El amor: la labor del hedonista cristiano


La benevolencia dirigida a Dios de una manera desinteresada es blasfemia. Si vienes a Dios sumisamente ofreciéndole a Él beneficio de tu amistad en lugar de ir a Él sediento por su comunión, entonces te estás exaltando sobre Dios como benefactor y le rebajas a Él a un necesitado beneficiario –y eso es blasfemia-. La única manera de honrar y glorificar la toda suficiencia de Dios es venir a Él por el deleite de conocerle y ser objeto de su amor. A esto le podemos llamar hedonismo cristiano vertical. Entre Dios y el hombre, en el eje vertical de la vida, la búsqueda del deleite no es sólo tolerable; es mandatorio: “Deléitate así mismo en Jehová”. El propósito principal del hombre es glorificar a Dios por medio de deleitarse en Él.

Pero, ¿Qué acerca del hedonismo cristiano horizontal? ¿Qué de nuestra relación con otras personas? ¿Es la benevolencia desinteresada el ideal entre los hombres? O ¿Es la búsqueda del placer mandatorio en el eje horizontal también? La respuesta del hedonismo cristiano es que la búsqueda del placer es una motivación esencial para toda buena obra. Puesto de otra manera, si abandonas la búsqueda del placer pleno y duradero, no puedes amar a los demás ni agradar a Dios. Me gustaría intentar mostrarte por las Escrituras por qué creo esto; trata con algunos pasajes problemáticos y entonces termina con el desafío de disfrutar una larga historia del hedonismo cristiano en la labor de amar en la iglesia y en el mundo.

Veamos primero 2 Corintios 8: ¿A qué clase de obra Pablo denomina amor en el pasaje?

“Queremos que se enteren de la gracia que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia. En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría y su extrema pobreza abundaron en rica generosidad...No hablo como quien manda, sino para poner a prueba por la eficacia de otros, la sinceridad también del amor vuestro” (8:1,2,8).

Pablo pone a los macedonios como un ejemplo del más sincero amor para ser imitado por los Corintios. Según los versos1 y 2, ¿Qué es el amor?

  1. Es el resultado de la obra de la gracia divina: “Queremos que se enteren de la gracia que Dios ha dado a las iglesias de Macedonia” (v.1).
  2. Esta experiencia de la gracia de Dios llenó de gozo a los Macedonios. “En medio de las pruebas más difíciles, su desbordante alegría en su extrema pobreza abundaron en rica generosidad” (v.2). Nótese que el gozo no se debía a que Dios los había prosperado en el aspecto financiero. De hecho, ellos estaban en extrema pobreza según el verso 2. Por tanto, el gozo era un gozo en Dios y no en los bienes.
  3. El gozo en la gracia de Dios fluía en generosidad para suplir las necesidades de los pobres santos en Jerusalén. Entonces, ¿cuál es el amor que Pablo ve aquí? El amor es el desbordamiento del gozo en la gracia de Dios, el cual, con alegría, suple las necesidades de los demás.

Notemos lo que dice el verso 4: “Ellos rogaron con sinceridad a Pablo que aceptase la gracia y la comunicación del servicio para los santos. No debemos pensar que cuando ellos dieron libremente, su relación con Dios les obligó a actuar contra sus propios deseos. Cuando un hijo le pide una vuelta más a su padre en la montaña rusa, no es porque ellos son guiados por un precepto moral contrario a sus deseos. Cuando los macedonios pidieron a Pablo que les diese el privilegio de ofrendar para una causa de benevolencia, debemos asumir que ellos querían hacerlo. Es claro que ellos se estaban negando a sí mismos todos los placeres o comodidades que podrían conseguir con el dinero que repartían, pero el gozo de extender la gracia de Dios a otros es mucha mejor recompensa que cualquier otra cosa que el dinero pudiera comprar. Estas personas estaban tan llenas del gozo de Dios que el ofrendar (aún en pobreza) no es una carga, sino una bendición. Ellos descubrieron la gran tarea del hedonista cristiano: EL AMOR. Esta es la abundancia del gozo en Dios que con alegría hace frente a las necesidades de los demás.

He escuchado con frecuencia que el amor no es un asunto de sentimientos sino de acciones. Esto es una simplificación muy drástica (y se fundamenta en una teología que cree en la posibilidad de ética sin nuevo nacimiento). ¿Por qué Pablo dice en 1 Cor. 13:3 “Si repartiese todo lo que tengo para dar de comer a los pobres...y no tengo amor, de nada me sirve”? La razón de esto es que al amor genuino es siempre algo más que acción.

