Hermanos, lean biografía cristiana

Hebreos 11 es un mandato divino para leer biografía cristiana. Este capítulo tiene una implicación inconfundible que dice que si nosotros oímos hablar de la fe de nuestros antepasados, “nos despojaremos de cada peso y pecado” y “correremos con perseverancia la carrera que tenemos por adelante” (12:1). Si le preguntáramos al autor, “¿Cómo haremos para estimular y guiar a alguien hacia el amor y las buenas obras?” (10:24), su respuesta sería: “A través del estímulo de los vivos (10:25) y de los muertos” (cap. 11). La biografía cristiana representa el medio por el cual “la vida del cuerpo” se corta a través de las generaciones.

Esta asociación entre los vivos y los muertos es especialmente crucial para los pastores. Como líderes de la iglesia deberíamos tener visión de futuro. Deberíamos declarar proféticamente hacia dónde debe ir nuestra iglesia e inspirar a la gente con grandes posibilidades.

No es que Dios no pueda dar visión, guía e inspiración, sino que El también utiliza agentes humanos para estimular a Su gente. Por lo tanto, la pregunta para nosotros pastores es: ¿A través de qué agentes humanos Dios nos da visión, guía e inspiración? Para mí, una de las respuestas más importantes ha sido esta: a través de los grandes hombres y mujeres de fe, quienes, pese a estar muertos, siguen hablando hasta el día de hoy.

Bien elegida, la biografía cristiana combina todo tipo de cosas que los pastores necesitan pero que tienen tan poco tiempo para buscar. Buena biografía es la historia, y nos protege contra el esnobismo cronológico (como lo denomina C.S. Lewis). También es la teología – la más poderosa en su tipo – ya que fluye enormemente de las vidas de personas como nosotros. También es la aventura y el suspenso, algo por lo que sentimos un hambre natural. De igual manera son la psicología y la experiencia personal, que profundizan nuestro entendimiento de la naturaleza humana (en especial de nosotros mismos). Las buenas biografías de grandes cristianos contribuyen a una lectura notablemente eficiente.

Debido a que la biografía es su propio y mejor testigo, permítanme contarles un poco sobre mi propio encuentro con las biografías. Las biografías me han servido tanto como cualquier otra fuerza humana en mi vida para superar la inercia de la mediocridad. Sin ellas tiendo a olvidar el gozo que existe en el trabajo implacable y la aspiración. He dedicado más tiempo a la vida de Jonathan Edwards (buena biografía de O. Winslow) que a cualquier otra persona no bíblica. Antes de cumplir 20 años Edward escribió 70 resoluciones que han inspirado mi trabajo durante años. La número 6 decía: “Vivir con todas mis fuerzas, mientras vivo." La número 11: “Cuando piense en algún teorema de la divinidad para ser resuelto, inmediatamente hacer lo que yo pueda con fin de resolverlo, siempre y cuando las circunstancias no lo impiden.” Número 28: “Estudiar las Escrituras tan firmemente, constantemente y frecuentemente como pueda encontrar y percibir claramente que yo crezca en el conocimiento de la misma.”

Cuando me convertí en pastor de Belén comencé a tener una gran necesidad de biografías para cargar mis baterías pastorales y así obtener guía y estímulos. Como creo mucho en el pastor-teólogo, me acordé no solo de Edwards, sino por supuesto, de John Calvin (T.H.L. Parker tiene un pequeño Portarretratos y una biografía importante).

¡Cómo trabajaba Calvino! Después de 1549 su cargo especial en Génova consistía en predicar dos veces los domingos y una vez al día en semanas alternas. El domingo 25 de agosto de 1549 Calvino comenzó a predicar en Hechos y continuó semanalmente en esa agenda hasta marzo de 1554. En esta época, durante los días de la semana predicaba sobre ocho de los profetas menores, como así también sobre Daniel, Lamentaciones y Ezequiel. Pero lo que me asombra es que entre 1550 y 1559 Calvin fue el ministro de 270 casamientos. ¡Eso es uno cada dos semanas! También realizó bautismos (alrededor de uno al mes), visitó a los enfermos, continuó con extensas correspondencias y mantuvo enormes responsabilidades organizacionales.

