Masculinidad y Feminidad, Conflicto y Confusión Después de la Caída


A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. .... Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.

Tanto el hombre como la mujer fueron creados a la imagen de Dios

La semana pasada centramos nuestra atención en Génesis 1:27. Esta es la base más importante para poder entender lo que significa ser humano, en especial lo que significa ser humano como varón y hembra. "Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó". Moisés añade las palabras "varón y hembra" para asegurarse de que nadie cometa el error de pensar que la palabra HOMBRE en este versículo ("Él creó al hombre a imagen suya") se refiere sólo a los seres humanos de sexo masculino y no a los seres humanos de sexo femenino.

Génesis 5:1-2 puntualiza lo mismo: "Este es el libro de las generaciones de Adán. El día que Dios creó al hombre (Adán), a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y los llamó Adán (Hombre) el día en que fueron creados". Por lo tanto, la clara enseñanza que nos deja Génesis es que los seres humanos, hombres y mujeres, son totalmente diferentes a todas las demás criaturas porque solamente estos fueron creados a la imagen y semejanza de Dios.

Lo que implica ser creados de esta manera

La semana pasada dije que si Dios nos creó a su imagen como VARÓN y HEMBRA, implica que hay igualdad en condición de persona, dignidad, respeto mutuo, armonía, complementación, y un destino unificado.

Igualdad en condición de persona significa que un hombre no es menos una persona que una mujer porque tiene pelo en el pecho como un gorila, y la mujer no es menos persona porque no tiene pelo en el pecho como un pez. Ellos son iguales en su condición de persona y sus diferencias no cambian la verdad básica.

La igualdad en dignidad significa que deben ser igualmente honrados como seres humanos creados a la imagen de Dios. Pedro dice (en 1 Pedro 2:17) "honrad a todos", es decir, a todos los seres humanos. Hay un honor que debe darse a las personas por el simple hecho de que son seres humanos. Hay incluso un honor que le debemos al más despreciable de los criminales, como Ted Bundy, sólo porque él es un ser humano y no un perro. Y ese honor le pertenece a los hombres y mujeres por igual.

El respeto mutuo significa que los hombres y las mujeres deberían tener el mismo fervor por respetarse y honrarse mutuamente. El respeto no debe fluir en una sola dirección. Habiendo sido creados a la imagen de Dios, el hombre y la mujer deberían verse el uno al otro con cierta reverencia que es templada, no destruida por el pecado.

Armonía significa que debe existir cooperación pacífica entre hombres y mujeres. Siempre debemos encontrar formas de aceitar el engranaje de nuestras relaciones con el fin de que exista el trabajo en equipo, la interacción, la ayuda mutua y el gozo.

Complementación significa que la melodía de nuestras relaciones no debe ser simplemente el sonido de un canto al unísono. Debe ser el sonido integrado de soprano y bajo, alto y tenor. Esto significa que las diferencias que hay entre el hombre y la mujer se respetaran, reafirmaran y valoraran. Significa que el hombre y la mujer no tratarán de duplicarse el uno al otro, sino que realzarán las cualidades únicas de cada cual para su mutuo enriquecimiento.

Por último, destino unificado significa que el hombre y la mujer, cuando vienen a Cristo en fe, son "coherederos de la gracia de la vida" (1 Pedro 3:7). Estamos destinados a gozar igualmente de la revelación de la gloria de Dios en la era por venir.

Así, cuando Dios creó a los seres humanos a su imagen, como hombre y mujer, tenía algo maravilloso en mente, y aún lo tiene; y en Jesucristo Él redime esta visión de las garras del pecado.