Pablo no tomó como ejemplo a los Macedonios porque simplemente dieron con generosidad. Él los tomó como ejemplo porque su ofrenda sobreabundó de gozo en la gracia de Dios. Una acción de benevolencia que no proviene del gozo en la gracia de Dios no es amor. Lo único que Pablo denomina amor es la labor del cristiano hedonista: la acción benevolente de aquellos que han sustentado su satisfacción en Dios y ahora buscan expandir este gozo con otros.

¿Lo ves? Espero que sí. La búsqueda del placer pleno y duradero es un motivo esencial para toda buena obra, y si la abandonas no puedes amar al prójimo ni agradar a Dios.

Veamos si esto es confirmado en otros pasajes de la Biblia. Pablo continúa su súplica para fondos en 2 Corintios 9. Él da un principio más sustancioso en el verso 7.

“Cada uno debe dar como propuso en su corazón: no con tristeza, porque Dios ama al dador alegre”. Según el texto, Dios no aprecia cuando las personas actúan benevolentemente, pero sin un corazón agradecido. Cuando las personas no encuentran placer en sus actos de servicio, Dios no encuentra placer en ellos. Él se deleita en el dador y servidor alegre. Por eso es que digo, que si abandonamos perseguir el placer pleno y duradero, no podremos agradar a Dios. Si nosotros somos indiferentes a dar alegremente, somos indiferentes a lo que agrada a Dios, y agradamos a Dios cuando nos deleitamos en dar. De esta misma forma, es esencial que seamos cristianos hedonistas en el plano horizontal, es decir, en nuestras relaciones con el prójimo, siempre persiguiendo la alegría de dar.

Consideremos 1 Pedro 5. Cuando Pedro les dice a los ancianos como ellos en su ministerio deben dirigir el rebaño de Dios, aplica el mismo principio pastoral que mencionó en 2 Corintios 8 sobre las finanzas.

Atender el rebaño de Dios que está a tu cargo, no por fuerza, sino voluntariamente; no para ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto.

Dios ama al pastor alegre. El mandamiento de Dios no es que sólo hagamos nuestro trabajo, sino que encontremos deleite en Él. Si no persigues el deleite en tu ministerio, entonces no persigues el mandato de Dios. Phillip Brooks, un pastor episcopal en Boston, 100 años atrás, y el autor del libro “Oh pequeña ciudad de Belén”, escribió acerca del pastorado:

“Yo pienso, otra vez, que es esencial para el éxito del predicador que él debe disfrutar entrañablemente su trabajo. Esto es, no sólo en el momento de pensar, sino también de actuar. Ningún hombre para quien los detalles de su tarea resulten repulsivos puede llevarla a cabo bien constantemente, por mucha plenitud que este pueda otorgar a su espíritu. Puede que haga algo con mucha energía y que lo soporte a pesar que no le guste, pero no podrá continuar trabajando año tras año, día tras día. Así que, tanto si lo consideras un placer perfectamente legítimo o un elemento esencial de tu fuerza, si puedes experimentar un sencillo deleite en lo que tienes que hacer como ministro, en lo apasionante que es escribir, en un sentimiento de profundo placer al hablar, en estar delante de la audiencia y causarles impresión, en el contacto de los jóvenes, cuanto más plenamente lo disfrutes, mejor lo harás todo”.

En el orden de ministrar en la iglesia o en el mundo en una manera que agrada a Dios, nosotros debemos creer y perseguir la palabra de Jesús, la cual Pablo utiliza en Hechos 20:35 sobre inspirar otro grupo de ancianos:

“Recuerda las palabras del Señor Jesús, cuando dijo, hay más bendición en dar que en recibir”.

Cuando Pablo dice “recuerda esta promesa”, quiere decir que hay un gran valor y un conciso incentivo por nuestro ministerio. Él quiere decir que el valor moral de nuestra generosidad no es arruinado cuando lo perseguimos de manera hedonista. No está mal desear y perseguir la bendición que Cristo ha prometido cuando dijo: “Hay más bendición en dar que en recibir”.

El impedimento de amar a otras personas es el mismo impedimento de amar a Dios. El obstáculo que nos mantiene fuera de obedecer el primer mandamiento vertical, es el mismo obstáculo que nos mantiene fuera de obedecer el segundo mandamiento horizontal. El obstáculo no es que todos estamos tratando de complacernos a nosotros mismos, sino que estamos muy lejos de complacernos fácilmente. Muchas veces no creemos las palabras de nuestro Salvador cuado nos dice que hay más bendición, más alegría, más grande y duradero placer en la vida devota a ayudar a otros que la que hay en la vida devota al confort material. De esta misma manera, debe haber un gran anhelo por contentamiento que, (de acuerdo con Cristo), debe llevarnos a la simplicidad de la vida y a las labores de amor contenidas en ellas mismas, en vez de las cisternas rotas de la prosperidad y el confort. El mensaje que necesitamos proclamar desde la torre más alta y desde el mismo centro de los buscadores del placer es esto: Ustedes no están ni cerca de ser hedonistas”.