Cuando miro a Calvino y a Edwards y veo todo lo que han hecho, me resulta difícil sentir autocompasión por las pocas cargas que tengo. Ellos me inspiran a huir del mediocre trabajo rutinario.

T.H.L. Parker (quien, por cierto, ha pasado la mayor parte de sus 40 años de ministerio en congregaciones rurales) publicó un breve estudio acerca de Karl Barth en 1970 el cual devoré a fondo a mediados de mi seminario. Esto produjo un tremendo impacto en mí debido a dos simples oraciones. Una fue: “Esa noche Barth comenzó [a escribir] un panfleto que concluyó al día siguiente, un domingo [¡13.000 palabras en un día!]," Yo respondí, “Si la neoortodoxia merece un trabajo tan fenomenal, ¡cuánto más la ortodoxia!”

La otra oración decía: “Barth se retiró de su cargo en Basilea en marzo de 1962, y de ese modo perdió el estímulo que genera la necesidad de brindar sermones.” Escribí en la solapa del libro, “¿Emergió la grandeza de cualquier cosa menos de la presión? Si la grandeza debe ser el servidor de todo, ¿nosotros no debemos estar bajo autoridad, bajo demanda, presionados?”

Recientemente mi trabajo pastoral ha sido estimulado en gran manera por Caminando con los Gigantes y Escuchando a los Gigantes, de Warren Wiersbe. La razón principal por la cual estas minibiografías han sido útiles consiste en ver la inmensa diversidad de estilos pastorales que Dios ha elegido para bendecir. Han existido pastores grandes y fructíferos cuyos métodos de predicar, hábitos de visitas y personalidades eran tan diferentes que todos nosotros podemos animarnos.

He aquí un ejemplo humorístico: Frente al austero Edwards, quien medía su consumo de alimentos para aumentar su atención en el estudio, puedes poner a Spurgeon, quien pesaba más de 300 libras y fumaba cigarrillos. Ambos hombres ganaron más conversos a Cristo que cualquiera de nosotros diez.

Spurgeon le dijo a un crítico metodista, “Si alguna vez llegase a fumar en exceso, prometo dejar por completo.”
“¿A qué llamarías fumar en exceso?”, preguntó el hombre.
“¿Por qué lo preguntas? ¡Fumando dos cigarros al mismo tiempo! Esa fue la respuesta.

George Muller ha sido durante años un marcador de pautas para mí en cuanto a la oración. Su Autobiografía representa un auténtico huerto de frutas constructoras de fe. En una sección él nos cuenta, luego de 40 años de pruebas, “cómo estar constantemente feliz en Dios.” El dijo: “Vi con más claridad que nunca que la primer y principal responsabilidad que debo atender todos los días era a la de tener mi alma feliz en el Señor.”

Durante diez años, explicó, él hizo esto al revés. “Antes, cuando desperté comencé a orar lo más pronto posible y, por lo general, pasaba todo el tiempo orando hasta el desayuno.” El resultado: “A menudo luego de haber sufrido mucho por divagar mis pensamientos durante los primeros diez minutos, o 15 minutos, o incluso media hora, solo después de eso comencé a orar en serio.”

Por lo tanto, Muller cambió su método y realizó un descubrimiento que lo mantuvo durante 40 años. "Comencé a meditar en el Nuevo Testamento, desde el principio, de madrugada...buscando en cada versículo con el fin de obtener alimento para mi propia alma. El resultado es que descubrí, casi invariablemente, que luego de unos pocos minutos mi alma ha sido conducida a la confesión o a la acción de gracias, o a la intercesión, o a la súplica; de modo que aunque no me entregue, como si fuera, a la oración, sino a la meditación; sin embargo, se torna casi inmediatamente más o menos a la oración."

