estará allí—la nueva humanidad que es completa en Cristo—y todos los que me rechazaron estarán “afuera”? No tendrán existencia dentro del nuevo mundo. Su existencia y su llanto y su crujir de dientes será otra dimensión de la realidad. Por lo tanto, ellos de ninguna manera disminuirán el sentido de llenura y plenitud de los cielos nuevos y de la tierra nueva donde todo es luz y gozo y paz.

Cuando terminé de leer y meditar estas cosas, oré “Oh Dios, permíteme sentir la magnitud de mi pecado. Permíteme sentirme indigno de tu gracia. Permíteme estremecerme frente a la verdad del infierno. Quítame todos los pensamientos que me exalten a mí mismo, todas las preocupaciones vanas, todas las inclinaciones de divertir a la gente desde tu púlpito sagrado. Abre mis ojos y mi corazón para ver y sentir tu asombrosa gracia salvadora, y la preciosidad infinita de Cristo y su obediencia dirigida por amor, aún hasta la muerte de cruz. Gracias Padre. Gracias. Hazme un instrumento de tu gran salvación, sin importar el costo. En el nombre de Jesús. Amen.”

Parado frente al precipicio, pero seguro,

Pastor John

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