El conflicto entre el hombre y la mujer como resultado del pecado

La semana pasada vimos muy brevemente el efecto que tuvo el pecado en la relación entre hombres y mujeres. Quiero aclararlo aún más esta mañana. En principio yo había planeado sólo tocar brevemente este punto y emplear la mayoría de nuestro tiempo en el tema de la masculinidad y feminidad antes de la caída. Sin embargo, el mensaje tuvo un giro diferente y lo que estoy haciendo ahora es preparar las bases para desarrollar ese tema la próxima semana. Quiero que se sensibilicen muy bien con lo que es el conflicto entre hombres y mujeres, y la gran confusión que existe hoy en día respecto a lo que significa ser hombre o mujer.

Veamos Génesis 3:16. Adán y Eva pecaron contra Dios. Desconfiaron de Su bondad, y se apartaron de Él dependiendo de su propia sabiduría para encontrar cómo lograr la felicidad. Rechazaron Su palabra y comieron el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Dios los llama a rendir cuentas y les describe la maldición que recaerá sobre la vida humana a causa del pecado. En Génesis 3:16 Dios le dice a la mujer, "Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti".

La naturaleza de la relación arruinada tras el pecado

Esta es una descripción de la maldición. Es una descripción de miseria, no un modelo para el matrimonio. Esta es la historia que se presentará siempre que el pecado prevalezca. Pero, ¿qué es lo que realmente se dice aquí? ¿Cuál es la naturaleza de esta relación que ha quedado en ruinas después del pecado?

El paralelismo clave en Genesis 4:7

La clave esta en reconocer la conexión que existe entre las últimas palabras de este versículo (3:16b), y las últimas palabras de Génesis 4:7. Aquí Dios le esta haciendo una advertencia a Caín acerca de su resentimiento e ira contra Abel. Dios le dice que el pecado está a punto de enseñorearse de su vida. Observen al final del versículo 7: "el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él".

El paralelo entre los versículos 3:16 y 4:7 es extraordinariamente cercano. Las palabras son prácticamente las mismas en hebreo, y también pueden verse en español. En 3:16 Dios dice a la mujer, "Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti". En 4:7 Dios dice a Caín, "a ti será su deseo, y tú te enseñorearas de él".

Ahora, la razón por la cual es importante ver esto, es porque nos muestra más claramente lo que se entiende por "deseo". Cuando el versículo 4:7 dice que el pecado esta a la puerta del corazón de Caín (como un león, Génesis 49:9) y que a él será su deseo, significa que el pecado quiere enseñorearse de él, quiere derrotarlo, someterlo y hacerlo esclavo del pecado.

Ahora, si volvemos al versículo 3:16 probablemente deberíamos ver el mismo significado en el pecaminoso deseo de la mujer. Cuando dice, "Tu deseo será para tu marido", que significa que cuando el pecado se enseñorea de la mujer, su deseo será el de dominar, someter o explotar hombre. Y cuando el pecado se enseñorea del hombre va a responder de la misma manera y con su fuerza la someterá, o se enseñoreara sobre ella.

La esencia de la corrupción del hombre y la mujer

Entonces, lo que se describe realmente en la maldición del versículo 3:16 es el feo conflicto entre hombres y mujeres que ha marcado gran parte de la historia de la humanidad. La masculinidad como Dios la creó se ha depravado y corrompido por el pecado. La feminidad como Dios la creó se ha depravado y corrompido por el pecado. La esencia del pecado es la autosuficiencia y la auto-exaltación. Primero en la rebelión contra Dios y luego en la explotación de unos a otros.

Por lo tanto, la esencia de la masculinidad corrupta es el esfuerzo que auto-exalta de dominar, controlar y explotar a las mujeres para sus propios deseos privados. Y la esencia de la feminidad corrupta es el esfuerzo que auto-exalta de dominar, controlar y explotar a los hombres para sus propios deseos privados. La diferencia se encuentra principalmente en las diferentes debilidades que podemos explotar el uno del otro.

