La esperanza de los exiliados en la Tierra

Hebreos 11:13-22

Todos éstos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto y aceptado con gusto desde lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que dicen tales cosas, claramente dan a entender que buscan una patria propia. Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver. Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad. Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único hijo; fue a él a quien se le dijo: En Isaac te será llamada descendencia. El consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde también, en sentido figurado, lo volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú, aun respecto a cosas futuras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró, apoyándose sobre el extremo de su bastón. Por la fe José, al morir, mencionó el éxodo de los hijos de Israel, y dio instrucciones acerca de sus huesos.

En esta mañana, me enfocaré en las palabras "buscan" y "anhelan". Estos son los elementos de fe que nuestro escritor quiere que atesoremos hoy. O esta es otra forma de ver a dónde vamos en esta mañana. En los versículos 13-16, estamos mirando la esencia de los que viven y mueren en fe. Estamos enfocándonos en la experiencia interna de la fe, y no tanto en los actos externos resultantes de la fe. Y entonces, en los versículos 17-19, miramos a Abraham expresando la fe en una increíble demostración de confianza absoluta en las promesas de Dios contra todas las probabilidades humanas. Entonces vemos a Isaac, a Jacob, y a José al final de sus vidas expresar su esperanza en las promesas de Dios, incluso al enfrentar la muerte.

Las promesas de Dios no son, fundamentalmente, para este mundo

Miremos primero los versículos 13-16. Versículo 13: "Todos éstos murieron en fe”. Él acaba de mencionar a Abraham y a Sara, y antes, en el versículo 9, mencionó a Isaac y a Jacob. Así que dice: todos estos murieron de acuerdo con la fe. ¿Cómo así? Ellos no recibieron la mayoría de las promesas (versículo 13). Algunas, pero no la mayoría. La lección que el escritor quiere que recibamos, en el mismo comienzo, es que las promesas de Dios no son fundamentalmente para este mundo, algunas, pero no principalmente. Así lo expresa para nosotros.

Dice que las promesas de Dios son como una gran amiga o amante que viene a encontrarse con usted. Usted la ve a lo lejos, y su corazón salta y la saluda como mejor puede desde la distancia, y dice a los otros: "Estoy esperando que venga. Ella es lo que quiero. Este momento y este lugar están incompletos sin ella. En realidad no pertenezco aquí, pertenezco a ella". Lea el versículo 13 conmigo: "Todos éstos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto y aceptado con gusto desde lejos, confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. . ."

El escritor quiere que nos percatemos de que los patriarcas (Abraham, Isaac, y Jacob), eran peregrinos, exiliados, refugiados, y así es todo el que vive por fe, incluyendo los que incluso conocemos a Jesucristo, el Mesías. Ni siquiera la llegada del Mesías nos ha traído todas las promesas. La llegada de Jesús ha hecho visible el fundamento de las promesas, ha establecido una base demostrable. En Cristo son sí todas las promesas de Dios (2da a los Corintios 1:20). Pero las promesas aun son futuras. Y aun somos extranjeros y exiliados y peregrinos, como los padres y como los otros santos del Antiguo Testamento.

La vida de fe es la vida de un peregrino

Está es la secuencia de textos del peregrino. En Génesis 23:4, Abraham rogó a los hijos de Het pidiéndoles una tumba para su esposa: "Extranjero y peregrino soy entre vosotros; dadme en propiedad una sepultura entre vosotros, para que pueda sepultar a mi difunta y apartarla de delante de mí". Al final de su vida, Jacob dijo a Faraón en Egipto: "Los años de mi peregrinación son ciento treinta años" (Génesis 47:9). En el Salmo 39, el rey David recordó estos testimonios y se incluyó a sí mismo en la línea de peregrinos sobre la tierra. Versículo 12: "Escucha mi oración, oh Señor, y presta oído a mi clamor; no guardes silencio ante mis lágrimas; porque extranjero soy junto a ti, peregrino, como todos mis padres”. Y en el Nuevo Testamento, Pablo dice en Filipenses 3:20: "Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo". Y Pedro dice en 1ra de Pedro 2:11: "Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las pasiones carnales que combaten contra el alma".

