Cuatro oraciones diarias por nuestros hijos

Nuestros hijos nunca parecen quedarse sin palabras. Aun con un vocabulario pequeño, es sorprendente lo bien que pueden llenar el silencio con miles de sílabas cortas. Los padres somos una historia diferente. En hogares llenos de preguntas y necesidades, puede ser difícil para nuestros cerebros cansados incluso construir frases quebradas. A veces me encuentro a mí mismo balbuceando cuando trato de hablar con mis hijos, como si necesitara que me reseteasen.

Especialmente con niños pequeños, las oraciones pueden ser difíciles de entrelazar. Tenemos miles de pedidos para nuestros hijos; que sean salvos, que aprendan obediencia, que finalmente aprendan a comer brócoli, que dejen de pegar a otros niños en la clase, y así sucesivamente. ¿Por dónde comenzamos?

Creo que una de las maneras en que el Espíritu intercede graciosamente por nosotros como padres, es dándonos oraciones para orar desde las Escrituras (Romanos 8:26).

Recientemente, mientras estaba teniendo dificultades para expresar los deseos de mi corazón por mis hijos, una breve frase del evangelio de Lucas continuaba saliendo de mi boca: “Que como Tú, Jesús, mis hijos crezcan 'en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres'”. (Lucas 2:52). Consideremos juntos este versículo inspirado por el Espíritu, un perfecto resumen de cuatro partes de nuestra oración por los hijos, para que sean como Cristo en todos los aspectos. Examinemos cada uno de ellos en orden.

1. Que crezcan en sabiduría

Nuestros hijos son pequeñas esponjas. Mi hijo sabe el nombre de cada dinosaurio que caminó por la faz de la tierra. Sin embargo, nuestra oración por ellos no es solo que crezcan en conocimiento sino en sabiduría. Sabiduría es tanto una disposición hacia Dios como una manera de vivir. En Proverbios Salomón explica: “Reconócele en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas. No seas sabio a tus propios ojos; teme al Señor y apártate del mal” (Proverbios 3:6-7, LBLA).

La sabiduría comienza con el temor de Dios. Nuestro deseo es que nuestros hijos se den cuenta que viven sus vidas bajo la mirada vigilante del justo y santo Creador del universo. A medida que oramos para que crezcan en sabiduría, estamos pidiendo que el Señor cambie la disposición de sus corazones, para que ellos no vivan más creyendo que lo saben todo, sino que confíen en los mandamientos del Señor para llevarles por el camino correcto.

2. Que crezcan en estatura

Todos tenemos preocupaciones. ¿Mi hijo será corto de estatura? ¿Mi hijo come suficiente? ¿Destacará mi hijo en el equipo de futbol? No sabemos mucho acerca de la niñez de Jesús, pero es interesante que en la breve descripción del evangelio de Lucas, se mencione específicamente el crecimiento en estatura como parte del plan de Dios para niños y niñas.

Muchos padres distorsionan este deseo y subconscientemente desean que sus hijos sean exitosos en los deportes, que sobrepasen a sus compañeros en habilidad física. Entreno un equipo de fútbol de niños de cinco años. No creerían la cantidad de presión que algunos padres ponen en sus hijos desde la platea para que rindan desde pequeños.

El punto no es orar para que nuestros hijos sean los más rápidos, fuertes, y altos. Sino que la idea es que maduren. Los padres cristianos oran por sus hijos para que aumenten su capacidad de utilizar el cuerpo para la gloria de Dios. Esa es la verdadera estatura del cristiano, que los hijos crezcan en la plenitud de lo que significa ser hechos a la imagen y semejanza de Dios en cuerpo y alma. El Señor está desarrollando a cada uno de nuestros hijos de una manera especial, algunos altos, otros bajos, algunos lentos, otros rápidos, algunos caminando, otros en silla de ruedas. Quiera Dios que crezcan en entendimiento de cómo sus cuerpos son únicos, y concedidos para darle gloria a Él.

3. Que crezcan en gracia para con Dios

El Señor nos dice: “Tendre misericordia del que yo tenga misericordia, y tendre compasión del que yo tenga compasión”. (Romanos 9:15, LBLA). Sin embargo, el Evangelio establece un claro patrón de gracia derramada en respuesta a los ruegos desesperados de los padres. A medida que imploramos el favor de Dios sobre nuestros hijos, nos identificamos con padres como Jairo: “Mi hijita está al borde de la muerte; te ruego que vengas y pongas las manos sobre ella para que sane y viva”. (Marcos 5:23).

Nada me agrada más que ver evidencias de la gracia de Dios en la vida de mis hijos. ¿Has comenzado a escuchar a tus hijos expresar su deseo por tener un nuevo corazón? ¿Has oído elementos del Evangelio en su forma de hablar? ¿Te has visto sorprendido por momentos de convicción y claridad que suceden incluso en niños pequeños? Ruega mucho más al Señor.

Es una oración relacional, que nuestros hijos lleguen a conocer a Dios como nuestro Padre celestial de gracia. Como padres y madres, nos abandonamos completamente a su misericordia, orando que su favor hacia la vida de nuestros hijos aumente. El Padre ha demostrado repetidamente en las Escrituras, a través de su Hijo Jesús, que Él se complace en contestar estas oraciones.

4. Que crezcan en gracia para con los hombres

Esta también es una oración respecto a las relaciones. Si el Señor quiere, nuestra esperanza es que, así como nuestros hijos crecen en su relación vertical con su Padre celestial, ellos crezcan en sus relaciones horizontales con los demás. Esta cuarta petición redondea lo que esencialmente es una oración porque nuestros hijos “sean hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29). A medida que Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios, trajo fruto en amor por sus hermanos y hermanas.

Ciertamente, esto significa orar para que nuestros hijos aprendan a dar sus vidas por los hermanos y hermanas de sus iglesias. El favor de las personas significa impartir y recibir gracia en el cuerpo de Cristo. El deseo de nuestro corazón es ver a nuestros hijos floreciendo en su expresión del amor sacrificial de Cristo como miembros de su iglesia local.

El ejemplo de Cristo también muestra como la gracia para con los hombres significa ser buen prójimo. Oramos para que nuestros hijos puedan ser aquellos que se levantan por los oprimidos y claman justicia a favor de los necesitados. Deseamos que, a medida que van caminando en sabiduría, puedan tomar decisiones que beneficien a otros en la comunidad, considerando esas necesidades más importantes que las propias. (Romanos 15:1; Filipenses 2:4). Tanto en el parque como en el barrio o en la escuela, queremos ver a nuestros hijos cuidando de las necesidades de los demás, como Jesús.

Quiera Dios que nuestros hijos crezcan “en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”. El Espíritu Santo ha demostrado tener suficiente gracia al poner estas palabras en la Biblia. Dios nos dice que Jesús creció y maduró como niño para mostrarnos cómo orar por nuestros hijos. A medida que les hablamos con nuestra boca, quiera Dios también formar nuestro corazón para desear lo que Él quiere para ellos.