He visto al Señor

Día de resurrección

Cuando estaba en la universidad, hace unos 40 años, las discusiones acerca de si Jesús resucitó histórica y corporalmente de entre los muertos, eran más prominentes y más intensas que hoy. Había un consenso ampliamente aceptado entre los creyentes y los no creyentes, generalmente en Norteamérica, de que era verdaderamente importante definir ese asunto. Usted adoptaba una posición (creía en la resurrección, o no) y si la creía, entonces generalmente creía en el resto de la Biblia y se llamaba a sí mismo cristiano. Y si no creía, entonces intencionalmente era un no-cristiano.

Hoy, esa cuestión, ese debate - ¿Verdaderamente Jesús resucitó corporal e históricamente de entre los muertos? - no es tan prominente o tan intenso porque, en cierto nivel, las personas sienten que no les importa—creen cuestiones diferentes—quizás sucedió, quizás no; y si sucedió o no, y ello me permite seguir adelante en la vida, perfecto; pero realmente no es una gran diferencia para mí. Yo puedo, o no, llamarme cristiano, y si la resurrección me parece útil, quizás la crea, y si no me es útil, entonces no; y no creo que haya un cuerpo que deba decirme que tengo que creerlo.

Dos Tipos de Incredulidad

Detrás de esos dos tipos de incredulidad (el tipo de incredulidad que veíamos unos 40 años atrás, y el tipo de incredulidad que vemos en la actualidad) hay dos tipos de suposiciones diferentes. Por ejemplo, en los días de mi universidad, la suposición resistía bastante, aunque comenzaba a ceder por el surgimiento del existencialismo; que planteaba que hay leyes naturales cerradas, firmes, que hacen que el mundo sea comprensible y científicamente manejable, y estas leyes no permitían la verdad de que alguien reclamara haber resucitado de entre los muertos para vivir para siempre. Era una suposición común: el mundo moderno con su comprensión científica de las leyes naturales no permite las resurrecciones. Así que la incredulidad estaba enraizada a ese tipo de suposición.

Pero ahora, esa no es la suposición más común. Hoy la suposición no es que hay leyes naturales superiores a mí prohibiéndome la resurrección de Jesús, sino que hay una ley personal dentro de mí que dice: no tengo que adaptar mi vida a nada que no sea útil. O, pudiera decirse de otra manera: La verdad para mí es lo que yo encuentro aceptable y útil.

Lo que Realmente Importa

Ahora, con esa suposición posicionada, y con esa ley interior establecida, no importa si Jesús resucitó de entre los muertos, porque, si lo hizo o no, mi problema es: "¿me importa? ¿Me es útil esa idea? ¿Siento que me ayuda a crecer como ser humano? Y si me parece que no lo hace, entonces la veré de la misma forma en que veo a los OVNIS y a la posible vida en otras galaxias: realmente no necesito preocuparme. Si te ayuda, bueno; pero no me presiones."

Algunos de ustedes piensan de esa manera sin siquiera darse cuenta. Ustedes simplemente lo han absorbido de la cultura, pues esa forma de pensar está entretejida en la mayoría de los programas de televisión y en los anuncios, filmes y currículos educacionales modernos.

Así que lo que estoy tratando de hacer es elevar, en todos, el nivel de consciencia de cómo examinamos las realidades que vienen cada día a nosotros. Y mi esperanza es que cuando yo les hable de la resurrección de Jesús, ustedes, con una consciencia intensificada, no se dejarán llevar tan fácilmente por las suposiciones modernas de hace 40 años, o por las suposiciones post-modernas de hoy; sino que, con la ayuda de Dios, tendrán una preocupación sincera por lo que realmente les importa (y no se dejarán llevar simplemente por lo que la naturaleza o sus propios corazones le dicen que importa).

