Los llamados de Cristo y los amados de Dios, parte 1

Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre; entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Lo que Dios ha Hecho de Pablo

Pablo comienza su gran carta a los Romanos identificándose a sí mismo no en términos de lo que ha logrado, sino en términos de lo que Dios ha obrado en su vida. Él dice en el verso 1 que era un esclavo de Cristo Jesús, es decir, Cristo le ha comprado y ahora le posee y gobierna (1ra a los Corintios 6.19-20). Ahora él existe, como dice en el verso 5: “por amor de Su Nombre”. Entonces dice que es llamado a ser apóstol. Así que, de nuevo, es lo que Cristo le hizo a él, no lo que él hizo lo que es primordial. Él lo enfatiza de nuevo en el verso 5: “recibimos la gracia y el apostolado”. Así que el llamado de Pablo a ser apóstol fue enteramente por gracia: fue inmerecido y dado gratuitamente. Cristo tomó la iniciativa en el camino a Damasco, forzó su entrada a la vida de Pablo, y le derribó deteniéndolo cuando iba en su camino para aprisionar a los cristianos. Entonces al final del verso 1, Pablo dijo que él es “apartado para el evangelio de Dios”. De nuevo alguien más, no Pablo, actúa para darle a Pablo su misión e identidad. Dios obra, como vimos, aun antes de que Pablo ha nacido (Gálatas 1.15).

La comprensión que tiene Pablo de la libertad y soberanía de la gracia está profundamente grabada por su propia experiencia. Él era, en su propia estimación el primero de los pecadores (1 Timoteo 1.15). Y, por alguna razón, no en sí mismo, sino solo en la voluntad de Dios, Dios escoge libremente establecer su foco salvador sobre Pablo y hacerle un cristiano, apóstol y siervo del evangelio.

Así, cuando él finalmente llega a los versos 6-7 para describir a sus lectores en Roma (y por implicación, ¡a todos los cristianos!), no es sorprendente que hable con el mismo énfasis sobre lo que Dios ha hecho, no lo que hemos hecho. No es lo que lo que hacemos no sea importante: el verso 5 dice que el objetivo del apostolado de Pablo entre las naciones es la “obediencia a la fe”. Entonces lo que hacemos es completamente crucial: todo su ministerio falla si no da lugar a la obediencia a la fe en nuestras vidas. (Y no solo nuestras vidas, sino las vidas de todos los gentiles, quizás mejor, todas las naciones o personas. ¡Oh! ¡Que Dios continúe dándonos carga por las naciones, los pueblos no alcanzados de la tierra! ¡Que Él continúe levantado misioneros al estilo de Pablo entre nosotros!). Pero cuando describe lo que significa tener una identidad cristiana en los versos 6-7, Pablo no pone el mayor énfasis en lo que hacemos. Él lo poner en lo que es hecho a nosotros y para nosotros, tal como hizo al describir su propia identidad como esclavo, apóstol y siervo del evangelio.

Llamados y amados –La audacia de esta declaración

Él utiliza dos palabras que son muy importantes en este libro de los Romanos y en toda la visión de Pablo sobre Dios y la salvación –tan importante que voy a ocuparme solo con una de ellas esta mañana. Necesitamos reflexionar en estas palabras como las llaves para nuestra propia identidad y lo que significan para ser cristiano. Las palabras son “llamados” y “amados”. Verso 6 “entre las cuales estáis también vosotros, llamados a ser de Jesucristo; a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”

Antes de decir otra palabra acerca del significado de estos términos, siento que debemos pensar en lo audaz de su declaración. Necesitamos sentir esto, de manera que cuando otros lo expresen no seamos estremecidos. Aquí estamos en un pequeño cuarto, comparado con toda la ciudad de Minneapolis. Y en una pequeña ciudad comparada con los Estados Unidos. Y todo nuestro país es solo el 4% de la población mundial. Y cosas formidables están ocurriendo en el mundo: el cuarto país más grande del mundo, Indonesa, está cerca de la anarquía. La India, el segundo país más grande, está agitando sus armas nucleares en el rostro de China, el país más grande del mundo. Israel y los palestinos están al borde de una contienda explosiva. Numerosos países africanos son barriles de dinamita al rojo vivo por su intranquilidad. Y contraponiéndome por encima de toda esta inmensa realidad global, estoy aquí esta mañana, minúsculamente pequeño en comparación, y digo que el Dios quien creó el universo y sostiene a todos estos países y ejércitos y armas y sistemas en su existencia está obrando en el mundo, principalmente llamando personas individuales para sí mismo apartándolos de sus pueblos a través de Jesucristo.