Así que la idea aquí es que la vida de fe es la vida de un exiliado, un peregrino, un refugiado. Las promesas son nuestro verdadero hogar, y las hemos visto desde la distancia, y las hemos saludado y probado, y nos han puesto intranquilos e inquietos. Han comenzado a moldear todo nuestro modo de ver y pensar y sentir. Han coloreado todos nuestros valores y metas y deseos. Debido a nuestro tesoro en el cielo, nos hemos desfasado con este mundo.

Buscando y deseando otro país

Ahora miremos cómo es que el escritor defiende el escritor. Dice, en el versículo 14, que los que así hablan, es decir, como peregrinos, están buscando otra patria. Aquí la palabra clave es "buscan". Un peregrino viviendo por fe en las promesas de Dios está buscando otra patria (vea Mateo 6:33). No está estableciéndose aquí. Se aferra sin mucho interés a las cosas, y no está dispuesto a conformarse con esta época. Está buscando la que viene de lejos.

En el versículo 15, el escritor argumenta que si el país que los patriarcas estaban buscando estaba en la Tierra y era alcanzable por medios humanos, lo hubieran buscado. Pero no lo hicieron. Vivieron en tiendas (versículo 9), y rehusaron regresar a Ur o a los Caldeos (vea Génesis 24:6). Así que dice: "Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron, habrían tenido oportunidad de volver”. Pero no lo hicieron. ¿Por qué no? Responde en el versículo 16, y aquí nos encontramos con esa otra gran palabra: "anhelan". Versículo 16: "Pero en realidad, anhelan una patria mejor, es decir, celestial”.

La vida de fe busca una "patria propia" (versículo 14), y anhela una patria mejor, una celestial (versículo 16). Es en esto en lo que se enfoca el escritor en estos versículos. Aquí no se enfoca en los actos externos de fe, sino en los deseos internos de la fe. La fe considera este mundo y lo que ofrece, luego considera las promesas de Dios y lo que ofrecen, y anhela una antes que la otra. La fe busca otra patria. Busca la promesa en la distancia, está atolondrada por ella y la saluda y comienza a confesar que se es extranjero y peregrino aquí.

Ésto es lo que necesitamos escuchar en esta mañana sobre la fe. La fe ve el futuro prometido que Dios ofrece, un poco ahora, la mayor parte después, y lo anhela. Piense en ello por un momento. Hay muchas personas que mezclan la fe salvadora convirtiéndola en una especie de simple decisión que no afecta lo que se U anhela o busca. Pero la idea de este texto es que vivir y morir por fe significa tener nuevos deseos y buscar nuevas satisfacciones. Versículo 14: buscaban una patria diferente a la que ofrecía este mundo. Versículo 16: anhelaban algo mejor que lo que puede ofrecer la existencia terrenal, como la conocemos. Estaban tan apresados por Dios que nada menos que el cielo les satisfaría (o lo que el cielo pudiera hacer de la tierra mediante la presencia de Dios en ella).

¿Qué es la fe? La fe ve las promesas de Dios a la distancia y experimenta un cambio de valores de modo que usted termina anhelando las promesas del cielo antes que lo que este mundo tiene para ofrecer. Ella es un saludo alegre a esas promesas a la distancia y una búsqueda de corazón para conocerlas y apreciarlas y ser satisfecho por ellas, de modo que emerja una nueva vida que está desfasada con el mundo; como dijimos la semana pasada: una vida que construye un arca en el desierto y abandona las seguridades del hogar y construye un pesebre cuando usted tiene noventa años, o levanta un cuchillo sobre su posesión más preciada sobre la tierra.

