Dejaron de alcanzar la gracia de Dios

Hebreos 12:12-17

Por tanto, fortaleced las manos débiles y las rodillas que flaquean, y haced sendas derechas para vuestros pies, para que la pierna coja no se descoyunte, sino que se sane. Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados; de que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú, que vendió su primogenitura por una comida. Porque sabéis que aun después, cuando quiso heredar la bendición, fue rechazado, pues no halló ocasión para el arrepentimiento, aunque la buscó con lágrimas.

Versículos de la semana pasada: 3-11

Note la palabra "Por tanto", al comienzo de este pasaje en el versículo 12. Esto significa que lo que vimos la semana pasada en los versículos 3-11 es parte del fundamento para las exhortaciones en los versículos 12-17. La idea centraL del texto de la semana era: + El dolor y los problemas que ustedes están enfrentando no son una señal de haber sido traicionados por Dios, sino del amor de Dios. Versículo 6: "el Señor al que ama, disciplina"

  • La persecución no es una señal de que Dios les trate como a enemigos, sino como a hijos. Versículo 7: "Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos”.

  • El sufrimiento no carece de significado, sino que está diseñado para el bien de ustedes y su santidad. Versículo 10: "Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad".

Por tanto. . .

Ya que el amor paternal de Dios diseña el dolor para el bien de ustedes y su santidad...

  • entonces, (versículo 12) " fortaleced las manos débiles y las rodillas que flaquean". . ."

  • por tanto (versículo 13) "haced sendas derechas para vuestros pies" y no vaguen por la vida cristiana, corran la carrera derecha. . .

  • por tanto (versículo 14) "Buscad la paz con todos y la santidad", es decir, ¡busquen la santidad que Dios está buscando en ustedes mediante Su disciplina! . . .

  • por tanto (versículo 15) "Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados. . ." Dios está obrando gracia para nosotros mediante Su disciplina; no yerre.

  • por tanto (versículo 16), no sea como Esaú quien vendió su primogenitura por una sola comida y después no pudo arrepentirse. No comercie el dolor de la disciplina de Dios por los deleites del mundo.

Todos estos mandamientos para que hagamos algo están fundamentados en algo que Dios ya está haciendo por nosotros y en nosotros. Tal como nos enseñó el capítulo 11, debemos hacer estas cosas "por fe", es decir, con la certeza de que Dios está por nosotros y de que está obrando para quienes confían en Él. En este texto no se nos está ordenando que hagamos cosas que harán que Dios nos adopte como Sus hijos. Se nos manda que actuemos como personas absolutamente convencidas de que ya estamos adoptados mediante la fe, y que nuestro Padre omnipotente nos ama, y de que las adversidades más dolorosas de nuestra vida son expresiones de Su disciplina amorosa y no de su venganza llena de odio.

Ésto es lo que significa el "por tanto" al comienzo del versículo 12: Dios está gobernando sobre las vidas de Su pueblo. La persecución y enfermedad y adversidad que soportamos son parte del diseño soberano de Dios para nuestro bien y santidad. Por tanto, fortalézcanse por esta verdad, y únanse a Dios en la búsqueda de la santidad que Él diseñó, beban de Su gracia, no desprecien su primogenitura como hijo de Dios al decir: "Al infierno con estos sufrimientos; si es así como Dios es, entonces regresaré a Egipto" (vea 11:25-26).

¿La disciplina de Dios es un castigo?

Ahora, quizá ayude a que usted reciba esta enseñanza si trato de responder una de las preguntas que las personas me preguntaron después del mensaje de la semana pasada. La pregunta más común era: "¿Es la disciplina de Dios, en los versículos 3-11, un castigo? ¿Estamos siendo castigados cuando somos perseguidos, o cuando estamos enfermos o atribulados?”

