Criando hijos que confían en Dios

{Masquil de Asaf.} Escucha, pueblo mío, mi enseñanza; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. 2 En parábolas abriré mi boca; hablaré proverbios de la antigüedad, 3 que hemos oído y conocido, y que nuestros padres nos han contado. 4 No lo ocultaremos a sus hijos, sino que contaremos a la generación venidera las alabanzas del SEÑOR, su poder y las maravillas que hizo. 5 Porque Él estableció un testimonio en Jacob, y puso una ley en Israel, la cual ordenó a nuestros padres que enseñaran a sus hijos; 6 para que la generación venidera lo supiera, aún los hijos que habían de nacer; y estos se levantaran y lo contaran a sus hijos, 7 para que ellos pusieran su confianza en Dios, y no se olvidaran de las obras de Dios, sino que guardaran sus mandamientos; 8 y no fueran como sus padres, una generación porfiada y rebelde, generación que no preparó su corazón, y cuyo espíritu no fue fiel a Dios.

Ay de nosotros si alguna vez nos volvemos tan preocupados por el bien de nuestros hijos que perdemos nuestra pasión por rescatar a los que nos rodean y a las naciones perdidas. Es asombroso pero cierto lo que Jesús dijo en Mateo 19:29, "todo el que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos o tierras por Mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna." Nosotros debemos entender el hecho de que dejar a los hijos por amor a Jesús puede que no sea pecado.

Nuestros propios hijos no son nuestro mayor valor. Cristo es nuestro mayor valor. Y el llamado de Cristo relativiza dos grandes ordenanzas de la creación. Una es el matrimonio y la otra es la paternidad. En la creación dijo Dios, "No es bueno que el hombre esté solo…el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:18, 24). Pero el apóstol Pablo le dijo a los Corintios que él deseaba que todos fuesen como él - es decir, solteros - porque así pueden dedicarle devoción sin distracciones al Señor (1 Corintios 7:7, 35). Él admite, que cada cual tiene su propio don (1 Corintios 7:7). Así que es bueno estar casado. Sí, pero por amor al reino de Dios, en estos últimos días, puede ser mejor aún permanecer soltero.

Así mismo es con la paternidad. El Salmo 127:3 dice que los hijos son una "herencia" preciosa y una "recompensa." Génesis 1:28 dice: "Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla." Sí, pero esto tampoco es un absoluto. Si el matrimonio no es lo principal, la paternidad tampoco puede serlo. Si el reino de Dios relativiza el ideal del matrimonio y hace de la soltería una estrategia que exalta a Cristo, también lo hace con la paternidad. Para los padres habrá estrategias que exaltan el avance del reino de Cristo que no están basadas en el ideal de comodidad y seguridad y posibilidad terrenal y excelencia pedagógica de los hijos. Habrá veces, dice Jesús (en Mateo 19:29): ...cuándo dejarás a tus hijos "por Mi nombre." Y no hay duda de que al dejarlos sentirás que se está perdiendo la situación hogareña ideal. Y así es. Pero Dios puede hacer mucho más de lo que nunca soñamos con las circunstancias dolorosas creadas por seguir un llamado radical. "Cien veces más", es la palabra que él usa, "cien veces más" ¡(hekatontaplasiona)!

Sólo menciono esto para de nuevo decir: Ay de nosotros si alguna vez nos volvemos tan preocupados por el bien de nuestros hijos que perdemos nuestra pasión por rescatar a los que nos rodean y a las naciones perdidas.

Pero habiendo dicho eso, escuchemos lo que Dios manda con respecto a nuestros hijos en la comunidad del Nuevo Pacto llamada la iglesia.

Hay aquellos que creen que los hijos son miembros de la comunidad del pacto por la virtud de haber nacido en familias creyentes. Por eso es que los presbiterianos y otras comunidades reformadas (con las que nosotros tenemos tanto en común) bautizan infantes. Nosotros creemos, por otra parte, que es un mal entendido de la naturaleza de la comunidad del Nuevo Pacto. Creemos que la comunidad del Nuevo Pacto es creada por el segundo nacimiento, no por el primero. Por lo tanto, el signo del pacto, el bautizo, es dado a aquellos que han nacido del Espíritu a una familia espiritual, no a aquellos nacidos de la carne a una familia física.

