El Arrepentimiento, el Perdón y el Don del Espíritu


Al oír esto, compungidos de corazón, dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: Hermanos, ¿qué haremos? Y Pedro les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Por que la promesa es para vosotros y para vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos como el Señor nuestro Dios llame. Y con muchas otras palabras testificaba solemnemente y les exhortaba diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil almas.

Hebreos 4:12 dice "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón." ¡La Palabra de Dios es una penetrante espada de dos filos que deja abierta la verdadera condición del corazón! Pablo dice: "Toma la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios" (Efesios 6:17). La razón por la cual la Palabra de Dios es capaz de abrir el corazón de tal manera es porque es la espada del Espíritu. No es la espada del hombre. No se halla limitada por la aprobación del hombre, ni necesita el poder del hombre sosteniéndola. El Espíritu de Dios es el Espíritu de la verdad. La verdadera palabra de Dios es Su Palabra, y Él la ama, la honra y le da poder.

Compungidos de corazón, por la espada del Espíritu

Por eso, cuando leemos en el versículo 37 que las personas que escuchan la predicación de Pedro fueron "compungidos[o traspasados] en el corazón", no nos debe de sorprender. Pedro estaba predicando la Palabra de Dios-Joel 2, el Salmo 16, el Salmo 110, ¡a Jesucristo! Y no sólo eso, según el versículo 4, sino que también estaba lleno del Espíritu Santo, al estar predicándoles. Así que la Palabra de Dios no era la espada de Pedro en esa mañana de Pentecostés. Era la espada del Espíritu. Y el Espíritu eligió hacer su labor de penetración de una manera impresionante, por lo que 3.000 personas fueron compungidos de corazón.

Cuando sucedió, el pueblo clamó a Pedro y a los apóstoles: "¿Qué haremos?" ¡Qué maravilloso es cuando, después de años de estar corriendo de Dios y de años de negación y rebelión, una persona ya no puede resistir la Palabra y el Espíritu de Dios, y dice simplemente: "¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?"

Que el Señor nos llene de su Espíritu y de su Palabra para que semana tras semana oigamos decir, de una manera u otra, "¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?"

¿Cuál es la necesidad que la gente apercibe?

Antes de ver la respuesta que da Pedro, preguntémonos ¿cuál es la necesidad? Cuando la gente dice, "¿Qué debo hacer?" es claro que sienten una necesidad. Están diciendo: "Necesito algo. ¿Qué debo hacer para conseguirlo?" Pedro da dos respuestas explícitas en el versículo 38 concerniente a lo que necesitan - lo que necesitamos.

Él dice que necesitan el perdón y que necesitan el don del Espíritu Santo. "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados [necesidad # 1];. Y recibiréis el don del Espíritu Santo [necesidad # 2]" Vamos a tomarlas una a la vez y meditar en ellas.

La necesidad del perdón de Dios

En primer lugar, existe la necesidad de ser perdonados por Dios.

El relativismo maximiza el absolutismo del ser autónomo

Una de las cosas más tristes sobre el relativismo de nuestros días es que socava el perdón de Dios. He aquí lo que quiero decir. El Relativismo constantemente minimiza o niega el carácter absoluto de Dios. Funciona de forma implícita, como si Dios no tuviera un carácter nítido e inmutable -como si no hubiera ninguna medida divina del carácter humano. El relativismo no se lleva bien con las declaraciones bíblicas como son: "Sed santos porque yo soy santo" (1 Pedro 1:16), o: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mateo 5:48). Así que el relativismo minimiza el carácter absoluto de Dios y su voluntad.

En lugar de eso, el relativismo maximiza el absolutismo del ser autónomo. Se dice que la forma de sanación e integridad es dejar de medirnos por los estándares o expectativas externos, incluso los de Dios. O sea, sin referencia a Dios o su Palabra, ser uno mismo. Hacernos nosotros mismos la medida de lo que es bueno y aceptable. Dándonos una incondicional autoestima positiva. El único papel que Dios tiene que desempeñar en este relativismo es ser el aval divino de su propia auto-afirmación. Dios funciona como una especie de refuerzo para el carácter absoluto de uno mismo. Si Él se presenta como alguien con normas o mandamientos, entonces es parte del problema, no parte de la solución.

Este relativismo destruye el perdón

Reitero que lo más triste de este relativismo es que socava la gloria de la gracia de Dios en el perdón. Suena lleno de gracia en la superficie - decir que Dios no tiene ninguna ley, no hay normas, no hay expectativas, no hay mandamientos, no hay amenazas – sino que él está simplemente allí para afirmar en lo que sea que uno se encuentre. Eso suena como gracia y libertad. Pero hay una falla enorme. Destruye el perdón.