Pablo en La Colina de Marte

En un momento iré a Juan 20, pero permítanme comenzar con un sermón que el apóstol Pablo predicó a los amantes de la filosofía en la Colina de Marte, en Atenas, unos 20 años después de la muerte de Jesús. Se encuentra en Hechos 17 y termina así:

Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan, porque El ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos. (Hechos 17:30-31)

En ese punto del sermón, sus oyentes le interrumpieron y se burlaron de él a causa del clamor de que Jesús había resucitado de entre los muertos (lo que es muy significativo, porque indica que la sorprendente expansión del cristianismo en los primeros años no ocurrió en un mundo crédulo que pensaba que las resurrecciones eran algo normal.

Un Día le Importará

Pero note lo que Pablo dijo: Dios llama a todo el mundo al  arrepentimiento, porque todos hemos pecado en su contra- es decir, no le hemos atesorado sobre todas las cosas. Somos idólatras de facto. Este arrepentimiento es urgente porque Dios va a juzgar al mundo en justicia perfecta. Y lo hará mediante un hombre, Jesucristo. Jesús, un día, será el juez de todo hombre. Cada ser humano estará delante del Dios-Hombre vivo: Jesús. Ninguna de nuestras excusas funcionará en esa corte. Todos seremos culpables a menos que hayamos confiado en Cristo como nuestro Salvador, Autoridad y Tesoro.

Esta palabra del apóstol Pablo llega llena de fuerza, con amor, enfrentando la suposición contemporánea de que "aun si Cristo resucitó de entre los muertos, realmente no me importa, porque no me parece útil." Pablo está diciendo: aunque no te parezca útil, será importante para ti. El juicio de Dios sobre el mundo mediante Jesucristo no es como la posible vida en otras galaxias; es como la muerte, se está acercando. Decir que no nos importa es como cerrar nuestros ojos y decir que la luz no existe porque detrás de nuestros párpados hay oscuridad.

Lo último que Pablo dice en su sermón en Atenas es: Dios ha "presentado pruebas (o garantías, o evidencias) a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos" ¡A todos! En otras palabras, la resurrección de Jesús está diseñada por Dios para ser una garantía o prueba global de que nuestro arrepentimiento es necesario.

La Resurrección Conocida Mediante Testigos

¿Cómo lo hace cuando han pasado 20 años, o 20 siglos? La respuesta es que Dios siempre quiso que la resurrección fuera conocida y creída mediante los testigos humanos. Esto no controla la obra del Espíritu quien nos abre los ojos. Pero siempre es mediante testigos. No hay grabaciones en cinta, no hay cámaras de video, no hay fotografías. Cuando ocurrió, Dios lo organizó de modo que hubiera testigos, y de que Jesús apareciera delante de ellos en suficientes lugares para que estuvieran plenamente convencidos de esta realidad, y pudieran decirlo a otros, y luego escribirlo para que nosotros lo leyéramos.

Cuando Pablo dice: "Él (Dios) ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos," quiere decir que el testimonio de los que le vieron se esparcirá por todo el mundo, y será una garantía válida de fe, una seguridad válida de que realmente ocurrió la resurrección.

La Manera en que Dios Determinó que Supiéramos

Esta es la forma en que lo presenta otro testigo ocular. El apóstol Pedro, en un sermón predicado unos 8 o 10 años después de la resurrección de Jesús dijo:

A éste Dios le resucitó al tercer día e hizo que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por Dios, es decir, a nosotros que comimos y bebimos con Él después que resucitó de los muertos. (Hechos 10:40-41)

En otras palabras, el plan intencional de Dios no era que el Cristo resucitado fuera visto por todos, ni siquiera en la época en que ocurrió. Tampoco lo es hoy, ¡por mucho que quisiéramos que fuera así! Su plan intencional es: Él apareció repetidamente y con muchas pruebas (Hechos 1:3) a un grupo limitado de personas que tenían la tarea de ser testigos en lo que decían y escribían para que todo el que escuchara o leyera este testimonio pudiera conocer la certeza que Dios había provisto para el mundo en la resurrección de su Hijo. Así es como Dios determinó que supiéramos.

