Jesús: Digno de más gloria que Moisés

Hebreos 3:1-6

Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. El cual fue fiel al que le designó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios Porque Él ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa. Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios. Y Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir más tarde; pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza.

Tenemos dos necesidades

Los seres humanos tenemos dos necesidades: necesitamos escuchar de Dios, y necesitamos ir hacia Dios. Necesitamos una palabra de Dios y necesitamos un camino a Dios. Necesitamos escuchar de Dios para que sepamos cómo es él y cuáles son sus propósitos para el mundo y qué requiere de nosotros. Y necesitamos un camino a Dios porque ser cortados de Dios en la muerte sería tinieblas y miseria y tormento eterno. Así que tenemos estas dos grandes necesidades: escuchar de Dios e ir hacia Dios. Necesitamos una revelación de él y una reconciliación con él.

Ahora, medite en cómo Hebreos 3:1 aborda estas dos necesidades. Dice a los cristianos.

Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe.

Necesitamos una palabra de Dios y un camino a Dios

Los cristianos son un pueblo que ha escuchado y creído en un llamamiento celestial, y por tanto, son participantes de ese llamamiento "hermanos santos, participantes del llamamiento celestial”. Es un llamamiento celestial porque proviene del cielo, de Dios. Y es un llamamiento celestial porque nos invita y nos lleva hacia el cielo, a Dios.

En otras palabras, este "llamamiento celestial" relaciona las dos grandes necesidades que tenemos: una palabra de Dios y un camino hacia Dios. Es un llamamiento celestial, lo que implica que es una palabra del cielo, una palabra de Dios. Y es un llamamiento, lo que implica que está destinado a mostrarnos el camino a Dios. Los cristianos son un pueblo que ha sido atrapado en su llamamiento. La palabra de Dios se abrió paso a través de nuestra resistencia, y se afirmó en nosotros con la verdad y el amor de Cristo, y nos reconcilió con Dios, y ahora nos está llevando a nuestro hogar, al cielo. Esto significa que los cristianos son un pueblo de gran esperanza. Dios nos ha hablado desde el cielo, e hizo un camino hacia el cielo, y nosotros creímos, y nuestra esperanza y nuestra confianza están firmes.

Y nosotros no somos la razón por la cual nuestra razón y nuestra esperanza están firmes. Hay todo tipo de pecadores en esta habitación en esta mañana: pecadores sexuales, pecadores mentirosos, pecadores ladrones, pecadores asesinos, pecadores que desobedecen a los padres. La esperanza de un llamado celestial no depende de nuestra justicia. Si así fuera, estaríamos sin esperanzas. Nuestra esperanza y nuestra confianza dependen de Jesús. Es por esta razón que el versículo 1 continúa diciendo: "Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús". Es lo que estamos haciendo en esta mañana. De ésto trata la predicación. Es el propósito de la Escuela Dominical. Es el propósito de los grupos pequeños: considerar a Jesús.

A menudo pensamos que considerar a Jesús es algo que los incrédulos debieran hacer. "Considera a Jesús", es lo que le decimos al que busca y está perplejo. Y es cierto. Pero este libro de Hebreos tiene el propósito de ayudar a los cristianos a considerar a Jesús. "Hermanos santos,. . . considerad a Jesús" Bien, ¿por qué lo dice? ¿Es que los hermanos santos, no consideran automáticamente a Jesús? La respuesta es "no". Recuerde la advertencia de Hebreos 2:1: "debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos". El peligro está constantemente en nuestro camino, para que dejemos de considerar a Jesús y nos volvamos más interesados en otras cosas y nos desviemos de la Palabra y quizás nunca volvamos, y demostremos, a fin de cuentas, que nunca fuimos verdaderamente participadores del llamamiento celestial. Así que Hebreos nos llama (¡a los cristianos!), una y otra vez, para que "consideremos a Jesús".

