Por Su gracia, por Su nombre, a través de la obediencia a la fe

Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre.

Esta mañana vamos a enfocarnos  en el versículo 5, y en particular estas tres frases: “gracia y apostolado”, “obediencia de la fe”, y “por amor de su nombre”. Trataremos de ver la naturaleza de la gracia como una facultad gratis e inmerecida para ministrar, el efecto de gracia en la obediencia de la fe, y  el objetivo principal de gracia  en la glorificación del nombre de Jesús entre las naciones.

Gracia- en el Corazón

La gracia es una realidad muy preciosa. Espero poder mostrarles desde el libro de Romanos qué es y por qué es tan preciosa. La palabra es usada unas 155 veces en el Nuevo Testamento –más de cien de ellas en las Escrituras de Pablo, y casi la cuarta parte de estas últimas aparecen en el libro de Romanos (24 veces). Usted no puede comprender este libro si no comprende la gracia. La veremos una y otra vez. Ella es el corazón del libro, el corazón del evangelio y el corazón de Dios.

Sin embargo, yo no asumo que la palabra comunica ahora la preciosa realidad bíblica para la que fue escrita. Hoy, yo supondría que las personas comunes dirían que la gracia es como el precioso movimiento de un patinador de hielo. Luego dirían que la gracia es una corta oración antes de las comidas. Y, por último, dirían que la gracia es bondad inmerecida.

Pero, ¿cuál es la realidad bíblica de la gracia? Veamos en Romanos 1:5 y sus enlaces. Note que en el verso uno Pablo comienza presentándose a sí mismo y habla de ser un siervo de Cristo, de su llamamiento como apóstol y su consagración para el evangelio de Dios.

Entonces en los versículos 2-4, él habla acerca de lo que el evangelio de Dios es: es planificado desde mucho antes que sucediera, es acerca del Hijo de Dios, es el cumplimiento de las esperanzas del Antiguo Testamento y la venida del Mesías, el Hijo de David; y es acerca del levantamiento de Cristo quien salió triunfante de la muerte para Reinar como Hijo de Dios en Poder.

Con esta imagen de un gran Mesías triunfante, reinante y Señor ante nosotros, Pablo puede hablar ahora acerca de la gracia sobre las bases apropiadas. Él dice en el verso 5, “por quien recibimos la gracia.” En otras palabras, la gracia de Dios ha venido a Pablo a través del Señor Jesucristo quien había nacido como Hijo de David y fue levantado como Hijo de Dios en poder. Podríamos decir, según lo que Pablo dice, que la gracia fue obtenida para nosotros a través de la obediencia y muerte del Mesías encarnado (Romanos 3.24-25; 5.18-21); y que la gracia es vertida por el Hijo de Dios en poder, resucitado y reinante. No hay gracia para los pecadores sino a través de la muerte y resurrección de Jesucristo. El verso 5 dice simplemente que Dios da a través de Él, refiriéndose a “nuestro Señor Jesucristo” al final del verso 3.

Así que la gracia es una realidad que viene de Dios; y viene a través de Jesús y su obra por nosotros. No es algo que tengamos derecho. Jesús la obtuvo por nosotros. Nosotros la obtenemos  con confianza por la obediencia y muerte de otro.

¿Qué es Gracia?

La base de esto está en lo que Pablo dice sobre la relación entre la gracia y el ministerio en los capítulos 12 y 15. Por ejemplo, en el 12:6 Pablo dice, “teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada”. “Y en el 12:3 dice, “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros...” En otras palabras, la gracia es Dios habilitando para diversos ministerios a través de dones que él da, y el don de Pablo incluye hablar como un apóstol. Igualmente en el 15:15 b-16 Pablo dice, “Por la gracia que de Dios me es dada, para ser ministro de Jesucristo a los gentiles.” Así que concluyo con lo que dice en 1:5, “y por quien recibimos la gracia y el apostolado”, él quiere decir que Dios no solo lo salvó de sus pecados, sino que también le dio gracia para ser un portavoz autorizado para el resucitado Hijo de Dios en poder.

