El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, parte 1

Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. 26 Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; 27 y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.

El cristianismo es la única religión en el mundo que afirma que existe un y solo un Dios verdadero, y que hay tres divinas personas en ese único Dios: Dios el Padre, Dios el Hijo (Jesucristo) y Dios el Espíritu Santo. Esto es llamado la doctrina de la Trinidad. La iglesia no abrazó la doctrina de la Trinidad porque hay un enunciado en la Biblia que dice: “hay un Dios que existe como tres personas iguales en esencia divina, pero distintas en personificación”. No existe una oración así en la Biblia. Sino que la razón por la cual la iglesia ha abrazado esta doctrina es porque la Biblia resueltamente habla de un Dios verdadero, no tres Dioses, y, sin embargo, revela al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como Dios, y como personas distintas.

Si esto te sorprende, mantén en mente: no estamos en posición, como criaturas, de dictar a nuestro Creador cómo Él pudiera o debiera ser. Dios es una realidad absoluta. Él estuvo ahí antes de que ninguna otra cosa estuviese y Él no vino a ser, sino que siempre fue. Por tanto, nadie lo hizo de la manera en que es y no hay razón por la que Él es de la manera en que es. Él simplemente es. Ese es su nombre: “Yo soy el que soy” (Éxodo 3:14). Nuestro papel no es decir qué puede y qué no puede estar en Dios, sino aprender quién Él es y quiénes somos, y moldear nuestras vidas de acuerdo a Su realidad – Su voluntad. Nos sometemos a la manera en que Él es. Él no se somete a la manera en que somos o a la manera en que pensamos que Él debiera ser.

Uno de los lugares donde la segunda persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, es más completamente revelada es en Romanos 8. Nos enfocamos en su obra, hoy, en los versos 26-27, pero sería bueno para nosotros ver qué ha sido revelado hasta ahora sobre la obra de la persona del Espíritu Santo. Lo que emerge en este capítulo es que el Espíritu no es simplemente alguna fuerza o poder de Dios el Padre; en cambio, es una persona que trabaja junto con el Padre y en relación con el Padre.

He aquí una vista panorámica de lo que el Espíritu hace por nosotros. Y una de mis metas al mencionar estas cosas es que puedas amar al Espíritu. Jesús dijo que el primero y más grande mandamiento es amar a Dios con todo nuestro ser. El Espíritu es Dios. Por consiguiente, debieras amar al Espíritu – como una persona. No como una fuerza o poder, sino como una persona que piensa en ti y que tiene emociones por ti y que trabaja por ti – en verdad, como veremos en un momento, ora por ti.

  • De acuerdo al verso 2, la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te libera de la ley del pecado y la muerte.
  • De acuerdo al verso 4, el Espíritu te ayuda a cumplir con el requisito de la ley.
  • De acuerdo al verso 6, el Espíritu da vida y paz.
  • De acuerdo al verso 11, Dios te levantará de los muertos por el Espíritu que habita en ti.
  • De acuerdo al verso 13, el Espíritu te ayuda a hacer morir las obras de la carne.
  • De acuerdo al verso 14, los hijos de Dios son guiados por el Espíritu.
  • De acuerdo a los versos 15-16, el Espíritu da testimonio en nosotros de que somos hijos de Dios y así nos brinda seguridad de nuestra salvación.
  • De acuerdo al verso 23, el Espíritu es las primicias y garantía de nuestra redención final.

Y ahora, en los versos 26-27, el Espíritu nos ayuda cuando no sabemos orar como debiéramos. Eso es lo que quiero que veamos esta mañana.

Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; 27 y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.

La frase “y de la misma manera” en el comienzo del verso 26 significa que Pablo ha estado ayudándonos con lo que ha estado diciendo y ahora él quiere darnos un poco más de ayuda al explicarnos que el Espíritu mismo nos ayuda. La manera en que nos ha estado ayudando es al decirnos por qué vale la pena soportar nuestros sufrimientos por Cristo. Todo en los versos 18-25 es dar razones por las cuales debiéramos agarrarnos fuertemente a nuestra esperanza en medio de futilidad y decaimiento y quejas y muerte. Ahora Pablo dice, “y de la misma manera” – del mismo modo – el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad,

Así que quiero formular tres preguntas y lo que creo que este texto responde. 1)¿Qué ora el Espíritu Santo por nosotros? 2) ¿Cómo ora el Espíritu Santo por nosotros? 3) ¿Por qué ora el Espíritu Santo por nosotros? Contestaremos la primera pregunta hoy y las otras dos la próxima semana.

¿Qué ora el Espíritu Santo por nosotros?

Antes que nada, nótese que esto es, de hecho, la manera en que el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, dígase, orando por nosotros. “Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.

Ahora, ¿qué pide el Espíritu cuando intercede por nosotros? Hay tres formas a las que apunta el texto para responder esta pregunta: 1) dice que el Espíritu pide cosas que no sabemos que debiéramos pedir. Verso 26: “no sabemos orar como debiéramos”. 2) dice que el Espíritu pide cosas que no sabemos que debiéramos pedir, por nuestra debilidad. Verso 26: “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad”. 3) dice que el Espíritu pide cosas que no sabemos que debiéramos pedir que están de acuerdo a la voluntad de Dios. Verso 27b: “Él [el Espíritu] intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios”.