Jesús es el verbo y el camino

Y lo hace porque Jesús es la única respuesta a las dos grandes necesidades que tenemos. Necesitamos una palabra de Dios y un camino hacia Dios. Necesitamos revelación de Dios y necesitamos reconciliación con Dios. Y el mensaje del libro a los Hebreos es que Jesús es las dos cosas. Es por eso que el versículo 1 termina con dos descripciones de Jesús: "Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe"

Estas dos descripciones de Jesús se corresponden a nuestras dos grandes necesidades: Jesús es nuestro Apóstol, y Jesús es nuestro Sumo Sacerdote. Apóstol significa "uno que es enviado". Así que Jesús es el que fue enviado por Dios hacia la Tierra con la revelación de su llamamiento celestial. "Sumo Sacerdote" significa uno que es intermediario, el que ofrece un sacrificio para que pueda haber reconciliación. Así que Jesús es nuestro Sumo Sacerdote. Mire nuevamente dos versículos de Hebreos 2:17 para ver más claramente qué es esto: "Por tanto, [Jesús] tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo". Esa gran frase, "hacer propiciación", significa "hacer un sacrificio por nuestros pecados que dé fin a la ira de Dios que está sobre nosotros", y nos convierta en amigos.

Así que lo que escritor está diciendo es: Ustedes cristianos, quienes son participantes del llamamiento de Dios de cielo a cielo, ustedes tienen la gran confianza que han oído de Dios (mediante su apóstol) y tienen la gran esperanza de que irán a Dios, amados y reconciliados y seguros. Cristianos, consideren a Jesús, piensen en Jesús, mediten en Jesús, escuchen a Jesús. ¿Por qué? Porque él es el Apóstol del cielo, quien les trajo su llamamiento. Y él es el supremo Sumo Sacerdote, de una vez y por todas, quien con el sacrificio de sí mismo les reconcilió con Dios y les garantiza la entrada al hogar celestial. Consideren a Jesús, el Apóstol de Dios, la palabra final de Dios, y el Sumo Sacerdote de Dios, el camino final hacia Dios.

Considerad a Jesús

Todo el libro a los Hebreos está escrito para ayudarnos a considerar a Jesús. Hay más sobre Jesús de lo que usted pueda considerar a todo lo largo de esta vida. En el capítulo 1, el tema central es que Jesús es superior a los ángeles. Jesús hizo y sostiene al mundo (1:1-2, 10), pero los ángeles hacen diligencias en él (1:14). En el capítulo 2, Jesús toma forma humana y hace realidad la esperanza del Salmo 8, para todo su pueblo (2:7-8). "[Dios] Le has hecho un poco inferior a los ángeles; le has coronado de gloria y honor, y le has puesto sobre las obras de tus manos; todo lo has sujetado bajo sus pies”.

Y el propósito en cada etapa de este libro es: ¡Consideren a este Jesús! Mediten en él. Pongan los ojos en Jesús. Si su mente es como una brújula moviéndose a través de un mundo de magnetos, haciéndola girar por este camino y por aquel, haga que Jesús sea el Polo Norte de su vida mental para que su mente regrese cada vez a él durante el día.

Considera su superioridad sobre Moisés

Así que le preguntamos al escritor de este libro, y al Dios que lo inspiró, ¿qué quieren que consideremos hoy acerca de Jesús en Hebreos 3:1-6? Y la respuesta es: Consideren su superioridad sobre Moisés. Piensen en ello. Medítenlo. Enfóquense en ello. ¿Por qué? Porque al considerarlo, su confianza en el llamamiento celestial será más fuerte y su esperanza será más firme.

Hay dos maneras, mencionadas en los versículos 2-6, en que Jesús es superior a Moisés, y lo que fortalece nuestra confianza y nuestra esperanza es el simple hecho de la superioridad de Jesús sobre Moisés; es lo que vemos sobre Jesús que le hace superior. La visión de Jesús en un modo fresco en este texto nos ayuda a retener "firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza" (3:6b).