Donde no hay ley, ni norma estándar, ninguna expectativa legítima, no hay manera normativa en la relación de Dios y el hombre, no puede haber perdón. Porque el perdón es el dejar ir de ofensas reales, transgresiones reales, violaciones reales, faltas reales. Pero si no hay una ley para transgredir, o hay un estándar para defender o estar en contra, o ninguna expectativa para violar, o ningún mandamiento para desobedecer, entonces no puede haber perdón. Lo que parecía ser gracia resulta ser algo que debilita tanto a la gracia como al perdón.

La esperanza bíblica del perdón

Así que yo les ofrezco una esperanza bíblica en esta mañana-no una relativista. Esta gente, en el versículo 37 fueron compungidos de corazón, porque ellos vieron que Dios había hecho a Jesús Señor y Cristo, y sin embargo lo habían matado. En otras palabras, ellos estaban completamente en desacuerdo con Dios. Vivían en contra de su voluntad. Estaban fuera de sintonía con su carácter. Ellos estaban en violación de su Palabra y de su Hijo. Dios era de una manera. Ellos eran de otra manera. Y ellos no tenían su afirmación. Ni tampoco debían de haber tenido la suya propia.

Lo que ellos necesitan desesperadamente (y lo que necesitamos), y lo que Dios, en su asombrosa gracia, estaba dispuesto a dar, era el perdón. Ellos habían ofendido a Dios. Habían violado a Dios. Y sólo había una esperanza-que Dios pudiese hallar una manera de ser el Dios santo que Él es y sin embargo dejarlo ir, y perdonar. Y eso es exactamente lo que halló en la muerte de su Hijo.

Así que tomo las palabras al final del versículo 40 y las aplico a todos nosotros esta mañana con toda la urgencia que puedo: "Sed salvos de esta perversa generación." Y lo más torcido de esta generación es que hemos creado caminos de salvación sin Dios y, por tanto, sin la ley y por lo tanto sin perdón-y, por tanto, completamente sin esperanza.

Pero yo declaro esta mañana sobre la base de la Palabra de Dios que hay un Dios, que existe una ley sagrada, y en el nombre de Jesucristo hay perdón. Esa es la primera necesidad que tenemos. Y Dios está listo para hacerle frente.

La necesidad del don del Espíritu Santo

La segunda necesidad, dice Pedro, es recibir el don del Espíritu Santo. Versículo 38: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados [la primera necesidad]; y recibiréis el don del Espíritu Santo [la segunda necesidad]."

¿Qué significa recibir el don del Espíritu Santo? ¿Es esta una promesa de ser bautizado en el Espíritu (1:5) o de ser llenos del Espíritu (2:4) o de ser capacitado por el Espíritu (1:08, Lucas 24:49); o de ser habitado por el Espíritu (1 Corintios 06:19)? Cuanto más medito en esas alternativas menos veo razones en el texto para elegir entre ellos. Mi respuesta sería simplemente esta: Si de verdad se arrepiente y es bautizado en el nombre de Jesucristo, el Espíritu Santo le será dado, y hará una diferencia en su vida. Desde el día en que tenga el Espíritu Santo (Romanos 8:9). Y nada se dice aquí en Hechos 2:38 que limite las diversas formas en que puede manifestarse a sí mismo en su vida.

Lo único que dice es que desde el día de su arrepentimiento y su identificación con Jesucristo, el Espíritu Santo estará obrando en su vida como un don. Desde el primer día de su fe podrá saber que es tuyo, por la promesa en Hechos 2:38. Y desde ese día en adelante, puede comenzar a buscar su extraordinaria manifestación de poder (Lucas 24:49, Hechos 1:08) y plenitud (Hechos 04:31, Efesios 3:19) y dones (Hechos 02:17; 1 Corintios 14:01).

Estas son las dos grandes necesidades que todos tenemos. La primera es ser perdonado-tener toda las violaciones, las infracciones, los delitos, las desobediencias y los pecados -cancelados. "Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos" (Isaías 1:18). Y la segunda necesidad es tener el mismo Dios entrando en nuestras vidas, donde el pecado una vez reinó. Tenemos una relación personal con Dios por medio de su Espíritu. Necesitamos la sabiduría, la guía, el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la bondad y el autocontrol. Y necesitamos un poder extraordinario para la tarea de la evangelización local y mundial. Necesitamos el don del Espíritu Santo.

"¿Qué haremos?"

Por último, ¿cuál es la respuesta a la pregunta del versículo 37: "¿Qué haremos?" ¿Qué debemos hacer para que nuestros pecados sean perdonados y podamos recibir el don del Espíritu Santo?

El versículo 38 da la respuesta: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo." Vamos a considerar estas dos cosas una a la vez, primero el arrepentimiento, y luego, el bautismo en el nombre de Jesús.