Dios no se avergüenza

Pero antes de mirar esa demostración de fe, hay algo más maravilloso que ver en el versículo 16. Note las maravillosas palabras "por lo cual", en medio de ese versículo. "Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos". ¡Dios no se avergüenza! Es una frase muy impactante. No hay nada así que yo conozca en otro lugar en la Biblia, relacionando la vergüenza con Dios y diciendo: Dios quizá se avergüence de hacer algo, pero no se avergüenza de hacer esto.

Realmente quiero que Dios pueda decir lo mismo de mí. "No me avergüenzo de ser llamado el Dios de John Piper". Si fuera a decir lo opuesto: "Estoy avergonzado de ser el Dios de John Piper", entonces no sería mi Dios, porque él nunca hará algo vergonzoso. ¡Así que usted puede ver lo que está en juego!

Él no se avergüenza de ser llamado Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob. Recuerde Éxodo 3:6, en la zarza ardiente, Dios dice a Moisés: "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. ¿Por qué no está avergonzado de ellos? El escritor da dos razones: una al principio y otra al final. Usted puede ver la palabra "por lo cual" al comienzo de la declaración. "Por lo cual, Dios no se avergüenza. . . ", que significa que antes se mencionó una razón para que Dios no esté avergonzado. Y luego, al final de la declaración, usted puede ver ver la palabra "pues" - "pues les ha preparado una ciudad”.

Por tanto, ¿cuáles son las dos razones por las que Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de Abraham, Isaac, y Jacob? La razón al final es que les ha preparado una ciudad, una ciudad celestial de promesa. Y la razón al principio es que ellos anhelan ésa ciudad. Dice: " anhelan una patria mejor, es decir, celestial. Por lo cual, Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos". Dios la hizo para ellos y ellos la anhelan, es por eso que él no se avergüenza de ser llamado su Dios.

Ahora, piense en ello por un momento. ¿Quiere usted que Dios no se avergüence de ser su Dios? Entonces, ¿qué debe hacer? ¿Alguna gran hazaña de la que Él se enorgullezca? ¿O algún logro moral que le impresione? La respuesta simple y sorprendente, es: anhélela. Desee la ciudad que Él ha hecho para usted. Anhele la ciudad de Dios antes que la ciudad del hombre. Anhele al cielo antes que a la Tierra. Anhele a Dios antes que a todo lo que no le incluye a Él. Éso es fe en el interior. La fe anhela a Dios y a la ciudad que Dios hace para su pueblo, antes que anhelar lo que puede dar el mundo. Fe en Dios significa desear a Dios.

Pero piense un poco más en esto. ¿Qué es lo opuesto a ser avergonzado? Si Dios fuera a decirlo en un modo positivo, ¿cómo lo diría? "No me avergüenzo de ser llamado Dios tuyo, más bien __________ (¿qué?), de ser llamado tu Dios" -- "me siento orgulloso", "me agrado de ser llamado tu Dios". ¿Por qué Dios estaría orgulloso de ser llamado Dios de alguien que le anhela a Él y a Su ciudad antes que a la ciudad del mundo? Porque anhelar a Dios honra a Dios. Cuando usted desea a alguien, usted llama la atención a su dignidad. Desear a Dios no es un gran logro nuestro. Nadie se jacta de tener hambre, especialmente por la mejor comida en el mundo. Así tampoco nadie se jacta de desear a Dios, quien es más deseable que cualquier cosa en el universo. Desear a Dios no llama la atención a nuestra dignidad, sino a la dignidad de Dios. Tenemos necesidad de seguridad, Él tiene la ciudad del cielo.

¡Qué gran ciudad es la ciudad de Dios!