Veamos, por tanto, estas dos formas en que Jesús es superior a Moisés. El versículo 2 introduce la comparación y muestra que tanto Jesús como Moisés fueron fieles en la casa de Dios, que es una representación del pueblo de Dios. "El cual [Jesús] fue fiel al que le designó [Dios el Padre], como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios”. Así que primeramente hay una comparación antes de ver el contraste. El escritor no está minimizando a Moisés. Ese no es el punto. Moisés fue fiel en la casa de Dios. Es escritor está citando Números 12:6-8 donde Dios dice:

Oíd ahora mis palabras: Si entre vosotros hay profeta, yo, el Señor, me manifestaré a él en visión. Hablaré con él en sueños. No así con mi siervo Moisés; en toda mi casa él es fiel. Cara a cara hablo con él, abiertamente y no en dichos oscuros, y él contempla la imagen del Señor.

Cuando el escritor comienza a contrastar a Jesús y Moisés, lo hace con toda intención, porque Moisés fue único en su época con una relación más íntima con Dios que cualquier otro profeta.

Jesús es digno de más gloria

Entonces, consideren a Jesús ahora; consideren su superioridad sobre Moisés. Primero en el versículo 3:

Porque El [Jesús] ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa.

Jesús es digno de más gloria que Moisés. Ahora que las Olimpiadas han terminado, no tenemos ninguna dificultad en rastrear la palabra "gloria", y en que una persona sea digna de más gloria que otra. Hay más gloria en el oro que en la plata, y más en la plata que en el bronce. A menos que, por supuesto, usted esté herido, y a pesar de la herida, usted continúe y haga alguna proeza fenomenal. Entonces hay otro tipo de gloria que pudiera traer mucha más alabanza que una medalla de oro individual.

El versículo 3 dice que Jesús es digno de más gloria que Moisés en relación a la casa de Dios. Y da una razón sorprendente. Porque Jesús es el edificador de la casa y Moisés es parte de la casa. Véalo cuidadosamente: Versículo 3: "El [Jesús] ha sido considerado digno de más gloria que Moisés" ¿En qué manera?” Así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa". En otras palabras, está diciendo: Jesús es para el pueblo de Dios, como el constructor para una casa. Moisés es para el pueblo de Dios como uno del pueblo de Dios es para la casa de Dios. Por tanto, Jesús es el constructor de Moisés. En pocas palabras, Jesús hizo a Moisés.

Ahora profundicemos. ¡"Considerad" esto! Este es nuestro Apóstol y Sumo Sacerdote. Él es quien nos trajo un llamamiento celestial de parte de Dios y nos trazó un camino hacia Dios. De él depende toda nuestra esperanza en los cielos. Si usted tiene alguna confianza en esta mañana de que sus pecados son perdonados y de que perseverará en fe y alcanzará su llamamiento celestial, esta confianza depende de Jesús. Mientras mayor y más glorioso es él, mayor es nuestra esperanza y confianza.

Jesús hizo a Moisés

Sería como si los participantes del Decatlón estuvieran reunidos una noche jactándose sobre quién de ellos fuera el mayor, y Jesús fuera uno de los participantes del Decatlón. Y alguien dijera: "Yo lancé la jabalina más lejos que cualquiera. Yo soy el mayor". Otro dijera: "Yo lancé la bala más lejos que cualquiera. Yo soy el mayor". Otro dijera: "Yo salté más alto que cualquiera. Yo soy el mayor". Y eventualmente todos miraran a Jesús en su sudadera borgoñesa sentado tranquilamente en la esquina, y alguien dijera: "¿Y tú qué?" Y Jesús dijera: "Yo los hice a todos ustedes. Así que yo soy el mayor".