Juan el Bautista mandó a aquellos que ya habían sido circuncidados a la comunidad del Antiguo Pacto a ser bautizados como un signo de entrada a la nueva comunidad espiritual de las personas arrepentidas. Nosotros creemos que eso fue lo que Jesús continuó y ordenó. Por eso fue que Pedro se levantó en el día de Pentecostés y dijo a 3,000 Judíos circuncisos en el día de Pentecostés, "Arrepentíos y sed bautizados." La comunidad del Nuevo Pacto (la iglesia) no es algo a lo que puedes nacer según la carne. Es algo a lo que naces por el Espíritu. La evidencia de este nuevo nacimiento es la fe y el arrepentimiento, y el símbolo que la iglesia utiliza en el nombre de Dios es el bautizo.

Así que ¿cómo encajan entonces nuestros hijos en la comunidad del Nuevo Pacto llamada la iglesia, si no son miembros por virtud de su nacimiento físico? La manera en que yo lo pondría sería así: los hijos de los cristianos son custodios amados de la comunidad del Nuevo Pacto. Ellos son cuidados por una tutela espiritual esperando el día de su despertar a la fe en Cristo. El estar adjuntos a una familia cristiana en el nivel natural, requiere de una comunidad adoptiva a nivel espiritual. Obligaciones muy especiales, claras, bíblicas, nos atan a nuestros hijos, no porque ellos son miembros del pacto antes de que tengan fe, sino porque Dios nos da un mandato especial para guiarlos a la fe.

Haber nacido en una familia del Nuevo Pacto no nos convierte en un miembro de la comunidad del Nuevo Pacto; hace la comunidad del Nuevo Pacto el guardián espiritual del niño.

Lo que hoy se nos ofrece es un escenario para cumplir con el mandato de esa tutela. ¿Qué es lo que Dios requiere de nosotros? ¿Cuál es nuestro llamado como padres y como comunidad de cristianos hacia nuestros hijos?

La razón por la que ahora podemos ir al libro de los Salmos por la respuesta es que hay suficiente convergencia entre el Antiguo y el Nuevo Pacto y que las mismas cosas cruciales se requieren en ambos. Así que vamos a bosquejar el propósito de Dios para los padres y la iglesia usando el Salmo 78:4-7.

En estos versos veo que hay seis etapas en nuestro llamado.

1. Primero comienza con Dios.

Versículo 4b: "contaremos a la generación venidera las alabanzas del SEÑOR, su poder y las maravillas que hizo"

Toda paternidad y educación cristiana comienza con Dios. Existe Una realidad final, incambiable, que es Dios. Todo lo demás en la paternidad y la educación viene de él. Todo lo demás es para él. Él es el primero y el último y el centro de la paternidad y la educación. Él es lo principal en la forma en que criamos a nuestros hijos y les enseñamos y los disciplinamos. Todo comienza con Dios y todo es construido sobre Dios y todo debe ser formado por Dios. Si hay un recuerdo que nuestros hijos deben tener de nuestras familias y de nuestra iglesia es éste; ellos deben recordar a Dios. Dios fue primero. Dios fue central. Había una pasión por la supremacía de Dios en todas las cosas

2. La segunda etapa en nuestro llamado como padres y como comunidad del pacto es que hay un depósito establecido de la Verdad de Dios en el mundo.

El versículo 5: "Porque Él estableció un testimonio en Jacob, y puso una ley en Israel"

Dios ha testificado y Dios ha enseñado. La palabra hebrea traducida como "ley" (Torah) significa "enseñanza." Dios ha testificado y Dios ha enseñado. Y nosotros tenemos ese testimonio y esa enseñanza en un libro, la Biblia. La Biblia es la manera en que Dios, la Realidad última y más importante, se revela hoy a Sí mismo a nosotros con claridad y autoridad. Si Dios es más importante que todo, entonces la Biblia es más importante que todo excepto que Dios. Las implicaciones de esto en la paternidad y la tutela en el Nuevo Pacto son asombrosas.