Y usted está entre ese número. Y lo que Dios ha hecho amándole y llamándole para Cristo puede tener un significado mucho más eterno que quien sea el líder político de Indonesia o si la India tiene armas atómicas o no. Ahora esto parece completamente audaz. Pero si parece audaz para nosotros, imagine como debió haber parecido a los cristianos primitivos. Aquí está el gigantesco Imperio Romano y los desconocidos grupos “bárbaros” más allá, en todas partes. Y Pablo es prácticamente desconocido en este gran imperio. Nunca antes se había oído hablar de ese Jesús que el predicaba. Él dice a esta pequeña banda de creyentes en la gigantesca ciudad de Roma que Dios les ha amado, llamado y les ha hecho, a ellos específicamente, el foco de su obra salvadora. Ellos son los llamados de Cristo y los amados de Dios. En otras palabras, en todo este gigantesco imperio y en todo este planeta, Dios está ocupándose de ellos de una manera especial. ¡Que audacia el afirmar esto!

La Magnificencia del Señor del Universo

Esta es, quizás, la razón por la que Pablo insertó los versos 2-4, algo acerca de este evangelio y algo acerca de este Cristo. Él es el cumplimiento de las promesas antiguas a Israel de que un gobernante vendría. Y Él fue levantado de entre los muertos y ordenado Hijo de Dios en Poder. Así que hoy, lo parezca o no, toda autoridad en los cielos y en la tierra pertenece a Cristo. Y, a menos que conozcamos esto y lo creamos con todo nuestro corazón, estaremos consternados por la aparente grandeza de todo lo que sucede en el mundo. Falto de esta verdad, el cristianismo luce descorazonadamente insignificante y los cristianos parecen locos. Por tanto ponga su mente en la magnificencia de Cristo como Señor del universo, y en el poder y sabiduría de Dios el Padre quien creó todas las cosas y planea todo esto y está controlando todo esto, precisamente para la edificación de Su iglesia, Su gente, produciendo la obediencia a la fe por amor a Su nombre entre todas las naciones.

Ahora volvamos a estas dos palabras esenciales: Pablo describe a los cristianos romanos, y a usted y a mí, enfocándose no principalmente en lo que hacemos, sino en lo que Él hace: Él dice que somos llamados y que somos amados. Eso es lo que nos hace cristianos. Eso es lo que deberíamos conocer sobre nosotros principalmente. Otras cosas son importantes ahora. Pero nada es más importante que esto.

Primero, en el verso 6 él dice que somos “los llamados de Cristo Jesús”. Y entonces, en el verso 7 dice que somos “llamados a ser santos”. Así que al menos dos veces en estos dos versos, enfatiza que quien somos como cristianos está basado en la obra de otro, el que nos llamó.

El Llamado de Dios no es una Idea Democrática

Esto no nos va a conmover y llenar con la gratitud, admiración y adoración que debiera mientras pensemos de la manera que los típicos americanos amantes de la democracia piensan. Los americanos creen en el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Esa no es, probablemente, una mala idea para humanos gobernando a humanos. Pero cuando la idea se transfiere a la manera en que Dios gobierna al mundo, es una idea muy mala. Ella produce la impresión de que los derechos humanos y sus privilegios son el centro del universo, y que la única cosa que debería distinguir a una persona de otra es su propio esfuerzo, inteligencia o coraje. De otra manera debemos ser tratados todos de igual manera y Dios debe hacer para todos lo que hace para cualquiera.