¿Cómo podemos obtener gracia?

¿Y cómo esto da a entender que Él se la dio? ¿Significa esto que Él la dio en respuesta a las buenas obras? No, Pablo dijo que el había sido apartado para el evangelio desde antes de nacer (Gálatas 1.15; Ro 1.1). La gracia no es la respuesta de Dios a nuestros méritos. La gracia es el regalo gratis de Dios dado antes que nosotros pudiéramos hacer algo bueno, y nos faculta para hacer cualquier cosa buena. Por ejemplo, en Romanos 4.4 Pablo dice, “Ahora, aquel que trabaja, su salario no le es abonado de acuerdo a la gracia, sino a la deuda” (mi traducción). En otras palabras, la gracia no es lo que usted obtiene cuando trabaja para alguien: eso es lo que se le debe. La gracia nunca es debida o merecida. Es siempre una bonificación gratis producto del desbordamiento de la bondad.

Por tanto, la gracia es siempre recibida a través de la fe, no ganada por obras. Usted solo puede recibir la gracia como un regalo y admitir que viene a usted gratis; usted no puede trabajar por ella o ganarla. Romanos 11.6 declara el principio: “Y si  [la elección es] por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.” La gracia no sería gracia si usted la ganara por sus obras. La recibimos a través de la fe. Simplemente recibiéndola como un regalo y confiando en ella.

Esta es la razón por la que Romanos 4.16 dice: “Por tanto [ser un heredero de la promesa], es por fe, para que sea por gracia”. Esta es la manera de Pablo de decir que la gracia es absolutamente gratis y no puede ser merecida. La gracia viene a usted a través de la fe o no viene.

La gracia tiene su propio poder. Usted no la trabaja. Ella es, de hecho, parte del poder referido en el verso 4, donde Pablo dice que Jesús “fue declarado Hijo de Dios con poder...  por la resurrección de entre los muertos”. La gracia no es solo perdón de nuestro pecado y misericordia en nuestra miseria, es también un poder divino que viene a través de Jesús totalmente gratis para el bien del ministerio. Pablo dice en Romanos 5.21: “aunque el pecado reinó en la muerte, aun así la gracia reina por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (mi traducción). La gracia es el poder de un rey: ella “reina” y guía poderosamente hacia la vida eterna mediante Jesucristo.

Así que hemos visto que la gracia es un poder de Dios para el ministerio (como el apostolado de Pablo). Es gratis y no puede ser obtenida o merecida. Es recibida como un regalo por medio de la fe, no alcanzada por obras.

El Resultado de Gracia

Ahora meditemos en las consecuencias de esto por un momento- para Pablo y para ustedes. Mencioné una de ellas la semana pasada. Cuando Pablo se llama así mismo, en el verso1, un “siervo de Jesucristo” y un “apóstol”, él quiere decir que él sirve al Cristo resucitado como apóstol. Pero ahora, por el versículo 5, nosotros conocemos algo absolutamente crucial sobre ese servicio: es dado y permitido por gracia. Él dice en Romanos 15:18: “Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí [ese es el poder de la gracia], para la obediencia de los gentiles” – que es la misma intención del 1:5. Pablo sirve a Cristo por la gracia con que Cristo sirve a Pablo.
Me detengo aquí porque si ustedes entienden esto rápido, el libro de Romanos se les abrirá como una flor. Y si no lo comprenden, el libro no tendrá sentido. Y me demoro porque esta es la esencia de cómo Dios quiere que vivan sus vidas. Dios quiere que lean el versículo 5 y al final, pongan sus llamamientos en el lugar de la palabra “apostolado”. El “Apostolado” es de Pablo – no es mío ni suyo. Usted pudiera poner, “por Cristo recibí la gracia y el ministerio de la enseñanza.” O: la gracia y el canto. O: la gracia y los estudios. O: la gracia y la soltería. O: la gracia y la viudez. O la gracia y maternidad. Y lo que estaría diciendo es que: “Dios gratuitamente me ha dado el perdón y el poder para desarrollar un llamamiento y cumplir un rol que acepto por fe.

