Cuando estás a punto de cambiar de empleo

Dios está llamando a muchos de ustedes a reevaluar sus metas y trabajo. Vivimos días emocionantes. Días inquietantes. Pero anhelas profundamente vivir y trabajar más cerca del umbral de la eternidad. Te hace sentir insatisfecho trabajar solo para ganar dinero. Estás cuestionando el objetivo de un trabajo que tiene poco significado para la eternidad. El pensamiento de hacer algo arriesgado y radical y ajeno al sueño americano sigue volviendo a tu mente.

¿Qué debes hacer?

No sofoques el sueño. No lo ahogues en el ajetreo. Haz lo que los siervos de Dios han hecho por siglos. Pasa un tiempo prolongado a solas en oración y ayuno.

Jesús comenzó su ministerio ayunando a solas por cuarenta días. Justo antes de elegir a los doce apóstoles, pasó toda una noche en oración (Lucas 6:12).

Cada vez que Charles Finney sentía una disminución del poder de Dios, pasaba de uno a tres días a solas en oración y ayuno, y siempre vio que su celo quedaba renovado.

Wesley Duewel descubrió que el mundo y el ajetreo podían llenar la mente de pensamientos impíos hasta tal punto que necesitaba un retiro de oración en donde pudiera leer por lo menos cincuenta capítulos de la Biblia antes de volver a estar en verdadera sintonía con Dios.

Elías fue enviado por el Espíritu por cuarenta días al desierto hasta el monte Horeb para oír “un silbo apacible y delicado” de Dios y obtener guía sobre los reyes de Siria e Israel y sobre su sucesor Eliseo (1 Reyes).

La Biblia dice que no nos embriaguemos con vino, sino que seamos llenos del Espíritu (Efesios 5:18), pero ¿cómo te embriagas con vino? Bebiendo mucho vino. Entonces ¿cómo te llenas del Espíritu? Una forma es bebiendo mucho de Él. ¿Cómo haces eso? Recibimos el Espíritu “por el oír con fe” (Gálatas 3:2). ¿Oyendo qué? La Palabra de Dios. Estoy convencido de que no seremos llenos del Espíritu de verdad hasta que nos embriaguemos con la Palabra de Dios. De eso se trata tener un día de oración y ayuno.

David Brainerd con frecuencia apartaba días de oración y ayuno. El jueves 3 de noviembre de 1743, ayunó y leyó 1 Reyes 17-19, 2 Reyes 2-4, Éxodo 3-20, “la historia de Abraham” y “la historia de los sufrimientos de José”. Oró mientras leía y entonces Dios suplió su necesidad. “Desde hacía ya muchos meses había perdido todas las esperanzas de […] hacer algún servicio especial para Dios en el mundo. ¡Parecía totalmente imposible que alguien de alma tan oscura y vil fuera cambiado de tal manera para Dios! Pero en este tiempo le agradó a Dios revivir esta esperanza.”

Puede que sea así para muchos de ustedes. Si el Espíritu está haciendo que pienses en hacer un giro en el camino, no mantengas el pie en el acelerador de tu vida. Baja la velocidad. Desvíate hacia un lugar de quietud llamado oración y ayuno. Aparta un día a solas con Dios y con su Palabra. Créelo o no, a Él le encantará verte (2 Corintios 6:16-17).

Tal vez te vea allí,

Pastor John