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan: más haceos tesoros en los cielos, donde ni la polilla y ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6:19-20).

Renuncia a estar satisfecho con el 5% de producción de placer que te consume en meses de aflicción, de polilla y de muerte. Invierte en tarjeta azul bien marcada y asegura en el cielo. Una vida devota a la comodidad material que taladra, es como tirar dinero a un hoyo de ratas. Pero el amor simplificado por el gran placer que nos va a producir dividendos de gracia sobrepasará y nunca terminará.

Oye la palabra de: “Vende todo lo que tienes y dad limosnas; haceos bolsas que no se envejecen, tesoros en los cielos que nunca faltan; donde ladrón no llega ni la polilla corrompe”.

Hermanos y hermanas, el mensaje que nosotros tenemos para el mundo es la palabra de Dios; Buenas noticias: “Dejemos las cisternas rotas temporales, placer insatisfactorio. Ven a Cristo, en cuya presencia podrás obtener placer pleno y duradero. Únete a nosotros en la labor del hedonismo cristiano, porque Dios ha hablado: “Hay más bendición en amar que en vivir en lujos”. Considera lo que enseña Hebreos 10:32-34. Es impresionante el sobreabundante placer en los tesoros del cielo que produjo el amor en los primeros cristianos en las garras de la severa persecución.

“Recuerda aquellos días cuando después de haber sido iluminado, soportaste la aflicción con sufrimientos; algunas veces ser expuesto públicamente al abuso y a la aflicción; y a veces ser compañero de aquellos que fueron tratados de la misma manera. Porque de los presos también os compadecisteis y del despojo de vuestros bienes sufriste con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene tan grande galardón” (Hebreos 10:32-35).

Estos cristianos fueron motivados al ministerio en la prisión, de la misma manera que los Macedonios en 2 Corintios 8:1-8 fueron motivados a aliviar al pobre. Su gozo en Dios se manifestaba en amor por los demás. Ellos miraron sus propias vidas y dijeron: “Mejor es tu misericordia que la vida” (Salmos 63:3). Ellos miraron todas sus posesiones y dijeron: “Tenemos una herencia en los cielos perdurable y mejor que cualquiera que estas cosas” (v.34). Entonces, se miraron los unos a los otros y dijeron:

“Nos pueden despojar
De bienes, nombre, hogar,
El cuerpo destruir,
Mas siempre ha de existir
De Dios el reino eterno”.

(Martín Lutero)

Con gozo renunciaron a todo lo que poseían (Lc. 14:33) y siguieron a Cristo yendo a la prisión a visitar a sus hermanos y hermanas. El amor es la abundancia de gozo en Dios que hace frente a las necesidades de los demás.

Para subrayar lo que quiere, el autor de hebreos pone a Moisés como ejemplo de esta clase de hedonismo cristiano (vs.24-26). Fijémonos en lo parecida que es su motivación a la de los primeros cristianos del capítulo 10 y a los macedonios de 2 Corintios 8.

“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija del faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios, porque tenía la mirada puesta en el galardón”.

El autor de este libro manifiesta que el deseo de los cristianos de una herencia mejor y más duradera produjo un amor gozoso que les costó sus bienes. Aquí en el capítulo 11, Moisés es un héroe para la iglesia, porque su deleite en la recompensa prometida se manifestó con tal gozo, que consideró como basura los placeres de Egipto, quedando así ligado en amor al pueblo de Dios para siempre.

Miremos a Cristo, el autor y consumador de la fe, que con gozo fue elegido desde antes de la fundación del mundo para sufrir en la cruz.

La más grande labor de amor que ha ocurrido alguna vez, fue posible porque Jesús persiguió el más grande e inimaginable deleite, es decir, el gozo de ser exaltado a la diestra de Dios en la asamblea de los redimidos.

Este ejemplo de Cristo nos da una buena oportunidad para lidiar con algunas contradicciones aparentes en algunos textos, que son muy frecuentemente traídos en respuesta al hedonismo cristiano. Por ejemplo, 1 Corintios 13:5 dice: “El amor no busca lo suyo”. 1 Corintios 10:24 dice: “No buscando lo suyo propio, sino lo del otro”. Y Romanos 15:1-3, dice: “Si los que somos más firmes debemos llevar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en bien a edificación, porque Cristo no se agradó a Sí mismo; antes bien, como está escrito: los vituperios de los que te vituperan cayeron sobre mi”.

