La Verdadera Culpa es Poco Frecuente

Mi padre siempre me ha dicho que en su obra como evangelista el gran problema no es conseguir que la gente sea salva, sino conseguir que sea perdida. Las personas que de verdad se sienten perdidas alargan su mano hacia el evangelio. Pero hoy día hay quien dicen justo lo opuesto. Dicen que la culpa es una enfermedad tan extendida en nuestra sociedad que ningún predicador necesita decirle a la gente que son pecadores. Dicen que intentar que la gente se sienta culpable es como llevar leña al monte, que todo el mundo está tan oprimido por la culpa que lo que los predicadores necesitan predicar son las buenas nuevas de liberación. ¿Quién tiene razón? ¿Mi padre, que dice que es difícil hacer que la gente vea su verdadera culpa delante de Dios? ¿O los predicadores de la psicología popular que dicen que la gente está ya tan conducida por la culpa que sólo hay que ser positivo todo el tiempo?

Mi padre está en lo correcto porque su perspectiva de la culpa es mucho más profunda que la de otros. Hay un mundo de diferencia entre la tristeza por una mala auto-imagen debida a la masturbación y el profundo y terrible remordimiento de haber despreciado a Dios a través de la incredulidad. El motivo por el que el mensaje de la psicología secular (y el de los Cristianos que lo imitan) es tan superficial es porque su tratamiento de la culpa es muy superficial. Si crees que la culpa que nos prepara para recibir el evangelio es simplemente sentirse mal por una mala auto-imagen o la autoestima hundida, entonces el evangelio que predicas será ese que está centrado en el hombre, la papilla que alimenta al ego que ha castrado los púlpitos de nuestro país y oscurecido la gloria de la misericordia de Dios.

La culpa que prepara a una persona para recibir el gran evangelio de la gloria de Cristo es tan poco frecuente como las conversiones que buscamos. ¡Casi nadie experimenta el aplastamiento de la verdadera culpa! Hemos fallado al ver que lo que normalmente pasa por culpa de hecho es más pecado, porque es el mal sentimiento que tenemos no por haber fallado a la hora de confiar en las promesas de Dios, sino por haber fallado a la hora de preservar nuestra imagen de persona fresca y auto-suficiente. La mayoría de lo que se considera culpa es una expresión del orgullo. Hacemos algo impulsivo que daña a alguien y sentimos remordimiento. Pero ¿procede nuestro remordimiento de una profunda tristeza espiritual por haber despreciado a Dios al no confiar en sus promesas y no esperar su sabiduría y ayuda? ¿O procede más a menudo del hecho de que no preservamos nuestra imagen agradable y auto-suficiente? ¡La verdadera culpa es muy poco frecuente!

Satanás es astuto. No sólo puede imitar la virtud verdadera con el legalismo: también puede imitar la verdadera culpa con la baja autoestima. Ha conseguido una victoria impresionante incitando a la iglesia a que batalle contra una culpa de imitación, lo cual ha transformado el evangelio en un mensaje que no tiene poder contra el enemigo real. La verdadera culpa es el aplastante sentimiento de temor y remordimiento al pensar en que hemos despreciado al Dios todopoderoso votando por la no confianza contra su palabra de promesa y su consejo. La verdadera culpa está centrada radicalmente en Dios. El sustituto de Satanás son los sentimientos de dolor por un ego herido. Oh sí, es doloroso, y por eso creemos que estamos predicando el evangelio cuando tratamos de aliviarlo. Pero se basa completamente en el orgullo. Los sentimientos de culpa causados por las acusaciones de Satanás no son remordimientos por el orgullo, sino remordimientos del orgullo. Sí, hay una epidemia de alcance nacional de esto. Pero este tipo de culpa no produce arrepentimiento (2 Corintios 7:10). No prepara el camino para el evangelio; endurece contra el evangelio.

La verdadera culpa es muy poco frecuente. Y es por eso que mi padre puede decir: el verdadero trabajo difícil del evangelismo no es conseguir que la gente sea salva, sino conseguir que sea perdida. ¿Qué hay de ti? ¿Batallas con la culpa real con un evangelio glorioso, o es tu culpa lo que produce el orgullo cuando no has sido bueno?

Por el evangelio

El Pastor John

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