Ahora, piensa en lo que esos tres hechos implican. Cuando dice que el Espíritu ora por cosas por las que no sabemos que deberíamos orar, eso excluye muchas cosas. Ciertamente sabemos que debemos orar por santidad y fe y esperanza y gozo y todos los frutos del Espíritu y cada uno de los mandamientos implícitos en la Biblia. No hay absolutamente ninguna duda de que debemos orar por cualquier cosa que Dios nos mande a hacer. La voluntad revelada de Dios no es una pregunta. Si Dios nos ha ordenado claramente en la Biblia que busquemos algo – como amor o fe o justicia o santidad o coraje – entonces sabemos que debemos orar por ello.

¿Por qué cosas debiéramos orar y no lo sabemos?

Pero este texto dice que el Espíritu nos ayuda al orar por nosotros cuando no sabemos qué orar. Ahora bien, ¿cuándo ocurre eso? ¿Qué tipo de cosas no sabemos que debiéramos orar? ¿De qué no estamos seguros? Aquí es donde la palabra “debilidad” del verso 26 se hace importante, y el contexto de qué ha pasado antes.

Pablo dice, “y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad”. La incertidumbre sobre qué debiéramos de orar es gracias a nuestra “debilidad”. Ahora, la palabra “debilidad” en el Nuevo Testamento puede ser debilidad debido a nuestra limitada naturaleza humana (Romanos 6:19), o debilidad debido a nuestra enfermedad (Lucas 5:15), o debilidad debido a adversidad (2 Corintios 12:9-10). Pero consideremos el contexto de los versos 18-25, especialmente el verso 23, “nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo”. El contexto es el gemir por decaimiento y futilidad y miseria en el mundo. Es el gemir de cuerpos que no han sido aún redimidos. En el verso 10, Pablo dice que el cuerpo es tan bueno como muerto. En el verso 11, él dijo que el Espíritu levantará un día nuestros cuerpos mortales de entre los muertos. Pero, por ahora, el cuerpo gime bajo la maldición de la caída (v. 20).

De modo que en los versos 18-25, Pablo está ayudando a santos gimientes al sostener su esperanza mientras esperan por la redención de sus cuerpos. Entonces, en el verso 26, Él dice, “y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad”. He estado ayudándote en tu debilidad con las promesas de un gran futuro. Ahora, de la misma manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. ¿Qué debilidad? Aquella de la cual he estado hablando – la enfermedad y futilidad y decaimiento y miseria de la vida en el camino al cielo.

Así que, ¿qué es aquello de lo cual no sabemos que debiéramos orar en esta debilidad? Creo que la respuesta es: no sabemos la voluntad secreta de Dios sobre nuestras enfermedades y nuestras dificultades. No sabemos si debiéramos orar por salud o por fuerza para soportar. Claro, ambas cosas son correctas y no está mal orar por cualquiera de ellas. Pero anhelamos orar con gran fe, y gemimos porque no sabemos cuál será el camino de Dios en esta enfermedad o en esta pérdida o en este aprisionamiento. Simplemente no sabemos.

Podemos ver algunos ejemplos de esto en la vida de Pablo. Consideremos su aguijón en la carne, en 2 Corintios 12. Él pidió tres veces que le fuera quitado. Y, finalmente, Jesús le reveló que su voluntad no era que le fuera quitado. Seguramente, esa experiencia dejó a Pablo preguntándose con cada enfermedad y dolor y dificultad y aprisionamiento, cuál era la voluntad de Dios: ¿curarme o no? ¿librarme o no?

Y cuando él estaba en prisión, en Roma, parecía – al menos por un tiempo – ser incierto sobre qué cosa orar – vida y ministerio, o muerte y valor. Él dijo en Filipenses 1:22-24: “22 Pero si el vivir en la carne, esto significa para mí una labor fructífera, entonces, no sé cuál escoger, 23 pues de ambos lados me siento apremiado, teniendo el deseo de partir y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor; 24 y sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de vosotros”.

Hogaño esto es dolorosamente relevante a muchos en esta iglesia. Y se irá haciendo más relevante conforme el precio de ser cristiano y misionero se eleve en los años por venir. No solo hay muchos que están enfermos, sino que hay algunos ahora – y habrá muchos más en los años por venir – quienes están en peligro en algún lugar del mundo y se preguntan “¿Cómo debemos orar? ¿Debemos orar por una huída segura? ¿O deberemos decidir quedarnos y orar por protección? ¿O deberemos quedarnos y orar por valor para sufrir e incluso morir?

¿Cuáles riesgos?

La gente me pregunta sobre esto casi cada vez que hablo sobre sufrimiento y martirio y el asumir riesgos. Dios nos llama a asumir riesgos. Esto es claro en las Escrituras (Lucas 21:16). Pero, ¿qué riesgos? ¿Cuándo arriesgamos nuestras vidas y las de nuestras familias y cuándo no?