¿Entonces este pasaje contradice el hedonismo cristiano? No lo creo. Cuando Pablo dice “el amor no busca lo suyo”, él no quiere decir que el amor no toma deleite en los actos de servicio (Rom. 12:8). Él tampoco quiere significar que si soy atraído a predicar la emoción de compartir las buenas noticias de Dios, no puede ser un acto de amor. Él sigue diciendo: “El amor todo lo espera” (1 Corintios 13:7). Pero, ¿Qué es el gozo sino la expectación de que algo deleitoso va a ocurrir? Si damos a Pablo el beneficio de la duda, en vez de asumir que él se contradice a sí mismo, el simple significado de todo esto es que los cristianos no deben buscar su propio placer a expensas del amor. Nosotros debemos unirnos a Cristo en la vía del Calvario, sufriendo, siendo avergonzados y en simplicidad. Pero no de mala gana, no quejándonos. Debemos unirnos al Señor en esta vía de amor, por el gozo que se ha puesto frente a nosotros, porque Dios ama al dador alegre, porque Dios ama al pastor apasionado o deseoso, porque hay más bendición en dar que en recibir, porque el sufrir con Cristo es más grande que el bienestar de los placeres de Egipto, porque si perdemos nuestras vida por Él la ganaremos.

Si, existe la doctrina de la auto negación en la Biblia. Debemos negarnos a nosotros mismos la honra del hombre para que así disfrutemos de la aprobación de Dios; debemos negarnos a nosotros mismos los tesoros de este mundo para así disfrutar del bienestar eternal; debemos negarnos a nosotros mismos en cuanto a la seguridad puesta en los hombres de tal manera que disfrutemos de la seguridad en Dios; debemos negarnos a nosotros mismos borracheras y glotonerías para que seamos invitados al más grande banquete del universo; debemos negarnos a nosotros mismos en la auto confianza para que podamos decir: “El Señor es mi Pastor, nada me faltará”. Dios nunca te pedirá que te niegues a ti mismo un mayor valor por un menor valor. Ese menor valor es precisamente el pecado. Por el contrario, siempre, Dios nos manda a negarnos los placeres de un segundo grado, de tal manera que obtengamos los placeres plenos y eternos de primer grado. Después de este sumario vertical en la fiesta del hedonismo cristiano en adoración, viene su sumario horizontal a la labor del hedonismo cristiano en amor a los demás. El orden es crucial, el amor es la abundancia de placer en Dios que nos hace conocer las necesidades de los demás.

Muchos santos, al pasar de los siglos, han descubierto que perseguir el placer es un motivo esencial para toda buena obra y si abandonas este propósito de llenarte de este gran placer, no podrás amar al prójimo ni agradar a Dios. George Muller de Bristol escribió: “Yo veo más claro que nunca, que el primer y gran negocio que deseo atender cada día es tener mi alma feliz en el Señor” (autobiografía, p.52). Ese gozo que tenía en Dios sobreabundó en una vida de amor a los huérfanos de Inglaterra.

El hijo de Hudson Taylor grabó a su padre en sus últimos momentos, diciendo: Yo nunca hice un sacrificio”. Su hijo comenta, “lo que él dijo fue la verdad, pues las compensaciones fueron tan reales y duraderas que llegó a la conclusión de que dar es recibir cuando el corazón está ligado con Dios” (El secreto espiritual de Hudson Taylord, p.30). A partir de este corazón que se regocijó en Dios, creció una iglesia de millones de personas en China.

Jonathan Edwards, cuya predicación causó el primer gran avivamiento en América en los 1740, resolvió en sus años de universidad: “Para esforzarme a obtener por mi mismo la mayor felicidad en el otro mundo tan posible como sea posible, con todas las fuerzas, vigor y vehemencia, ¿Está completa, la idea?

En la década de los 80, oí a un joven pastor asociado de la Iglesia Bautista de Sion dar una conferencia en una casa de hospitalidad, donde él vino a conocer al Señor como un niño del centro de la ciudad. Ahora, después de graduarse del seminario en California, él ha vuelto a su trabajo en Minneapolis. Una de las oraciones que recuerdo es esta: “Si puedo amar a alguien, ¡oh!, sería feliz”. Este es un buen comentario concluyente en las palabras de Jesús: “Es más bienaventurado dar que recibir”. Sigamos caminando rumbo a Belén.