El Orgullo de Tener Temor

El Señor ha empleado en mi vida algunos textos inusuales para ayudarme a empezar a vencer el temor al hombre. Uno de ellos es Isaías 51:12 donde Dios dice, "Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú que temes al hombre mortal, y al hijo del hombre que como hierba es tratado?" No te parece extraño cuando dice, "¿Quién eres tú para temer?" El significado es que Dios considera el temor al hombre como una manifestación de orgullo. Cuando decimos "¿Quién crees que eres irrumpiendo aquí de esa manera?," queremos decir, "Eres presuntuoso y arrogante irrumpiendo aquí." Así que cuando Dios dice, "¿Quién eres tú que temes al hombre mortal," quiere decir, "Eres presuntuoso y arrogante al tener temor al hombre."

Ahora bien, nunca había pensado en que tener temor a testificar, o tener temor a arriesgarme a algún tipo de vergüenza era un signo de orgullo. Lo percibía como una debilidad, y ¿hay alguien que se enorgullezca de las debilidades? Pero este texto me ha ayudado a ver mis temores con una nueva perspectiva.

El temor al hombre es en realidad una marca de orgullo. Es presuntuoso. Supone tomar una responsabilidad en favor de nuestra comodidad de la que Dios ha dicho que Él se quiere encargar. El temor se sube al trono y grita: "No hagas eso; te llenará la cara de huevo. Serás humillado." El temor toma el papel de protector, guía y consolador, pero esos son papeles que le corresponden a Dios. El Señor dice enfáticamente, "Yo, ¡yo soy vuestro consolador!" Así que cuando nos permitimos a nosotros mismos temer al disgusto de los hombres, actuamos con arrogancia. Estamos poniendo nuestra sabiduría por encima de la promesa de Dios.

Dios promete ser nuestro consolador y protector, pero negamos la credibilidad de la palabra de Dios y permitimos que el temor establezca los límites de nuestra obediencia. Cada vez que dejamos al temor dificultar una oportunidad de compartir el evangelio estamos considerando en nuestro orgullo que las emociones son un signo más fiable del futuro que las promesas de Dios. Por tanto tiene mucho sentido que Dios diga, "Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú que temes al hombre mortal?"

Esto me ha ayudado mucho. No es sólo un mandamiento: ¡No Temas! Sino que combina dos poderosos motivos: 1) enfatiza que a Dios le encanta ayudarnos en tiempos de temor ("yo soy vuestro consolador"), y 2) enfatiza que Dios se indigna y ofende mucho cuando no creemos esta promesa. Me gusta pensar que Dios es mi consuelo y ayuda constantemente, y odio pensar en ofender a Dios con el orgullo de la incredulidad. Por eso, Isaías 51:12 ha sido de gran ayuda para vencer el temor en mi vida. Espero que Dios lo utilice así como otros pasajes (como Lucas 12:4-7) para ayudarte también.

Desde la panadería,

El Pastor John

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