Respuesta: este libro enseña que Cristo murió por nuestros pecados. Hebreos 9:28: "Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos”. Cristo llevó el castigo por nuestros pecados. Como dice Isaías 53:5: "Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades”. Por tanto, sería errado pensar en el dolor que nos ocurre ahora como un segundo castigo de Dios por nuestros pecados: como si los pecados fueran castigados una vez en el sufrimiento de Cristo y una vez en nuestro sufrimiento. Esa perspectiva de nuestro sufrimiento deshonraría el sufrimiento de Cristo.

Por el contrario, debemos pensar que el sufrimiento de Cristo por nosotros ha cambiado nuestro sufrimiento, por algo absolutamente diferente al castigo ordinario. Así como la muerte de Cristo por nosotros ha cambiado nuestra muerte en algo absolutamente diferente: "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón? (1ra a los Corintios 15:55). La muerte de Cristo por nosotros ha quitado el aguijón de la muerte; y el sufrimiento de Cristo por nosotros ha quitado el castigo por nuestro sufrimiento. ¿Qué queda entonces para la disciplina si se le ha quitado el elemento castigo? La respuesta es que queda la purificación, y el entrenamiento y la profundización y la sensatez y el refinamiento.

Es por esto que terminamos el servicio de la semana pasada con el verso de "Cuán firme cimiento".

No habrán de anegarte las olas del mar, si en aguas profundas te ordeno salir, pues siempre contigo en angustias seré.

La llama no puede dañarte jamás, Si en medio del fuego te ordeno pasar, El oro de tu alma más puro será, pues solo la escoria se habrá de quemar [Tr. Vicente Mendoza, Nuevo Himnario Popular].

La meta de Dios para nosotros es una fe más profunda y santidad

En otras palabras, el propósito de Dios en la disciplina no es, en un sentido final, herirnos, aunque ella nos hiere temporalmente (Hebreos 12:11). Su propósito no es punitivo, no es venganza, no es una justicia retribuida; es la purificación y el refinamiento. ¿Cómo debiéramos sentirnos entonces cuando somos perseguidos o traicionados o afligidos por la enfermedad? Debiéramos sentir que Dios nos ama y que Él conoce la mejor terapia para purificarnos y refinarnos y hacernos más profundos y fortalecer nuestra fe y santidad. Hay, sin lugar a dudas, hábitos particulares de pecado que necesitan ser arrancados de raíz en nuestras vidas. Pero quizás, el dolor es diseñado en general, solo para llevarnos hacia una fe más profunda y una santidad más profunda.

Digo esto en parte a causa de Hebreos 5:8, donde el escritor dice de Jesús, quien era sin pecado (Hebreos 4:15): "aunque era Hijo, aprendió obediencia por lo que padeció". El propósito de Dios en el sufrimiento de Su Hijo no era solo que Él pudiera llevar nuestro castigo, sino que Él mismo aprendiera las profundidades y dimensiones de la fidelidad y la obediencia que no podrían aprenderse de otra forma. Si fue así para el Hijo de Dios, ¡cuánto más lo será para nosotros!

Tome una ilustración de la vida de Pablo: En 2da a los Corintios 1:8-9, él describió una experiencia dolorosa que tuvo en Asia: "Porque no queremos que ignoréis, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia, porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte, a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos". Ahora, esta ilustración muestra el propósito de Dios en la aflicción de Pablo.

¿Cuál es? Esto ha ocurrido, dice, "a fin de que [note el propósito o diseño] no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos". Aquí la "disciplina" de Dios no está relacionada con algún pecado que Pablo cometiera. Está relacionada con una profundización de la fe. Todos tendemos a confiar en los recursos humanos para sentirnos seguros y felices. Así que, algunas veces, Dios nos despoja (o a alguien cerca de nosotros), de todos esos recursos " más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida". El propósito no es el castigo, sino un descanso radical, absoluto, solo en Dios para nuestra esperanza, aun frente la posibilidad de morir. El propósito supremo de la disciplina de Dios en el momento de la muerte es la confianza simple, humilde, como de un niño, "en Dios que resucita a los muertos".