No existe un rol en la vida, que pueda ser vivido de la manera que Dios desea, lejos de la gracia facilitadora. Ser una madre piadosa o un apóstol es imposible sin el poder de la gracia. Así que cuando Pablo dice, en 1ra a los Corintios 15.10, que todo su trabajo apostólico es por gracia, usted inserte su propio llamamiento: “Por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” El poder decisivo, habilitador para todo ministerio y todo servicio es la gracia de Dios.

Pablo es extraordinariamente celoso para exaltar la gracia en su propia vida y las de ustedes. Deberíamos unirnos a él en esto. El por qué de esto se vuelve más claro a medida que miramos las próximas dos frases de Romanos 1.5.

“La obediencia a la fe”

“Por quien [el Hijo de Dios resucitado en poder] recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe”. Así que la gracia no es solo recibida por fe, es dirigida hacia la fe. Dios da dones de gracia de manera que seamos sus instrumentos en traer “la obediencia a la fe”. Esto es lo que llamo el efecto de la gracia.

Ahora ¿Qué significa la frase “obediencia de la fe1”? Las dos opciones principales son: “la obediencia [que viene] de la fe” (NVI), o la obediencia que es la fe, porque el evangelio demanda fe. Como usted pudiera decir: “obras de valor” –obras que surgen por la valentía o “pedazo de madera” –el pedazo es madera. Ambas son metas (la fe y la obediencia que viene de la fe) son las verdaderas metas de Pablo en el ministerio. Y es bien difícil decidir cuál quiso representar para enfocarnos correctamente aquí.

Sin embargo, estoy conmovido por la interrogante de León Morris: Si Pablo solo quiere decir “fe”,  ¿por qué usa dos palabras para expresarla? (La Epístola a los Romanos [Grand Rapids: Eerdmans Publishing Company, 1998], p. 50). En otras palabras, si solo quiere decir, “recibimos la gracia y el apostolado, para dar lugar a la obediencia de la fe en todas las naciones”, entonces ¿por qué complicar el asunto y decir “la obediencia de la fe”? Creo que la respuesta es que él realmente quiere que pensemos no solo en la fe como obediencia, sino también en la obediencia de amor que la fe produce. (1 Timoteo 1.5) Veremos en el capítulo 6 que a Pablo le importa mucho el asunto de la obediencia cristiana. Y veremos en Romanos 9.32 que la obediencia es “por fe [no]... como por obras de la ley” Y veremos en el 14.23 que “todo lo que no proviene de fe, es pecado”. En otras palabras, en la mente de Pablo, toda verdadera obediencia es fruto de la fe.

Ahora, ¿por qué es esto? ¿Por qué toda verdadera obediencia viene de la fe? Espero que usted pueda ver la respuesta si compara lo que he dicho hasta ahora acerca de la gracia y la fe. Dios da gracia como el poder que habilita para el servicio, lo que significa que la gracia es el poder y la habilidad de la obediencia. Así que toda verdadera obediencia es hecha en el poder de la gracia, no en nuestro propio poder.

Pero ¿cómo recibimos y confiamos en la gracia? La respuesta es “por fe”. Así usted puede ver porque toda verdadera obediencia es el fruto de la fe. Es el fruto de la fe porque la gracia de Dios es dada para habilitar la obediencia, y la fe es la manera en que confiamos en la gracia, y por tanto la obediencia es el fruto de esa fe.

Así que lo que hemos visto hasta ahora es que Dios quiere ser el dador en esta relación. Dios quiere dar gracia. Dios quiere ser el manantial y la fuente de nuestro servicio, nuestra obediencia y nuestro ministerio –sea apóstol, o pastor, o estudiante, o madre o cualquier otro llamado. Dios pretende ser la fuente de la habilidad, concediendo gracia que sostiene. Nuestro trabajo es confiar en Él y actuar en confianza con Él. Esta es la esencia de la vida cristiana.