Descubrí que el método de Muller es absolutamente crucial en mi propia vida: estar con el Señor antes de estar con cualquier otro y permitir que El hablar a mí primero.

Hubo otra cosa acerca de la vida de Muller que me impresionó. El oraba por provisiones para su orfanato con una confianza asombrosa. Pero cuando su esposa se enfermó con fiebre reumática, oraba de este modo: “Sí, Padre mío, el tiempo de mi querida esposa está en Tus manos. Tú harás lo mejor tanto para ella como para mí, ya sea en la vida o en la muerte. Si es posible, levanta a mi preciosa esposa nuevamente – Tú eres capaz de hacerlo, pese a que está muy enferma; pero cualquiera sea tu decisión, solo ayúdame a seguir perfectamente satisfecho con Tu santa voluntad.”

Su esposa murió, y Muller predicó en su sermón funerario desde el Salmo 119:68: “Tú eres bueno y haces el bien.”

Existe una gran diferencia entre esta visión de Dios y la que descubrí cuando leí la Autobiografía Espiritual de William Barclay. Barclay perdió a una hija en el mar, pero no respondió de igual manera que Muller ante este hecho: “Yo sé, SEÑOR, que tus juicios son justos, y que en tu fidelidad me has afligido.” (Salmo 119:75). En cambio Barclay dijo: “Creo que el dolor y el sufrimiento nunca son la voluntad de Dios para con Sus hijos” (¡a pesar de 1 Pedro 3:17!). El dice que es una blasfemia llamar a un accidente fatal un “acto de Dios.”

La Autobiografía de Barclay es más deprimente cuando pienso en la cantidad de pastores que se inspiran en él en cada sermón. El desdeña una visión de la expiación en la cual la muerte de Cristo propicia la ira de Dios, y dice: “Soy un universalista convencido.” No puedo evitar preguntarme si la debilidad teológica de muchos púlpitos es debida a la dependencia superficial en la débil teología que poseen comentadores como Barclay.

Yo prefiero ligar mi vida a la teología de Sarah Edwards. Cuando se enteró que su esposo Jonathan, de 54 años, había muerto por vacunarse contra la viruela, le escribió a su hija: “¿Qué le diré? Un Dios santo y bondadoso nos ha cubierto con una nube oscura. ¡Ojalá podamos someternos al castigo e infortunio sin murmurar y poner nuestras manos sobre nuestra boca! El Señor lo ha hecho. El me ha hecho adorar Su grandeza al tenerlo a él por tanto tiempo. Pero mi Dios vive; y El tiene mi corazón. ¡Qué legado nos han dejado mi esposo y tu padre! Todos estamos en las manos de Dios; allí estoy y amo estar ahí.”

Concluyo con una palabra de agradecimiento para una autobiografía viviente - Carl Lundquist, quien completa en este mes su presidencia de 28 años del Colegio Betel y el Seminario.

Me encontraba en medio de la Autobiografía de Augustus Strong cuando se me presentó la oportunidad de escribirle una carta de agradecimiento al Dr. Lundquist el pasado mes de mayo. Strong, que fue presidente del Seminario Rochester durante 40 años, me dio las palabras que necesitaba (lo que muestra el valor que tienen la biografía para las ilustraciones de sermón). El escribió: “Siempre he pensado que debe haber una vida futura para los caballos que tiraban de las barcas en los canales, las mujeres que lavan la ropa, y los presidentes de universidades; como ellos no obtienen sus desiertos en esta vida, debe haber entonces otra vida, para justificar los caminos de Dios.”

Teología viviente. Santos imperfectos y esperanzadores. Historias de gracia. Inspiración profunda. El mejor entretenimiento. Hermanos, sus preciosas horas valen la pena. Recuerden Hebreos 11, y lean biografía cristiana.

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