Pero ¿qué si el corazón humano es corrupto, duro, rebelde, ciego y prácticamente muerto a la realidad espiritual (Efesios 4.18)? En ese caso, la única cosa que la auto-confianza puede producir es más muerte. Y la única cosa que puede salvarnos de nuestra propia corrupción es un llamado divino y sobrenatural de Dios que nos despierte. Si decimos (en moda democrática) que Dios debe llamar a todos del mismo modo que llama a cualquiera, todavía no entendemos cuan profundamente pecadores, rebeldes e indignos somos. Si Dios llama a cualquiera, es por Su gracia, gratis y totalmente inmerecida. Y Él no está obligado a llamar a todos si llama a alguno, porque Él no llama a nadie sobre la base de los méritos humanos que nos distinguen. La democracia procede de la base universal de los derechos humanos; pero los humanos, rebeldes y pecadores no tienen absolutamente ningún derecho en relación con Dios. Toda la condenación divina es justa, toda salvación divina es por gracia. Como dice Romanos 9.15, “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia”. Y el hecho de que cualquiera es llamado de las tinieblas a la luz es una maravilla de la gracia.

Ahora, estoy asumiendo muchas cosas aquí que necesito demostrar a partir de las Escrituras, particularmente, 1) que Dios es quien llama; 2) que Su llamado salvador es un acto especial de la gracia en la vida de algunos pecadores y no todos y 3) que este llamado es efectivo – produce lo que ordena.

Dios es quien llama

Cuando Pablo dice en el verso 6, “vosotros, llamados a ser de Jesucristo”, probablemente no quiera decir, “llamados por Cristo Jesús”. Probablemente quiera decir, “llamados por Dios hacia la comunión de Cristo Jesús”. Digo esto porque esto es lo que Él enseña en otra parte de Romanos y en sus otras cartas. Por ejemplo, en 1 Corintios 1.9, Pablo dice, “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor”. Así que Dios llama, y el sentido del llamado es ponernos en comunión con Su Hijo, Jesucristo. Así, en Romanos 1.6, la frase “los llamados de Jesucristo” probablemente significa “aquellos que son llamados por Dios para pertenecer a Jesucristo y disfrutar comunión con Él”.

Su Llamado es un Acto de Gracia Hacia Algunos Pecadores.

Otra cosa que necesita ser mostrada es que este llamado de Dios a la comunión de Jesús es dado a algunos, no a todos, y que ninguna injusticia es hecha aquí porque nadie tiene derecho al llamado. Mire en Romanos 8.28-30, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”. Aquí vemos claramente que no todos son llamados. Todas las cosas no obran juntas para bien de todos, sino para aquellos que son llamados. Entonces en el verso 30 dice de nuevo: “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó”. Así que de nuevo no es a todos. El “llamado” de Dios, como Pablo le llama, es especial y particular. Bien, ¿qué es entonces? ¿No estamos para predicar el evangelio a todos?

Efectivamente estamos para eso. Jesús esparció la semilla de la Palabra indiscriminadamente en todo tipo de suelo (Marcos 4.14). Y Pablo hizo exactamente lo mismo: él iría a una ciudad y predicaría el evangelio a toda sinagoga o en toda la plaza principal. Él “llamaría” a todos al arrepentimiento, sin excepción (Hch 17.30).

Pero ese llamado universal del evangelio (vea Mateo 22.14), que es el mismo para evangelismo y las misiones, no es el llamado del que Pablo habla en Romanos 1.6-7 y Romanos 8.28, 30 (o Romanos 9.24). Bien, ¿Qué es este llamado –este llamado a la comunión de Jesús? ¿Cuál es el llamado que permite a Pablo decir “a los que llamó, a éstos también justificó”? Dios no justifica a todos. Sino que justifica a todos los “llamados”. ¿Qué es entonces este “llamado”?