¡Y qué gran ciudad es ésa! Sin contaminación, sin grafiti, sin basuras, sin pintura descorchada o garajes putrefactos, o hierba muerta o botellas rotas, sin lenguajes ásperos en la calle, ni confrontaciones personales, sin contiendas o violencia domésticas, sin peligros en la noche, ni incendios premeditados, o mentiras, o robos, o asesinatos, sin vandalismo ni fealdades. La ciudad será perfecta porque Dios estará en ella. Él caminará en ella y hablará en ella y se manifestará en cada parte de ella. Allí estará todo lo que es bueno y hermoso y santo y apacible y verdadero y feliz, porque Dios estará allí. Allí estará la justicia perfecta, y recompensará mil veces cada dolor sufrido en obediencia a Cristo. Y nunca se deteriorará. De hecho, resplandecerá cada vez más, a medida que la eternidad se extienda hacia épocas interminables de creciente gozo.

Cuando usted desea a esta ciudad por encima de todo lo demás en la Tierra, entonces honra a Dios, quien, según el versículo 10, es el Arquitecto y Constructor de la ciudad. Y cuando Dios es honrado, Él se deleita y no se avergüenza de ser llamado Dios nuestro. La gran batalla por la fe no ocurre al nivel del comportamiento, sino al nivel del deseo. ¿Qué desea usted?

El comportamiento de la fe

Pero también debemos echar un breve vistazo al comportamiento de la fe en los versículos 17-19. La fe no solo anhela, más que nada, lo que Dios promete, también actúa de un modo que solo puede explicarse por la certeza de que Dios hará lo que prometió, a pesar de los imposibles obstáculos humanos. La fe desea al Dios de las promesas y la fe confía que el Dios de las promesas actuará. Y, por tanto, la fe actúa en modos que están desfasados con un mundo que no desea o confía en Dios.

Medite en lo que hizo Abraham, ¡lo que hizo! Versículo 17: "Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac", es decir, le puso en el altar y estaba dispuesto a terminar su vida. ¿Por qué es ésto sorprendente? No solo porque un Padre ama a un hijo. Y no solo porque los Diez Mandamientos nos ordenan no matar. Sino porque Dios dio a Abraham una promesa de que tendría muchos descendientes y que éste mismo hijo, su propio hijo, el hijo de su vejez, sería aquel mediante quien vendrían los descendientes. Versículo 18: "En Isaac te sera llamada descendencia". Si este cuerpo muere, todo dice, en la experiencia humana, que fallará la promesa de Dios.

Así que esta es la prueba: ¿razonará Abraham para desobedecer o confiará que ocurrirá lo humanamente imposible? La respuesta está en el versículo 19: "El consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde también, en sentido figurado, lo volvió a recibir".

Cuando la obediencia parece el fin de un sueño

Ahora terminaré aplicando esta enseñanza a su vida. Para muchos de ustedes ahora, y para otros en algún momento, la obediencia se siente como el fin de un sueño. Usted siente que si hace lo que le pide La Palabra de Dios o el Espíritu de Dios, será miserable y no hay manera que Dios haga que todo eso sea para bien.

Quizás el mandamiento o llamado de Dios que usted escucha justo ahora es permanecer casado o soltero, o estar en ése trabajo o dejarlo, o ser bautizado, o hablar sobre Cristo en el trabajo, o rehusar comprometer los estándares de honestidad, o confrontar a una persona en pecado, o aventurarse hacia una nueva vocación, o ser misionero. Según usted lo ve en su mente limitada, el prospecto de obedecer es terrible, es como la pérdida de Isaac. Usted ha considerado cada ángulo humano, y es imposible que éso termine bien.

Ahora sabe cómo fue para Abraham. Esta historia de la Biblia es para usted. Éste es un mensaje para usted. Está al final del mensaje para que usted no pueda escapar fácilmente de ella. ¿Desea usted a Dios y a Sus caminos y a Sus promesas, más que a todo, y cree que Él puede y honrará su fe y obediencia al no avergonzarse de llamarse a Sí mismo su Dios, y al usar toda Su sabiduría y poder y amor para convertir el camino de obediencia en el camino y de vida y gozo?

Ésa es la crisis que usted enfrenta ahora: ¿Le anhela usted? ¿Confiará usted en Él? La palabra de Dios para usted es: Dios es digno y es capaz.

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