Las diferentes debilidades explotadas mutuamente

Por regla general los hombres tienen más fuerza bruta que las mujeres, así que pueden violar, abusar, amenazarlas, y sentarse y chasquear los dedos. Hoy en día esta de moda decir ese tipo de cosas. Sin embargo, es igualmente cierto que las mujeres son pecadoras. Somos hombres y mujeres a la imagen de Dios; y somos depravados, hombres y mujeres. Puede que las mujeres no tengan tanta fuerza bruta como los hombres, pero ellas saben en que manera pueden someterlos. Ella puede envolverlo con sus palabras y si estas no funcionan, ella conoce la debilidad de su lujuria.

Si tienes alguna duda sobre el poder de la mujer pecadora para controlar al hombre pecador sólo reflexiona un momento sobre la fuente número uno de comercialización en el mundo - el cuerpo femenino. Ella puede vender cualquier cosa porque ella conoce la debilidad universal del hombre y sabe cómo controlarlo con eso. La explotación de la mujer por parte de los hombres pecadores es evidente porque generalmente es ruda y violenta. Pero un momento de reflexión te mostrará que la explotación del hombre por parte de la mujer pecadora es igualmente permisiva en nuestra sociedad. La diferencia es que nuestra sociedad pecadora penaliza una perversidad, y no la otra. (Hay sociedades que hacen exactamente lo contrario).

¿Qué aspecto se supone que tenía que tener la relación?

Esta no es la manera en que Dios lo había predispuesto antes del pecado, cuando el hombre y la mujer dependían de Él para saber cómo vivir. Este es el resultado de la rebelión contra Dios. Entonces, ¿cómo fue que lo predispuso Dios? ¿Cómo se supone que era la relación entre Adán y Eva antes de que entrara al mundo el pecado?

La igualdad es solo parte de la respuesta

Hemos visto parte de la respuesta. Ellos fueron creados a imagen de Dios según Génesis 1:27, por lo que se supone que la relación se regía por la igualdad de condición de persona, igualdad de dignidad, el respeto mutuo, la armonía, la complementación, y un destino unificado. Pero eso es sólo una parte de la respuesta. Es como decirle a un hombre y a una mujer bailarines de ballet: “Recuerden, ustedes, los dos, son bailarines igualmente dotados, igualmente respetados entre sus compañeros, y deben ejecutar su labor armoniosamente, complementando cada uno el movimiento del otro; y no olviden que compartirán los aplausos”.

Ese tipo de consejo es muy importante y tendrá un gran efecto en la belleza de los resultados, sin embargo, si eso es todo lo que saben acerca de la danza que se está a punto de presentar, no serán capaces de hacerlo. Tienen que saber hacer los movimientos. Tienen que conocer sus diferentes posiciones. Tienen que saber quién caerá y quien recibirá al que cae, quien correrá y quien se detendrá. Es primordial para la danza y el drama que los artistas conozcan los distintos movimientos que deben hacer. Si no conocen sus diferentes tareas, no habrá ningún drama, ni ningún baile en el escenario.

Desarrollando una visión de complementariedad bíblica

Entonces tenemos que preguntarnos lo siguiente: en el drama de la vida entre el hombre y la mujer antes de la caída, ¿quiso Dios que algunas responsabilidades recayeran más fuertemente en unos que en otros? Dijimos que ambos deben demostrar el mismo respeto, ¿pero se supone que lo demuestren de la misma manera? Ambos deben buscar la paz y la armonía sirviéndose mutuamente; ¿pero es esta forma de servicio igual tanto para el hombre como para la mujer?

En las próximas semanas quiero desarrollar el tema de la complementación y armonía bíblica. Estoy convencido de que la Biblia nos enseña que los hombres tienen responsabilidades únicas hacia las mujeres que les han sido asignadas por Dios, y las mujeres igualmente tienen responsabilidades únicas hacia los hombres que les han sido asignadas por Dios. Estas responsabilidades no son idénticas, y no dependen de nuestros dones. Ellas se basan en nuestra masculinidad y feminidad de acuerdo a lo que Dios nos designó ser, y no se limitan a meras funciones biológicas en el proceso de reproducción.