Este llamado produce lo que ordena

Esto nos trae a la tercera cosa que estaba asumiendo y necesito demostrar, entiéndase, que el llamado salvador de Dios a la comunión de Su Hijo es efectivo o eficaz –ejecuta lo que demanda, produce lo que ordena. El evangelio es una oferta a todos, para que quien vea la gloria de Cristo, y es llevado a Él y le reciba en Su hermosura como su preciosa porción en la vida, confiando en este Cristo Glorioso sea salvado. Todo el que escuche el evangelio y crea, sobre la base de ésta única fe, será justificado y aceptado por Dios.

Pero cuando ese evangelio es predicado, ¿Cuál es la respuesta final a la pregunta de por qué algunos creen y otros no? Escuchen a Pablo en 1ra a los Corintios 1.23-24: “pero nosotros predicamos a Cristo crucificado [es decir predicamos a todos la gloria de un Salvador amante y auto sacrificado], para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.” Pablo predica a todos sin distinción –Dios da a entender que cada grupo étnico debe ser alcanzado con el evangelio. –“todas las naciones”, como dice Romanos 1.5. Mientras predicaba a todos y ofrecía salvación a todos, la mayoría de los judíos estimaron al Mesías crucificado como una piedra de tropiezo y le rechazaron. Y la mayoría de los gentiles estimaron al Señor crucificado como locura y le rechazaron. Pero en aquellos dos grupos, entre aquellos que oyeron –saliendo de entre ellos, algunos son llamados (con un “llamado” diferente del llamado universal a todos). Y el efecto del llamado a ellos es que este Cristo no parece más como una piedra de tropiezo, ni parece más como locura, sino que se ve como el poder y la sabiduría de Dios. 1ra a los Corintios 1.24 “mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo [es] poder de Dios, y sabiduría de Dios.”

¿Por qué? Porque el llamado efectivo despierta a los muertos, da vista a la ceguera espiritual, abre los oídos de los sordos espiritualmente, humilla a los orgullosos, ablanda a los fuertes, y trae fe. Es por esto que Pablo dice en Romanos 8.30, “a los que llamó, a éstos también justificó” –aunque la justificación es por fe (Romanos 5.1). El llamado de Dios quita todo obstáculo orgulloso a la fe y hace a Cristo irresistiblemente atractivo, para que voluntaria y libremente creamos.

“Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos”

Terminemos mirando a este proceso milagroso en acción en 2da a los Corintios 4.4-6. Allí Pablo dice, “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” La rebelión e incredulidad humana son intensificadas por el diablo quien odia la verdad y la vida. Pero si usted no puede ver la “gloria de Cristo” en el evangelio a causa de la rebelión, usted no creerá el evangelio. Le parecerá una piedra de tropiezo o locura.

Entonces ¿qué debe suceder? La predicación de Cristo y el amor a las personas debe continuar (verso 5). “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.” Ese es el llamado universal del evangelio (no el llamado divino y efectivo). Pero ¿qué hará la diferencia determinante sobre quién es salvado? Será el llamado sobrenatural de Dios, exactamente igual que en el principio del mundo cuando su llamado a la luz creó la luz. Verso 6: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.”

En otras palabras, hasta que Dios no nos llame eficazmente como cuando creó a la luz en el principio de la creación, no veremos “iluminación del conocimiento de la gloria de Dios” en el evangelio. Y si no la vemos, no amaremos esa luz y no vendremos a ella (Juan 3.19-20). Pero si la vemos, vendremos. Cristo no será más una piedra de tropiezo o locura. Será para nosotros “poder y sabiduría de Dios”. Y vendremos a él, nos adheriremos a él, le amaremos y confiaremos en él.

Eso es lo que Pablo quiere decir en Romanos 1.7 cuando dice: “a todos los que estáis en Roma, amados de Dios”. Dios ha dicho a sus corazones, “Sea la luz”, y ustedes han visto Su gloria, han venido a Él, Él les ha salvado, perdonado, aceptado y derramado Su amor en sus corazones. Eso es lo que les ha sucedido cristianos. Aprendan quienes son, aprendan cómo agradecer a su Dios, y vivan en la humilde admiración de la gracia.

Y digan conmigo a cada incrédulo, en nombre de Cristo, y en el poder de Su Espíritu: “Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos” (Efesios 5:14)

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