El arrepentimiento

El arrepentimiento no es sólo un lamentarse. Ellos ya habían sido traspasados en lo más íntimo de su corazón (v. 3). Y ahora Pedro dice: "¡Arrepentíos!" Así que el arrepentimiento es más que sentir lástima. Significa llevar a término esa convicción y darse vuelta de tal manera que cambia su mente y su corazón para ya no estar en desacuerdo con Dios, sino estar en sintonía con Dios. Jesús le habló a Pablo en Hechos 26:18 acerca de este "giro" que lleva al perdón y le dio a Pablo su comisión con estas palabras: "Yo te envío para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en mí, el perdón de pecados". Ahí está. Ese es el arrepentimiento: volverse de las tinieblas a la luz, y de Satanás a Dios. Es una inversión en la dirección de su vida hacia Dios.

Esa es la primera respuesta a la pregunta, "¿Qué pues haremos?" Arrepentíos.

Ser bautizado en el nombre de Jesucristo

La segunda respuesta en el versículo 38 es, "bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo."

Hay un gran error que queremos evitar en este punto. Algunos grupos enseñan que el bautismo en agua no es sólo un acto propio de la obediencia y una expresión de la fe, sino que también es parte de los medios esenciales por los cuales Dios perdona el pecado. La fe no es suficiente para obtener el perdón. Uno debe de ser bautizado con agua antes de que pueda ser perdonado. ¿Qué vamos a hacer con eso?

Pues bien, el versículo 38, sin duda podría significar esto cuando dice: "Arrepentíos, y sed bautizados en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados." Sin embargo también puede significar algo como esto: "Recibid el perdón de los pecados mediante el arrepentimiento y al creer en el nombre de Jesucristo, esto se expresa por medio del bautismo." Eso significaría que el nombre de Jesús y la fe en que el nombre es el medio esencial para recibir el perdón, y el bautismo es la expresión externa de la fe en el nombre de Jesús.

La fe en el Nombre de Jesús en el libro de los Hechos

Ahora ¿es esto realmente lo que Lucas quiere que entendamos? Creo que es debido a las numerosas veces que él dice que la fe (no la fe más el bautismo) es el medio de perdón. Por ejemplo:

  • Volviendo a Hechos 2:21, Pedro citó a Joel con estas simples palabras, "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo."
  • Pedro concluye su sermón a los gentiles en la casa de Cornelio con esto: Hechos 10:43, "De éste dan testimonio todos los profetas, de que por su nombre, todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados”.
  • Y para confirmar lo que es realmente esencial para recibir el perdón y el Espíritu, los gentiles recibieron el Espíritu antes de ser bautizados. 10:44-45)
  • Cuando Pedro habla de este ministerio a los gentiles en Hechos 15:9, dice: "y ninguna distinción hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones."
  • En Hechos 13:38-39 Pablo trae su sermón en Antioquía a una conclusión con el mismo tipo de promesa que usó Pedro: "Por tanto, hermanos, sabed que por medio de El [Jesús] os es anunciado el perdón de los pecados; y que de todas las cosas de que no pudisteis ser justificados por la ley de Moisés, por medio de El, todo aquel que cree es justificado."
  • Cuando el terremoto liberó a Pablo y Silas de la prisión en Hechos 16, y Pablo se negó a huir, el carcelero gritó (en el versículo 31): "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?" Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo."
  • Y cuando Pablo resumió su ministerio de tres años en Éfeso, él dijo (en Hechos 20:20-21), "cómo no rehuí declarar a vosotros nada que fuera útil, y de enseñaros públicamente y de casa en casa, testificando solemnemente, tanto a judíos como a griegos, del arrepentimiento para con Dios y de la fe en nuestro Señor Jesucristo."

Llego a la conclusión con estos textos y otros además, que el medio esencial para recibir el perdón de los pecados y recibir el don del Espíritu Santo es el acto espiritual de dos hechos decisivos: el arrepentimiento y la fe en el nombre de Jesús. El bautismo, entonces, es la expresión externa de este arrepentimiento y la fe. Antes de dejar la tierra, Jesús nos encomendó que hiciésemos discípulos pidiendo un acto público de fe-una identificación abierta con Jesús en su muerte y sepultura y resurrección. Y así, en el Nuevo Testamento el creer en Cristo y ser bautizados están muy estrechamente relacionados. Este es el camino del Nuevo Testamento para seguir a Cristo: arrepentirse, creer y manifestarlo en el bautismo.

Dios está dispuesto a perdonar y nos dará su Espíritu

Ahora permítanme cerrar recordándoles la buena noticia casi increíble en este texto. Nos muestra que incluso si usted es un asesino del Hijo de Dios (v. 36), ¡el mismo Dios está dispuesto a perdonarlo! ¡Y no sólo a perdonar, sino que le dará su Espíritu! En otras palabras, él está dispuesto a cancelar todas sus deudas y venir a vivir con usted, y lo guiará, lo cambiará, y lo apoyará.

Y para conseguir esto, uno no puede trabajar. No es algo que se puede ganar ni comprar. Es un don para todos los que se arrepienten-que se convierten de las tinieblas a la luz, e invocan el nombre del Señor.