La fe y la imputación de la justicia

Por lo cual también su fe le fue contada por justicia. 23 Y no sólo por él fue escrito que le fue contada, 24 sino también por nosotros, a quienes será contada: como los que creen en aquel que levantó de los muertos a Jesús nuestro Señor, 25 el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado por causa de nuestra justificación.

¿Qué Significa le Fue “Contada”?

Quiero analizar un último tema antes de dejar el capítulo cuatro de esta gran carta a los Romanos. Está en el versículo 22: “Por lo cual también su fe le fue contada por justicia [a Abraham]”. De modo que la fe es contada como justicia. Esto lo vimos en el versículo 3: “Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado [esta fe] por justicia”. Y en el versículo 5 vimos: “Mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia”. Lo vimos en el versículo 9b: “A Abraham, la fe le fue contada por justicia”.

Ahora bien, ¿qué quiere decir esto? ¿Quiere decir acaso que la fe es en sí misma la justicia que manifestamos, y que Dios la considera lo suficientemente buena como para que cuente para justificación, o más bien, la considera como nuestra parte en la justificación? ¿Pablo quiere decir que la justificación, digamos, cuesta cinco millones de dólares, y que yo puedo llegar solo con un millón (o sea, con la fe), para que misericordiosamente Dios diga que considera mi millón como si fueran cinco y cancele el resto? Esto haría que mi fe se convirtiera en la justicia que me es imputada, o en una parte significante de ella. Entonces la justificación sería como si Dios reconociera en mí, una justicia que él mismo colocó allí, que la reconoce y la considera por lo que es realmente ¿A esto se refiere Pablo cuando dice, “la fe es contada por justicia”?

¿O más bien diría que la justificación es algo muy diferente?, no es que Dios vea justicia en mí, sino que él me acredita su propia justicia por medio de la fe en Cristo. Y de ser así, ¿qué significa que la fe nos es contada por justicia?

¿Y Por Qué Es Importante?

Antes de responder, permítanme decirles por qué, justo antes de empezar con el capítulo cinco (Dios mediante, la próxima semana), estoy dedicando un sermón completo a esta pregunta.

Primero, es importante porque la frase tiende mucho a ser malinterpretada: “…la fe le fue contada por justicia”, parece como si la fe fuera valorada como justicia. Pero estoy convencido de que esto no es lo que quiere decir.

Segundo, es importante porque Pablo dedica demasiado tiempo, un capítulo completo, a esta frase en Génesis 15:6. Como si «malinterpretarla», significara malinterpretar algo muy importante, y es cierto ¿Nuestra postura legal de ser justos delante de Dios está basada en lo que somos o en lo que es Dios? Puede que ustedes no perciban por qué esto es tan importante, pero lo es. De ello depende la abundancia de la gloria y la gracia de Dios en nuestra justificación, así como la plenitud del disfrute de nuestra paz en esa justificación. Y no solamente la nuestra, sino la de todos aquellos a los que usted debiera bendecir con el evangelio. Así que en esta pregunta, está en juego la gloria de Dios y la paz nuestra.

“Imputación”— Entendamos Esta Palabra Tan Importante

Tercero, es importante porque Efesios 4:14 dice que la meta de mi ministerio debe ser que “…ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina”. Mi deseo es que usted sea fuerte, estable, y maduro. En particular, quiero que conozca la doctrina de la imputación de la justicia de Dios en Cristo. Yo sé que “imputación” es una palabra inusual. Pero es la que ha sido utilizada durante miles de años para describir la verdad de que Dios nos “imputa” su justicia por medio de la fe, a causa de la obediencia de Cristo ¿Por qué negar lo que ha estado fortaleciendo a decenas de miles de grandes cristianos durante siglos —la “imputación” de la justicia de Dios en Cristo? Esta es una verdad gloriosa que cambiará su vida, si usted la ve y se deleita en ella por lo que realmente es.

“Imputación” no es lo mismo que “impartición”, Dios nos imparte dones y frutos del Espíritu Santo, a fin de que los tengamos y crezcan en nosotros, y de que sean nuestros. Pero la esencia de esta impartición de gracia por medio del Espíritu, está fundamentada sobre una base más sólida, es decir, la imputación, que es una obra de Dios por encima de nuestra obra: es la propia justicia de Dios, que no nos es impartida, sino imputada. Atribuida, como dice Romanos 4:6, otorgada. Reconocida como nuestra. Como pastor me pregunto, ¿por qué en Bethlehem negaríamos el conocimiento de esta gran doctrina que ha sostenido a los santos durante siglos? ¿Debemos ceder ante el pragmatismo moderno de que la doctrina no es práctica? Y me respondo: no debemos.

Cuarto, es importante porque la experiencia del pueblo de Dios a través de los siglos, ha mostrado que esta verdad es un gran tesoro que saca a las personas de la oscuridad y de la incredulidad, para traerlas a la luz de la esperanza y el gozo en Cristo. Un ejemplo es Juan Bunyan, el escritor de El Progreso del Peregrino, quien luchó terriblemente antes de llegar a establecerse en la fe como cristiano.