Es lo que tenemos en Juan 20 - el testimonio de lo que Juan vio con sus ojos con relación a las apariciones de Jesús después de la resurrección. Es lo que tenemos en Mateo 28 - el testimonio de lo que Mateo vio con sus ojos; Lucas 24 - Lucas no fue un testigo ocular pero vivió y viajó con Pablo, quien lo fue, y habló a muchos otros (Lucas 1:2); Marcos 16 - así mismo escuchamos el eco del testimonio de Pedro en Marcos, y de la propia vida de Marcos como joven viviendo en Jerusalén; y así mismo vemos en otros escritos del Nuevo Testamento.

Juan, el Testigo

Este reclamo es visible desde cualquier ángulo que se vea a Juan 20. Vea Juan 19:35.  En medio de la crucifixión de Jesús, Juan irrumpe y dice: "Y el que lo ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis." Esto es lo que Pablo quiso decir: El mundo puede conocer lo que sucedió en esas últimas horas porque hubo testigos, y ellos dieron testimonios y hay formas de probar el testimonio de los testigos.

O vea a Juan 21:24: "Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y el que escribió esto, y sabemos que su testimonio es verdadero." El propósito de este versículo es mostrar que la historia está siendo contada por un testigo ocular. No es un rumor. Y su testimonio puede ser comparado con otros del Nuevo Testamento.

Por tanto, permitámosle que nos testifique. Y ustedes juzguen por sí mismos (Lucas 12:57) si estas cosas son ciertas.

"Se Han Llevado al Señor" (Versículos 1-2)

Vea Juan 20:1-2.

"Y el primer día de la semana María Magdalena fue temprano al sepulcro, cuando todavía estaba oscuro, y vio que ya la piedra había sido quitada del sepulcro.  Entonces corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: Se han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto”.

María no creía que había ocurrido una resurrección. Asumió que se habían movido el cuerpo. Esta es otra evidencia de cuán lentamente los discípulos, incluyendo las mujeres, iban a creer que Jesús había resucitado. No eran personas fácilmente manipulables, crédulas.

Pedro y Juan en la Tumba (Versículos 3-11)

Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo, e iban hacia el sepulcro.  Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro;  El versículo 5 dice: "e inclinándose para mirar adentro, vio las envolturas de lino puestas allí." En ellas había sido envuelto el cuerpo de Jesús cuando le enterraron. (Juan 19:40)

Luego llega Pedro y entra al sepulcro. Versículos 6-7: "Entonces llegó también Simón Pedro tras él, entró al sepulcro,  y vio las envolturas de lino puestas allí, y el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con las envolturas de lino, sino enrollado en un lugar aparte." ¿Qué quiso Juan enseñarnos acerca de la resurrección con esta descripción? Dos verdades, al menos.

1. Resucitado Corporalmente, No sólo Espiritualmente

Primero, Jesús había resucitado corporalmente de entre los muertos, no sólo espiritualmente. Algunos están dispuestos a hablar acerca de la resurrección como símbolo de la influencia continua de Jesús o de su espíritu viviendo en el mundo o de su alma retornando a Dios. Ese no es el mensaje de Juan. El cuerpo no estaba allí. Había resucitado corporalmente. De hecho, uno de los hechos históricos más impactantes y difíciles de enfrentar, es que los enemigos de Jesús y del cristianismo en aquellos primeros días y semanas y meses en Jerusalén no pudieron mostrar el cuerpo. Así hubieran terminado con todo el problema. No había un cadáver, porque Jesús había resucitado corporalmente.

2. Como el Cuerpo que Murió, Pero no Exactamente

Segundo, este cuerpo, no era exactamente como el cuerpo que murió, y sin embargo, aun era el cuerpo que murió. Hay continuidad y discontinuidad. Esto es importante porque la resurrección de Jesús en el Nuevo Testamento es vista como las primicias de la cosecha de la resurrección de todos los cristianos. Como lo expresó Pablo: " Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida." (1 Corintios 15:23)
El propósito al decir que las vestiduras de lino estaban allí, y aun mencionar el sudario que estaba sobre su cabeza, es probablemente para mostrar cómo esta resurrección era diferente a la resurrección de Lázaro. Recuerde el capítulo 11 donde Jesús resucitó a Lázaro después de haber estado muerto por días. Y Juan 11:44 dice: "Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.  Jesús les dijo: Desatadlo, y dejadlo ir."

