Seguridad completa para personas incompletas

Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados. (Hebreos 10:14)

Hay dos puntos en este pasaje que son poderosamente alentadores para nosotros en nuestra condición imperfecta de pecadores salvados. Primero, observen que Cristo ha perfeccionado a su pueblo, y esa obra ya se encuentra completa. “Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados.” Él ya lo ha hecho, y lo ha hecho para siempre. El perfeccionamiento de su pueblo está completo y es para siempre.

¿Eso significa que los cristianos no pecan? ¿Que no se enferman? ¿Que no se equivocan en matemática en la escuela? ¿Que ya son perfectos en nuestra conducta y actitudes?

En ese mismo versículo hay una frase que nos permite ver claramente que ese no es el caso. ¿Cuál es? La última frase. ¿Quiénes son las personas que han sido perfeccionadas para siempre? Aquellos que “son santificados” o, como dice la versión NVI, aquellos “a los que está santificando”. La acción continua que expresa el verbo griego en tiempo presente es importante. “Los que está santificando” aún no están santificados totalmente en el sentido de que no cometan más pecado. De lo contrario, no precisarían seguir siendo santificados.

¿En qué sentido somos perfectos?

Así que aquí tenemos una combinación impactante: aquellos a quienes “Él ha hecho perfectos” son los mismos “a los que está santificando”. También podemos regresar a los capítulos 5 y 6 del mismo libro para recordar que estos cristianos son cualquier cosa menos perfectos. Por ejemplo, Hebreos 5:11 dice: “os habéis hecho tardos para oír”. Así que podemos afirmar con certeza que “ha hecho perfectos” en Hebreos 10:14 no quiere decir que somos perfectos y sin pecado en esta vida.

Pues bien, ¿qué significa? La respuesta se da en los versículos que le siguen (Hebreos 10:15-18). El escritor explica lo que quiere decir citando las palabras de Jeremías sobre el nuevo pacto, a saber, que en el nuevo pacto que Cristo ha sellado con su sangre hay perdón total para todos nuestros pecados. Los versículos 17-18 dicen: “Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Pues donde hay remisión de estos, no hay más ofrenda por el pecado”. De esta manera, el autor explica la presente perfección en términos (al menos) de perdón.

El pueblo de Cristo ha sido “hecho perfecto” ahora en el sentido de que Dios quita todos nuestros pecados (Hebreos 9:26), los perdona y nunca más los trae a memoria como motivo de condenación. En este sentido, ante Él nos vemos perfectos. Cuando nos mira, no nos imputa ninguno de nuestros pecados: ni pasados, ni presentes ni futuros. Él no cuenta nuestros pecados en nuestra contra.

Hallar seguridad en la perfección

Veamos ahora, en segundo lugar, por quiénes Cristo ha hecho esta obra de perfeccionamiento en la cruz. Hebreos 10:14 nos dice claramente: “Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados”. Puede reformularse adrede de esta forma: Cristo ha perfeccionado de una vez y para siempre a todos aquellos que están siendo perfeccionados. O se podría decir: Cristo ha santificado por completo a los que ahora están siendo santificados. De hecho, eso es lo que el escritor hace en el versículo 10: “Por esa voluntad hemos sido santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo ofrecida de una vez para siempre”. El versículo 10 dice que “hemos sido santificados”; el versículo 14, que estamos siendo santificados.

Lo que esto significa es que podemos tener la seguridad de que nos vemos perfectos a los ojos de nuestro Padre celestial, si nos estamos apartando de nuestra imperfección actual y caminamos hacia una santidad cada vez mayor por la fe en su gracia futura. Permítanme decirlo una vez más, porque es un pasaje de gran aliento para pecadores imperfectos como nosotros; está lleno de motivación para ir en pos de la santidad. Hebreos 10:14 quiere decir que podemos tener la seguridad de que nos vemos perfectos y completos a los ojos del Padre celestial, no porque seamos perfectos ahora, sino precisamente porque no somos perfectos ahora pero estamos siendo santificados: estamos siendo hechos santos.

Podemos tener la seguridad de que Dios nos ve perfectos cuando por la fe en las promesas de Dios nos alejamos de nuestras persistentes imperfecciones y caminamos hacia una santidad mayor, cada vez más y más. Nuestra imperfección restante no es una descalificación o un impedimento, sino la marca de todos los que Dios “ha hecho perfectos para siempre”, si es que estamos en el proceso de ser transformados (2 Corintios 3:18).

Así que no te desanimes. Pon tus ojos en la obra de Cristo, que perfecciona de una vez y para siempre. Y enfrenta todo pecado del que tengas conocimiento.