Así que la respuesta a la pregunta de la semana pasada es: No, la disciplina de Dios no es lo mismo que un castigo. * La idea general es, de nuevo, que Dios es el Padre de Su pueblo; Él nos ama más allá de toda imaginación, Él no está mirando pasivamente mientras somos lacerados, y luego arregla nuestras heridas en la sala de emergencias de la vida; Él es el cirujano infinitamente sabio que diseña cómo nos operará para profundizar nuestra fe y hacernos santos.

Comprendiendo que la disciplina de Dios nos ayuda a correr nuestra carrera

Ahora, ¿por qué nos dicen todo esto? Esto es más de lo que algunas personas quieren saber sobre Dios. Es perturbador para algunos y les causa problemas en sus mentes. La respuesta es que Dios quiere que seamos ayudados por este entendimiento al correr la difícil carrera de la vida cristiana radical. Note que el texto de la semana pasada (12:3-11) está expuesto entre dos exhortaciones para que corramos bien y en una senda derecha y para que no nos desgastemos o inhibamos. Tiene el propósito de ayudarnos a correr.

Recuerde Hebreos 12:1b: "Despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante". Así que la vida cristiana es una carrera que debemos correr, y hay pecados que debemos abandonar y pesos que arrojar. El peligro que esta iglesia enfrenta se menciona en el versículo 3: "Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón". Ellos estaban cansándonse y desanimándose. ¿Por qué? Porque la vida es dura. Hay persecución, y hay adversidad de todo tipo, y hay enfermedad.

Es esta la razón por la que existen los versículos 3-11. Dios quiere que comprendamos una razón crucial por la cual la vida es dura. ¿Por qué la adversidad? ¿Por qué la prisión (11:34)? ¿Por qué esas atrocidades contra el pueblo de Dios? ¿Por qué la enfermedad? ¿Por qué Dios simplemente no lo arregla? Sin los versículos 3-11, este escritor piensa que el cansancio y el desánimo llevarán las de ganar. Note la relación entre el versículo 3 y el versículo 12 (para ver entre qué frases está la declaración). En el versículo 3, la exhortación es que "no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón." En el versículo 12, la exhortación es "fortaleced las manos débiles y las rodillas que flaquean”. Es la misma preocupación antes y después de la enseñanza de la disciplina de Dios.

Note la relación entre los versículos 1 y 13. El versículo uno nos llama a correr "con paciencia la carrera que tenemos por delante", y el versículo 13 dice: "haced sendas derechas para vuestros pies”. En otras palabras, el propósito de toda esta enseñanza sobre la disciplina de Dios en nuestro sufrimiento es que no nos rindamos en la carrera, que no caigamos exhaustos desanimados o nos desviemos hacia un sendero más fácil.

Aquí se asume que conocer lo que Dios está haciendo en nuestro sufrimiento (que de hecho es el Dios soberano, amoroso, quien ha obrado en todo esto para nosotros), es la clave para perseverar en la carrera de la vida cristiana santa.

¿Cómo es que la disciplina de Dios nos ayuda a perseverar?

Él nos da un par de ejemplos sobre cómo están relacionados ambos elementos; cómo es que se relacionan el propósito de Dios en nuestro sufrimiento y lo que debemos buscar en la carrera. Vea el primero en el versículo 14: "Buscad la paz con todos y la santidad [o santificación], sin la cual nadie verá al Señor”. Note las palabras "paz" y "santidad" (o "santificación"). Correr la carrera significa buscar la paz y buscar la santidad. Ése es el sendero estrecho que nos guía hacia la vida, a ver al Señor.

