Mmm, creo que a ti te daré ojos

Eres millonario. Sí, millonario. No es millonario quien tiene un millón de dólares en efectivo, sino quien tiene algo que vale millones de dólares. Lo que tienes vale más de un millón de dólares si tú no lo venderías por un millón de dólares. ¿Quién de vosotros vendería sus ojos por un millón de dólares? Si no lo harías, eres millonario. Tienes posesiones que valen mucho más que un millón de dólares.

¿Por qué las personas desean enriquecerse cuando ya tienen cosas que valen millones de dólares? La respuesta es que no meditan en el valor de lo que tienen. Si repentinamente te quedaras ciego y estuvieras ciego durante un año, y luego recuperaras la vista, ¿cómo te sentirías la primera mañana en que despiertes a la luz del amanecer? Te sentirías diez veces más feliz que si alguien te hubiera dado un cheque por un millón de dólares. Sentirías el tesoro del millón que llevas a todos lados todos los días.

Mirarías al techo pintado y notarías pequeñas partes brillantes y cómo la luz pasa de una a otra. Darías un vistazo a la abertura de una puerta y tocarías los ángulos rectos de las esquinas con tu mente. Mirarías por la ventana a las ramas del álamo que se puebla con el calor de la primavera pero que aún sigue despojado como si estuviera marchito. Verías una blanca nube, pero sería mucho más que eso: un elefante, un malvavisco, una manta arrugada, Rip van Winkle, la Montaña de Pan de Azúcar, la cabeza de un caballo, una barracuda, el perfil de Martin Lutero… ¡todo en una nube! Y, posteriormente, verías su rostro que todavía duerme sobre la almohada; verías cada curva, cada peca, cada línea, cada vello de sus cejas, cada movimiento de su respiración silenciosa.

¡Y te sentirías multimillonario! Te dirías a ti mismo: ¿por qué existe más belleza y más felicidad en tener los ojos abiertos durante cinco minutos que en tener todo el dinero de Fort Knox para comprar mi ceguera?

Ah, ¡qué Dios nos despierte! Medita sobre el valor de lo que tienes. ¿No deseas vivir una vida apreciando lo que posees con la misma emoción con la que lo harías si te fuese arrebatado en una tragedia y milagrosamente se te devolviese? Pues bien, te fue concedido de manera milagrosa. Tus ojos son un don que Dios decidió que le gustaría que tuvieras. Podría haber sido totalmente lo contrario. Porque Dios es libre. Es como si estuvieras parado en la fila para recibir un don especial y Él dijera: “Mmm, creo que a ti te daré ojos. Aquí están. ¿Te gustan?”

Un gusto verte,

El Pastor John

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