2.1 Significa que la Biblia será el sol de nuestro sistema solar en todo lo que le enseñamos a nuestros hijos. No estará entre muchos libros. Será el libro central, el Libro que todo lo permea. "Los otros libros son planetas oscuros; la Biblia es el sol que da luz. Todos los demás libros serán leídos a la luz de este libro. Todos los libros serán juzgados por este libro. A todos los libros se les encontrará significado a la vista del mundo por este libro. Lo que significa que este libro debe ser conocido primero y mejor que todos los demás.

2.2 Lo Segundo que esto significa para nosotros es que Dios ha testificado y enseñado en un libro que hay un depósito establecido de verdad para pasar a cada generación. Pablo le dice a Timoteo "Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado" (2 Timoteo 1:14). Esa es la tarea de los padres así como también de la comunidad del pacto como un todo: guardar el depósito sagrado. Preservarlo y transmitirlo a cada generación.

3. La tercera etapa en nuestro llamado como padres y como comunidad es enseñar.

Versículo 5: "Porque Él estableció un testimonio en Jacob, y puso una ley en Israel, la cual ordenó a nuestros padres que enseñaran a sus hijos;"

Somos mandados a enseñar el testimonio de Dios a nuestros hijos. No es suficiente preservar el depósito de verdad en un libro, y decirles que está ahí. Somos mandados a enseñarlo. Efesios 6:4 dice, "Padres, criadlos [a vuestros hijos] en la disciplina e instrucción del Señor" ¡Instrucción! Debemos instruirlos en el testimonio y enseñanza de Dios.

Aquí hay una implicación educacional enorme: Ya que el testimonio y la instrucción de Dios está en un libro, esto significa que trabajaremos para enseñar a nuestros hijos a leer. De hecho, entre "lectura, escritura y aritmética" la lectura será de importancia suprema. Y la lectura no es algo simple: incluye identificar ideas adheridas a símbolos. Incluye entender cómo esas ideas encajan juntas en la mente del autor para llevar un mensaje. Incluye pensar sobre si el mensaje es verdad o no. Aprender a leer nunca termina. Siempre hay espacio para mejorar cómo leemos. Y el incentivo principal en crecer y mejorar en nuestra lectura es que el infinitamente glorioso Dios que hizo todas las cosas y que nos ama y planea nuestro futuro ha testificado y enseñado en un libro.

4. La cuarta etapa en nuestro llamado como padres e iglesia es que nuestros hijos deben conocer el testimonio y la enseñanza de Dios - conocerla lo suficientemente bien como para contarla a la siguiente generación. De nuestra enseñanza viene su conocimiento.

Versículo 6: [Enseñamos] "para que la generación venidera lo supiera, aún los hijos que habían de nacer; y estos se levantarán y lo contarán a sus hijos"

Podrás pensar que este punto es virtualmente el mismo que el anterior. Pero no lo es. Enseñar no es lo mismo que aprender y conocer. Y la distinción es importante por lo menos por dos razones.

Una es que no podemos hacer que nuestros hijos aprendan. Nosotros podemos enseñarlos. Pero no podemos hacerlos conocer. Conocer es algo precioso. El tipo de conocimiento que Dios tiene en mente aquí es más que simple memoria o un crudo reconocimiento mental. Conocer es ver dentro de la belleza real de la verdad y abrazarla como el tesoro que es. Los padres y la iglesia no pueden hacer que eso pase. Podemos hacer lo mejor poniendo a Dios en el centro, amando, orando y enseñando. Pero al final hay un precipicio que divide el enseñar y el conocer y sólo Dios puede impartir a nuestros hijos.

La otra razón para acentuar la diferencia entre nuestra tarea de enseñar y su responsabilidad de conocer es que el resto de los propósitos de Dios por nuestros hijos crece de este conocimiento. Las dos etapas finales de nuestro llamado son fruto de esta etapa de conocimiento.

5. Así que la quinta etapa de nuestro llamado es que nuestros hijos pongan su confianza en Dios.

Versículo 7: "7para que ellos pusieran su confianza en Dios"

Dios ha testificado y enseñado que debe haber un depósito de verdad confiable y que debemos enseñarlo a nuestros hijos para que ellos lo puedan conocer y abrazar - ¿para qué? Para que puedan poner su confianza en Dios.