Él escribió:

Un día, mientras paseaba por el campo, esta oración derribó mi alma. La justicia de Dios está en el cielo. Y me pareció, además, ver con los ojos de mi alma a Jesucristo a la diestra de Dios, en ese momento, dije: él fue mi justicia; así que donde quiera que yo esté o cualquier cosa que esté haciendo, Dios no puede decir de mí: «A él le falta mi justicia»; porque la justicia de Dios está siempre delante de mí. También vi, por otra parte, que no era la buena disposición de mi corazón la que determinaba que mi justicia fuera mejor, ni tampoco era mi mala disposición la que determinaba que mi justicia fuera peor, sino que mi justicia era el mismo Jesucristo, “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8).

Ahora sí se rompieron las cadenas de mis pies. Ahora sí fui liberado de mis aflicciones y grilletes; ahora sí desaparecieron mis tentaciones; así que en este momento, esas temibles escrituras de Dios dejaron de inquietarme; ahora que se han ido, yo también regreso a casa regocijándome en la gracia y el amor de Dios. (John Bunyan, Grace Abounding to the Chief of Sinners, [Hertfordshire: Evangelical Press, 1978, orig. 1666], pp. 90-91)

Quizás la forma más elocuente en que se puede decir esto es: Me tomo mi tiempo explicando el tema de la justicia de Dios imputada en Cristo, porque cuando usted esté en su lecho de muerte, quiero ser capaz de mirarle al rostro y recordarle una de las palabras más reconfortantes del mundo, y mantenerle regocijado cuando entienda la profundidad bíblica de las siguientes palabras: «Recuerde, Cristo es su justicia. Cristo es su justicia. Su justicia está en el cielo. Es la misma ayer, hoy, y por los siglos. La justicia de Dios no mejora cuando la fe de usted se fortalece. No empeora cuando su fe es débil. La justicia de Dios es perfecta. La justicia de Dios es Cristo. Deje de mirarse a sí mismo y descanse en él».

Y no quiero que aprecie esto solo por el bien de su muerte, sino también por el bien de su evangelismo, y por el bien de sus misiones. El evangelio es poder de Dios para salvación, dice Pablo en Romanos 1:16-17, porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe. Pablo dice que el evangelio tiene poder porque es precisamente poder lo que en él se revela. Quiero que el pueblo de Maninka de Guinea escuche y crea. Y los uzbekos, y los kazakos, y los Sukumies, y los somalíes; y sus hijos, y sus padres, y sus vecinos, y sus colegas.

¿Quiere Pablo Decir Que Nuestra Fe Es Nuestra Justicia?

Mi respuesta es no, cuando Pablo dice “la fe es contada por justicia”, no se refiere a que nuestra fe sea nuestra justicia, o a que forme parte alguna de nuestra justicia justificadora. Él dice que la fe es lo que nos une a Cristo y a todo lo que Dios es para nosotros en Cristo Jesús. Cuando Dios ve en nosotros fe en Cristo, ve unión a Cristo. Y cuando él ve unión a Cristo, ve la justicia de Cristo como nuestra. Así que la fe nos conecta con Cristo, quien es nuestra justicia, y en ese sentido, la fe es contada como justicia. La fe ve y disfruta todo lo que Dios es para nosotros en Cristo, especialmente su justicia. Así obra la fe.

Ahora bien, ¿cuál es la base bíblica de esta interpretación? John Owen, en el volumen cinco de sus Obras (pp. 318-319) escribe cinco argumentos, y John Murray en sus comentarios sobre Romanos escribe nueve argumentos (pp. 355-359) explicando por qué “la fe es contada por justicia” no quiere decir que la fe sea nuestra justicia. Les comentaré algunos.

  1. Observe que al final del versículo 6 y del versículo 11 en Romanos 4 hay una manera muy diferente de expresar la «imputación» o acreditación. Al final del versículo 6 dice: “Dios atribuye justicia sin obras”. Al final del versículo 11 dice, “...a fin de que la justicia también a ellos les fuera imputada”. Observen esto: en ambos versículos, la fe no se acredita a la justicia, sino que la justicia se acredita a nosotros. No dice: «Dios acredita la fe como justicia», dice: «Dios acredita justicia». Esto nos anuncia la posibilidad de que cuando Pablo dice: “la fe es contada por justicia”, bien puede querer decir: «Dios nos acredita la justicia por medio de la fe».
  2. Examinen Romanos 3:21-22: “Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, atestiguada por la ley y los profetas; 22 es decir, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen”. Observen que es la justicia de Dios la que viene a nosotros por medio de la fe. La fe nos une a la justicia de Dios. La fe no es la justicia de Dios.
  3. 2da a los Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, [Dios] le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El”. Aquí tenemos una doble imputación. Dios imputa nuestros pecados a Cristo, que no conoció pecado. E imputa la justicia de Cristo a nosotros, que no teníamos ninguna justicia propia. Las frases claves para nosotros son “justicia de Dios” y “en él”. Aquí no estamos obteniendo nuestra justicia sino la justicia de Dios; y la obtenemos no porque nuestra fe sea justa, sino porque estamos “en Cristo”. La fe nos une a Cristo, y en Cristo tenemos una justicia que no es nuestra, es la justicia de Dios en Cristo. Él toma nuestro pecado, nosotros su justicia.
  4. Considere 1ra a los Corintios 1:30. Juan Bunyan dijo que después de esa experiencia en el campo donde la justicia imputada de Cristo lo golpeó tan poderosamente, fue a la casa y buscó apoyo bíblico. Encontró por casualidad 1ra a los Corintios 1:30: “Mas por obra suya [de Dios] estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, y santificación, y redención”, Bunyan dijo, “vi que Jesucristo... es nuestra justicia y santificación ante Dios. Por lo cual he vivido aquí, al menos por un tiempo, en una muy dulce paz con Dios, por medio de Cristo” (Grace Abounding, Abundando en Gracia p. 91).