Diferente a Lázaro

La gente tuvo que ayudar a Lázaro a deshacerse de las vendas de lino y del sudario. Fue así porque tenía un cuerpo mortal. Él moriría de nuevo. Después de la resurrección, Jesús no tenía un cuerpo mortal. Nunca más moriría. "Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir." (Romanos 6:9) El cuerpo de Jesús es diferente. Él simplemente atravesó esas vestiduras de la misma forma en que atravesó puertas en Juan 20:19 y 26. "Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos." (Juan 20:26)  Pero en el mismo momento en que entraba en la habitación, de una forma imposible para un cuerpo ordinario, dice al escéptico Tomás: "Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado;  y no seas incrédulo, sino creyente." (Juan 20:27)  Era un cuerpo físico que podía reconocerse y tocarse. Y Lucas nos dice que él comió pescado después de haber resucitado. (Lucas 24:43)

Por qué Es Importante

Si usted piensa que esto no le interesa, recuerde: aquellos que están en Cristo, es decir, que creen en él, y le pertenecen, y reciben perdón y reconciliación de parte suya, serán resucitados con él. Y Pablo dice en Filipenses 3:21 que Jesús "transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a Sí mismo”. Esto no es un OVNI, o una vida irrelevante en otra galaxia. Es lo que sucede cuando Dios juzga al mundo por un Hombre: Jesucristo.

Si usted le pertenece por fe en él, recibirá un cuerpo como el suyo, que será conveniente para verle, disfrutarle y entrar finalmente a los cielos nuevos y la nueva tierra donde estará una eternidad admirando a Dios en todo lo que ha hecho. Y este mundo que tanto amamos, comparado con aquel, será como una vela comparada con el sol.

¿Lo Ve?

Este es el problema: ¿Lo ve? En el versículo 8 dice: "Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó" (Juan 20:8). ¿Qué vio? ¿Qué creyó? Jesús no estaba allí, solo estaban las ropas que había dejado.

Compare esta actitud con la de María en el versículo 18: ella se había encontrado con Jesús en el jardín y había hablado con él. Regresa a los discípulos y dice: "¡He visto al Señor! (Juan 20:18)  No tenemos la evidencia directa de María. Somos más parecidos a Juan en el sepulcro, hay evidencia, y veremos mediante ella, o no. El problema es: ¿Lo ve?

El Testigo se ha Convertido en una Ventana

Permítanme terminar con una analogía. El timbre de su puerta suena esta tarde y uno de sus amigos pide hablar con usted. Viene y dice: "tengo noticias realmente muy malas. Tu hermano, Jim, ha muerto."

Y usted dice, moviendo la cabeza: "No lo creo. Acabo de verlo esta mañana. Él estaba bien. No lo creo. No puede ser."

Y su amigo dice: "fuimos al juego juntos, y mientras nos íbamos, un carro se salió de control, y saltó la curva, y golpeó a Jim. Yo me arrodillé junto a él. Esperé por el médico. Lo vi. Ha muerto."

Y usted dice, lentamente, "ya veo."

¿Qué quiere decir con: "ya veo"? Quiere decir que el testimonio de su amigo se ha convertido en una ventana. Y la realidad en la ventana se ha revelado. Usted no estaba allí. Usted no vio (de la forma en que María vio), pero aun así dice (y es correcto decirlo), con todo su corazón: "ya veo."

"He Visto al Señor"

Dios le ha traído aquí para que escuche este mensaje y para que vea estas Escrituras y para que escuche esta historia de la resurrección, acerca de Jesús y de este testimonio. Y mi oración por usted, mientras terminamos, es que ahora, o muy pronto, por la gracia de Dios diga: "ya veo."

Solo hay una diferencia fundamental entre Jesús y mi ilustración: ¡Él está vivo! Es como si otro mensajero derribara la puerta mientras usted aun llora y le dijera: "Jim vive. Yo hablé con él." Es lo que dijo María: "He visto al Señor."

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