El objetivo de toda educación verdadera es profundizar y ampliar la confianza en Dios. Esto es lo que previene que el aprendizaje se convierta en orgullo - o debiera prevenir que el aprendizaje se convierta en orgullo. Todo verdadero aprendizaje, todo verdadero conocimiento revela que somos dependientes de Dios y debemos depender de Él o perecer. El conocimiento que nos lleva a la auto-suficiencia en vez de llevarnos a la dependencia de Dios no es un conocimiento verdadero sino defectuoso. Es como un arqueólogo que encuentra una hermosa pintura antigua, pero la esconde con llave en su maletín y viaja dando charlas contando lo astuto que fue al descubrirla, pero nunca la saca para que todos la admiren, para que la belleza del tesoro original no mengüe el logro de haberla encontrado.

El objetivo de todo conocimiento es la confianza en Dios. La esperanza en Dios. Dios es el inicio y la meta de toda educación. Pero hay una etapa final en nuestro llamado como padres e iglesia hacia nuestros hijos.

6. Nuestra confianza en Dios, enraizada en el conocimiento del testimonio y la enseñanza de Dios debe llevarnos a una vida de obediencia.

Versículo 7: "…para que ellos pusieran su confianza en Dios, y no se olvidaran de las obras de Dios, sino que guardaran sus mandamientos;"

Cuando nuestros hijos confían en Dios ellos siguen los mandatos de Dios. La obediencia exterior no será una conformidad legalista a las presiones y expectaciones externas. Será el fruto de la confianza interna - no de la auto-confianza, sino de la confianza en Dios.

La razón de la obediencia exterior a Dios es la meta final de la paternidad porque externaliza la gloria de Dios - y para eso fue creado el universo. Los estados mentales internos, no importa que tan buenos, no manifiestan ni revelan ni externan el valor de Dios. Pero cuando nosotros y nuestros hijos confiamos en Dios de tal forma que obedecemos gozosamente sus demandas de amor y justicia, entonces la belleza y el valor y la sabiduría y el amor y la justicia de Dios brillan en el mundo. Y para eso se creó el mundo. Para que el conocimiento de la gloria de Dios pudiera llenar la tierra como las aguas cubren el mar (Habacuc 2:14)

Conclusión:

Cierro con una implicación para la iglesia. Creo que una implicación de estas seis etapas nos llama a un nuevo tipo de paternidad entre la iglesia y los padres. Los padres son los agentes primarios de Dios en este llamado. Pero ningún padre puede hacer todo esto sin la ayuda de otros. Para eso existen las escuelas y para eso es que existen los demás esfuerzos educacionales de la iglesia.

Los padres necesitan ayuda para mantener una visión viva de la paternidad centrada en Dios.

Los padres necesitan una confianza profunda en Dios.

Los padres necesitan motivación para perseverar año tras año.

Los padres necesitan aliento cuando todo parece ir mal.

Los padres necesitan alivio de vez en cuando de las presiones de la paternidad.

Los padres necesitan ayuda para resumir el libro de Dios a porciones esenciales, transferibles y apropiadas para la edad de sus hijos.

Los padres necesitan ayuda en la enseñanza de ciertos temas y habilidades para las que carecen de suficiente pericia y tiempo.

Los padres necesitan un reforzamiento comunitario de la verdad y los estándares morales.

Los padres necesitan soluciones a problemas difíciles que los hijos ocasionan.

Los padres necesitan camaradería para compartir la sabiduría acumulada.

Los padres necesitan corrección cuando otros pueden ver algo erróneo que ellos no pueden ver.

Los padres necesitan oración porque al final Dios es el gran Maestro.

La paternidad es lo principal para los hijos, después de Dios; pero Dios quiere que la paternidad ocurra en una comunidad del pacto que ayude a proveer lo que los padres necesitan. Y él quiere, que a su tiempo, los padres - y los solteros - sostengan y conformen el ministerio de la comunidad del pacto hacia los hijos.

Padres y solteros que enseñan,

padres y solteros que supervisan,

padres y solteros que cantan,

padres y solteros que planean y llevan a cabo actividades para niños,

padres y solteros que abren sus hogares,

padres y solteros que son un modelo de todo lo que queremos en la misión educacional.

Los invito a orar conmigo hacia este nuevo compañerismo aquí en la Iglesia de Belén - que la generación venidera pueda poner su confianza en Dios.

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