¿Pero cómo es que la disciplina de Dios en nuestras vidas en medio del sufrimiento nos ayuda a perseverar en ése sendero? Vea el versículo 10b: "El [Dios] nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad". La santidad es lo que Dios busca en nosotros mediante nuestro sufrimiento. Y la santidad es lo que debemos buscar en nuestra carrera. Y la relación es "Por tanto" (versículo 12). Él busca nuestra santidad; por tanto nosotros buscamos la santidad. No lo estamos haciendo por nuestra cuenta. Dios está obrando en nosotros (Hebreos 13:21), y nosotros debemos unirnos a Su propósito soberano. Debemos ser poderosamente animados para hacerlo (vea Filipenses 2:12-13).

Y note el versículo 11 "Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia”. Vea la palabra "apacible". Este versículo es paralelo con la exhortación en el versículo 13: "Buscad la paz con todos”. ¿Y cuál es la relación? "Por tanto" En toda su adversidad, Dios está obrando diseñando un fruto apacible de justicia. Por tanto, busquen la paz. No al revés. Dios está obrando, así que usted cobra ánimo y se esfuerza. Dios está buscando su apacibilidad y su paz. Por tanto, usted fortalece sus manos y busca la paz.

Confiando que Dios ya está obrando en nosotros

Esta es casi la esencia de la vida cristiana. Los mandamientos de Dios no nos son dados para que logremos que Dios actúe por nosotros. Nos son dados para que podamos confiar en qué, incluso en nuestros momentos más difíciles, Dios ya está obrando por nosotros para lograr los mismos mandamientos que nos ordena. Yo estoy diseñándolo todo para que produzca tu santidad en medio de todo tu dolor. . . por tanto, busca la paz. Tengo el propósito de producir tu paz en medio de todo tu dolor, dice el Señor. . . por tanto, busca la paz.

O como dice el versículo 15: Estoy derramando gracia en tu vida mediante mi disciplina paternal. . . por tanto, no dejes de alcanzarla. No yerres.

Y luego sigue la advertencia de Esaú. Él la perdió. Versículo 16b: "[Esaú] vendió su primogenitura por una comida". Es decir, él miró hacia el sendero estrecho que guía hacia la vida y vio adversidad y hambre, y en lugar de creer que Dios estaba en él, y obrando para su bien, como un Padre amoroso y que disciplina, él vendió su primogenitura por una sola comida y abandonó la carrera. Y lo terrible de todo es que no pudo regresar. Versículo 17: "Porque sabéis que aun después, cuando quiso heredar la bendición, fue rechazado, pues no halló ocasión para el arrepentimiento, aunque la buscó con lágrimas”.

Él trató de arrepentirse y no pudo. Había ido demasiado lejos (Vea 1ra de Juan 5:16). Dios perdonará todo arrepentimiento genuino, no importa lo que usted haya hecho. Pero hay un endurecimiento contra Dios que va más allá del límite y no puede arrepentirse. Y esto tiene el propósito de ser una advertencia muy sobria.

Despójese de todo peso para correr la carrera

Así que este es el resultado del problema: Hebreos 12:1 dice que debemos correr la carrera de la vida cristiana sin importar cuán difícil sea el curso. Para ese fin, despójese de todo peso y de todo pecado. Busque la paz. Busque la santidad. No permita que su sufrimiento le desanime y le haga caer o ser tentado a abandonar la carrera. No olvide que en todo su sufrimiento, su Padre está al mando, y le ama y diseña para usted y en usted lo mismo que Él le llama a buscar. No sea como Esaú quien no pudo apartar ni siquiera una simple comida, sino que comerció con su alma.

Por tanto, así es como quiero terminar este servicio y estos tres últimos sermones sobre las adversidades de nuestras vidas. Hay "pecados", "pesos", y "comidas" a los que necesitamos renunciar. Les invito a tomar un momento y buscar la revelación de Dios en cuanto a lo que ellas son en nuestras vidas. Escríbalos en panfleto de la carpeta de adoración, comprométase usted mismo a renunciar a ellas, ore por la gracia de Dios en tiempo de necesidad, y simbólicamente arrójelos en el recipiente al salir.

¡Que Dios nos dé una fe profunda, inconmovible en su soberanía amorosa, para que corramos y no nos agotemos!

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