Versículo 3: [Jesús] ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, así como el constructor de la casa tiene más honra que la casa. Jesús es digno de mucha más gloria que todos los ganadores de medallas de oro en las Olimpiadas, así como el constructor de la casa es digno de más gloria que la casa. Él hizo la casa. Él hizo a Moisés. Él hizo las mentes y corazones y piernas y brazos de los atletas olímpicos. Así que Jesús es el mayor.

El versículo 4 muestra claramente cuán grande es él: "Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hace todas las cosas es Dios" El versículo 3 dice que Jesús hizo la casa de Dios. El versículo 4 dice que el que hace todas las cosas es Dios. ¿Conclusión? La misma del capítulo 1: Jesús, el Hijo de Dios, es Dios. Así de grande es él.

La palabra de nuestro apóstol es una palabra verdadera, porque es una palabra llevada por Dios mismo. La obra expiatoria de nuestro Sumo Sacerdote sobre la cruz es una obra completa y suficiente, porque tiene un valor infinito como la obra del mismo Dios. Considere ésto acerca de Jesús: él hizo a Moisés. Y le hizo a usted.

Jesús es el Hijo; Moisés es un siervo

Otro aspecto de la superioridad de Jesús sobre Moisés es mencionado en los versículos 5-6a: "Y Moisés fue fiel en toda la casa de Dios como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir más tarde; pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios". Moisés fue un siervo en la casa de Dios. Jesús es un Hijo sobre la casa de Dios. La diferencia entre un siervo y un hijo es que el hijo, por herencia, posee la casa, y es señor sobre la casa y, de su riqueza, provee para los que están en la casa. Pero los siervos nada poseen en la casa, y los siervos obedecen la palabra del dueño. Los siervos reciben su provisión de parte del dueño.

Así que nuevamente, Jesús, como Hijo, es superior a Moisés en estas tres formas: él posee la casa de Dios; él gobierna la casa de Dios; y él provee para la casa de Dios. En comparación, Moisés es solo un siervo en la casa. Él no la posee, no la gobierna y, de su riqueza propia, no provee para ella. Consideren, por tanto, a Jesús en relación a Moisés.

Y lo más impactante aquí, en el versículo 6, es que el escritor quiere que usted aplique, inmediatamente y sobre usted mismo, esta superioridad de Cristo. ¿Ve cómo termina el versículo 6?: "pero Cristo fue fiel como Hijo sobre la casa de Dios, &cuya casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza”*.

La iglesia de Jesucristo es hoy la casa de Dios. Lo que significa que Jesús, en esta mañana (no solo en los días de Moisés o en sus propios días sobre la Tierra), es nuestro Hacedor, nuestro Gobernador, y nuestro Proveedor Él es el Hijo; nosotros somos los siervos. Somos la casa de Dios. Moisés es uno que está con nosotros en esta casa, y él es nuestro con-siervo mediante su ministerio profético. Pero Jesús es nuestro Hacedor, nuestro Dueño, nuestro Gobernador, y nuestro Proveedor.

Y el texto concluye diciendo que somos su casa, somos su pueblo, somos participadores de su llamamiento celestial, "si retenemos firme hasta el fin nuestra confianza y la gloria de nuestra esperanza”. La evidencia de que somos parte de la casa de Dios es que no nos deshacemos de nuestra esperanza, Hebreos 10:35 dice: "Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa", no nos deslizamos hacia la indiferencia y la incredulidad. Volvernos cristianos y ser cristianos, son dos eventos que ocurren de la misma forma: teniendo esperanza en Jesús, un tipo de esperanza que produce confianza y jactancia en Jesús.

¿Dónde están sus esperanzas en esta mañana? ¿Dónde está buscando confianza? ¿En usted mismo? ¿En las inversiones inteligentes? ¿En los programas de entrenamiento físico? ¿En el trabajo fuerte? ¿En la suerte? La Palabra de Dios para usted en esta mañana es: "Considerad a Jesús". Y confíen en él. Entonces serán parte de su casa y él será su Hacedor, su Dueño, su Gobernador, y su Proveedor.

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