John Bunyan, el pastor que escribió Pilgrim’s Progress (El Progreso del Peregrino) aproximadamente 300 años atrás, permaneció en prisión por 12 años por causa de la conciencia. Él pudo haber salido libre si hubiera estado de acuerdo con no predicar el evangelio. Él tenía una esposa y cuatro hijos pequeños, uno de los cuales era ciego. ¿Fue esta una decisión fácil? ¿Quedarse en prisión por causa de la conciencia, o salir y cuidar de su familia?

Y, hoy, te enfrentarás a decisiones similares, aunque no tan peligrosas. ¿Deberé arriesgarme o no? ¿Deberé ponerme a mí mismo en peligro y conmigo a mi familia, negocio, iglesia, etc.? Bunyan escribió un libro llamado Advice to Sufferers (Consejo a los sufrientes). En ese libro, él capturó la perplejidad e incertidumbre que afrontamos en el peligro o frente a un riesgo por la causa de Cristo. Él pregunta ¿”Trataremos de escapar” del peligro? Y contesta:

Puedes hacer en esto según lo que esté en tu corazón. Si está en él huir, huye; si está en tu corazón resistir, resiste. Cualquier cosa excepto negar la verdad. Aquel que huye tiene garantía de obrar así; del mismo modo aquel que resiste, puesto que el llamado y la obra de Dios en su corazón puede serlo. Moisés huyó (Éx. 2:15); Moisés resistió (Heb. 11:27). David huyó (1 Sam. 19:12); David resistió (1 Sam. 24:8). Jeremías huyó (Jer. 37:11-12); Jeremías resistió (Jer. 38:17). Cristo se retiró (Lucas 19:10); Cristo resistió (Juan 18:1-8). Pablo huyó (2 Cor. 11:33); Pablo resistió (Hechos 20:22-23). . . . Hay pocas reglas para este caso. El hombre mismo es el más capaz para juzgar en lo concerniente a su fuerza presente, y qué peso tiene este o aquel argumento en su corazón para resistir o huir. . . No huyas por temor esclavizante, antes bien porque huir es una ordenanza de Dios, abriendo una puerta para el escape de algunos, cuya puerta es abierta por la providencia de Dios, y el escape avalado por la Palabra de Dios (Mat. 10:23).

El punto de Pablo es que cuando gimes con deseos que exaltan a Cristo pero con incertidumbre sobre cómo Cristo puede ser más magnificado, el Espíritu ora por ti y hace que pase.

¿Cómo podemos ser nosotros estimulados por esto? ¿Cómo es esto una ayuda, como Pablo dice que es: “y de la misma manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad”? Él nos ayuda. ¿Eres tú ayudado de esta forma?

Cinco estimulaciones de este texto

Permítanme cerrar sugiriendo al menos cinco formas en que pueden ser estimulados por este texto si confías en Cristo y gimes en tu corazón por que su nombre sea exaltado en tu vida.

1. Sé estimulado en que no estás supuesto a conocer la voluntad de Dios en cada aspecto. Sí, su voluntad revelada para ti es siempre fe y esperanza y amor y pureza. Pero ya sea para confiar en Él para que te libre de enfermedad o dificultad o prisión, ya sea que confíes en Él para que te ayude a morir, no siempre sabes. Y este texto dice está bien no saber. Hay uno que sabe. Y Él está orando de la manera en que uno que sabe debería orar. No añadas a tus cargas la preocupación de que no conoces toda la voluntad de Dios.

2. Sé estimulado en que en tu perplejidad y gemir no estás siendo observado, estás siendo entendido. Dios está escudriñando tu corazón y Él está encontrando en tus santos gemidos un significado indecible con palabras – el significado del Espíritu mismo. Ampliaremos sobre ello la próxima semana.

3. Sé estimulado en que la obra de Dios para ti no está limitada a lo que puedes entender y expresar con palabras. Alégrate de que Duis es capaz de exceder con mucho aquello que pides o piensas (Efesios 3:20). Tu pensar, especialmente en tiempos de estrés o gemir, no es un límite para el obrar de Dios. Y conténtate en que hay una paz que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7). Dios no está limitado por tu mente limitada.

4. Sé estimulado en que en tu debilidad y enfermedad y pérdida y dificultad y peligro, el Espíritu de Dios ora por ti y no contra ti. En el verso 31, oiremos a Pablo regocijarse: “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”. Y aquí vemos parte del gran “por nosotros” en el verso 26. El Espíritu intercede POR nosotros, no contra nosotros. Sé estimulado en que mientras de aferras a Cristo y gimes por su exaltación en tu incertidumbre y dolor, el Espíritu es por ti y no contra ti.

5. Finalmente, sé estimulado en que Dios el Padre escucha la oración del Espíritu. Su oración es por ti. ¡Y es siempre escuchada! Siempre contestada, Dios no rechaza las oraciones de Dios.

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