Tratando con una cultura en enorme confusión

Estas diferentes responsabilidades van directamente al corazón del significado de masculinidad y feminidad de acuerdo a cómo Dios nos creó para ser. Sin embargo, hoy en día estas están bajo un ataque tremendo. Lo han estado durante algún tiempo. Y el resultado es que nuestra cultura es una confusión masiva.

Me imagino que probablemente dos generaciones de hombres y mujeres han crecido en este país sin una visión positiva de lo que significa ser hombre o mujer. Se nos han dicho muchas cosas negativas - cosas que no debemos ser, cosas de las cuales debemos ser liberados.

Por ejemplo, la masculinidad no es la explotación sexual. La masculinidad no es fría, racional, y no emotiva. No es la despiadada conquista orientada a las tareas, etc. Así que hombres, ¡libérense! Por otro lado la feminidad no es la aburrida domesticidad. La feminidad no es maternidad confinada a la casa, no es la emotividad absurda, no es el cumplimiento sexual, etc. Así que mujeres, ¡libérense!

Pero cuando sólo hablamos acerca de lo que NO es la masculinidad y la feminidad, ¿qué tenemos? Un gran vacío de confusión acerca de lo que son. Confusión frustrante, que produce culpabilidad, y es destructiva. Y con ella una oleada de homosexualidad, una epidemia de divorcios, un aumento de los crímenes violentos, aumento del abuso doméstico, y decenas de miles de suicidios cada año, de los cuales el 75% son hombres. (En 1981 hubo 27.500 suicidios en los Estados Unidos de los cuales el 75% eran hombres.)

Es simplemente una renuncia a nuestra responsabilidad moral y espiritual de decirles a los jóvenes que eviten los estereotipos negativos y además no darles una ilustración positiva, práctica, y bíblica de lo que significa ser un hombre o una mujer. Y una de las razones por las que renunciamos a nuestra responsabilidad, es que es el camino de menos resistencia. Los estereotipos negativos son fáciles de derribar, lo que es un trabajo difícil y arriesgado es reconstruir el arquetipo positivo.

Si tú buscas fallas a los estereotipos masculinos y femeninos feos, nadie te va a criticar. Es un pasatiempo habitual y muy seguro. Sin embargo, si tratas de desarrollar una visión positiva en tus hijas e hijos sobre el significado de la masculinidad y la feminidad, hay cientos de personas esperando convertirse en tus jueces. Entonces, no lo hacemos. Los dejamos confundidos, les decimos lo que no es, pero no les decimos lo que es.

Durante los nueve años de mi pastorado aquí, he asesorado a decenas y decenas de parejas que buscan casarse. Mi experiencia ha sido que es realmente raro encontrar a una joven pareja que tenga una visión clara de lo que significa ser un esposo y una esposa cristianos. En general, las parejas admiten fácilmente que no saben si el ser hombre o mujer implica que Dios les ha impartido algunas responsabilidades especiales. O, si piensan que hay algunas responsabilidades especiales, por lo general no saben cuales son. Y no se pueden esperar buenas consecuencias de esa confusión en la estabilidad del matrimonio y la forma en que los niños se prepararán para la vida como hombres y mujeres.

Menciono esto sólo para destacar el reto que, como iglesia, tenemos ante nosotros. La visión de Dios es la de unos hombres y mujeres redimidos. Él quiere que recuperemos lo que perdimos a causa del pecado. Y así la semana que viene quiero empezar a reconstruir a partir de la Palabra de Dios, y de la mejor manera posible, la imagen destruida del hombre y la mujer a la imagen que Dios les había dado antes de la caída, y que nos pide recuperemos a través de Jesucristo. Pido sus oraciones y que consideren seriamente estas cosas. Lo que somos como hombres y mujeres va al corazón de nuestra identidad personal. Si se confunden aquí, las repercusiones serán muy profundas y afectarán muchos aspectos.