Cristo es Nuestra Justicia

El texto dice que Cristo se volvió “justicia” para (o por) nosotros. Y en ese sentido Cristo es nuestra “justicia” porque estamos en él. «Usted está en Cristo Jesús quien se hizo justicia... para nosotros». Cristo es nuestra justicia, no la fe. La fe nos une a Cristo y a todo lo que Dios es para nosotros en él. Dios es justicia para nosotros en Cristo.

Entonces, ¿cuál es la esencia de esta verdad? Cuando Pablo dice en Romanos 4:22 (y en los versos 3,5 y 9) que la “la fe es acreditada por justicia” no quiso decir que nuestra fe es nuestra justicia, sino que nuestra fe nos une a Cristo a fin de que la justicia de Dios en Cristo nos sea imputada.

Les presento una analogía muy imperfecta, pero me arriesgaré con la esperanza de lograr una mayor comprensión. Supongan que le digo a Barnabás, mi hijo de dieciséis años: «Limpia tu cuarto antes de irte para la escuela. Tienes que tener el cuarto limpio, o esta noche no podrás ir a ver el juego». Bien, supongan que se le olvida y va para la escuela sin limpiar la habitación, e imaginen que descubro el cuarto desordenado, y lo limpio. Su tarde se termina, y llega a casa justo antes de la hora de irse para el juego. Entonces se da cuenta de lo que ha hecho y se siente terrible. Se disculpa y humildemente acepta las consecuencias.

A lo cual digo, «Barnabás, voy a contar tus disculpas y tu sometimiento como si tu habitación estuviera limpia. Te dije: «Debes tener el cuarto limpio, o no podrás ir a ver el juego esta noche. Está limpio. Así que puedes ir». Cuando digo que: «cuento tus disculpas como si la habitación estuviera limpia», no significa que la disculpa haya limpiado la habitación. Barnabás no la limpió realmente. La limpié yo, fue pura gracia. Es decir, en mi manera de ver las cosas –por mi gracia- sus disculpas lo conectan a la promesa que le hice si limpiaba la habitación. Está limpia como si lo hubiera hecho él. Yo se lo acredito a él. O cuento sus disculpas como si hubiera limpiado la habitación. Pueden decirlo de las dos formas, porque Pablo dice: “la fe le fue contada por justicia” y “la justicia de Dios [es] por medio de la fe en Jesucristo”.

De modo que cuando Dios dice a quienes creen en Cristo: «Yo cuento la fe de ustedes como justicia», no se refiere a que la fe sea nuestra justicia. Él se refiere a que la fe nos vincula con la justicia de Dios.

Paz, Seguridad, y Libertad

¿Qué cambio debe producir esta verdad en nuestras vidas?

Para Martín Lutero y para Juan Bunyan, el descubrimiento de la justicia imputada de Cristo fue la experiencia más transformadora y más grandiosa que jamás experimentaran. Lutero dijo que era como entrar a un paraíso de paz con Dios. Para Bunyan fue el fin de años de tortura espiritual e incertidumbre ¿Qué no daríamos por saber con seguridad, si nuestra aceptación y aprobación legal ante Dios, son tan seguras como la posición de Jesucristo, su Hijo?

Es gratis, Cristo vino al mundo a cumplir una justicia, y a morir una muerte que quitara todos nuestros pecados, a convertirse en justicia perfecta para nosotros. Él, en el día de hoy, les ofrece su justicia como regalo. Si usted cree que él es verdadero y precioso, si acepta el regalo y confía en él, tendrá una paz con Dios que sobrepasará todo entendimiento, será salvo. No necesitará la aprobación de otros. No necesitará las riquezas para sustentar su ego o el poder de la venganza. Será libre. Irradiará amor. Entregará su vida a la causa de Cristo por el gozo que verá delante de sus ojos. Mire a Cristo y confíe en él como su justicia.

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