¿Por qué todo depende de la gracia, a través de la fe?

Y la última pregunta es ¿Por qué? ¿Por qué Dios establece que sea de esta manera –todo dependiendo de Su gracia a través de nuestra fe? Y la última frase en Romanos 1.5 da la respuesta: “por quien [Cristo] recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones [= personas] por amor de su nombre” La meta fundamental de todo lo que Dios hace es que Su nombre (o el nombre de Cristo, quien es Su imagen) sea conocido, admirado, apreciado y adorado por encima de todas las otras realidades.

Romanos 9.17 lo expresa así: “Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.” La meta de Dios en la historia y en todo lo que sucede es que Su nombre sea conocido y adorado. El verso 5 dice que el objetivo del apostolado de Pablo es “por amor de su nombre” –es decir que el nombre de Jesús (que es su carácter) pueda ser conocido, amado, atesorado, exaltado y glorificado.

Ahora, es por esto que Dios hace que nuestra salvación y todo nuestro ministerio y toda nuestra obediencia sean dependientes de Su gracia y hace que toda nuestra salvación, ministerio y obediencia sean el fruto de la fe en la gracia –porque el dador recibe la gloria. Si nuestro ministerio y toda nuestra obediencia son por la gracia a través de la fe, entonces Dios recibe toda la gloria y nosotros recibimos la ayuda. Si Pablo confía en sí mismo para servir como apóstol, y el efecto de su ministerio fuera causar la obediencia de obras, no la obediencia de fe entre las naciones, entonces el nombre de Cristo no sería adorado, sino el de Pablo.

El dador del poder, quien posibilita la obediencia, recibe la gloria. Este es el modo, 1ra de Pedro 4.11 lo dice: “si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén”. Usted ve cuan claramente Pedro establece la conexión: Dios recibe la gloria por nuestro servicio si Dios da la gracia para nuestro servicio, y solo si servimos por fe en esa gracia, en la fuerza de esa gracia y no en la nuestra.

Si Dios Busca Su Propia Gloria ¿Está Amando?

La pregunta decisiva que las personas a menudo hacen acerca de esta enseñanza bíblica es si un Dios que busca la gloria de su propio nombre es un Dios amante. El libro de Romanos provee dos respuestas a esta pregunta. Primero, en Romanos 10.13 Pablo dice: “porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Así que sí, para Dios imponer su propio nombre es amar, porque todo aquel que llama en ese nombre será salvado. Para Él no propagar y exaltar Su nombre, como nuestra única esperanza, sería ser un Dios poco amoroso.

Y la segunda respuesta es dada en Romanos 5.2b, cuando Pablo dice que mientras nos afirmamos en la gracia por la fe “nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”. En otras palabras la gloria de Dios es nuestra esperanza, nuestra salvación y nuestra gloria –nuestro gozo. No invocamos el nombre del Señor simplemente para obtener algo. Invocamos el nombre del Señor para que todo lo que nos separa del Señor sea vencido por la gracia de Dios y tengamos acceso al Señor mismo. “nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”. Por tanto, hacer que el nombre de Dios –que es la gloria de Dios- sea el propósito de toda Su gracia,  es amar, porque este es el propósito de todos nuestros anhelos.

¿Es éste –es Él- el propósito de todos sus anhelos? Si lo es, entonces el evangelio de la gracia  tendrá sentido y usted lo abrazará. Si no, clame en el nombre del Señor para que Él abra sus ojos para ver la luz del evangelio de la gloria de Cristo, la imagen de Dios (2da a los Corintios 4.4).

1 En la versión de la Biblia del inglés usada por el predicador la frase dice “obediencia de la fe”. Lo que es intercambiable con lo que dice la versión RVR 1960 “obediencia a la fe". Es por eso que el predicador desarrolla parte de su sermón en base a la preposición “de”.

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