Seis pasos para salir de la decepción

Tu novia te deja. Tu familia está en guerra. Tu cónyuge comete adulterio. Tu mejor amigo te traiciona. Tu prometido rompe vuestro compromiso. El entrenador te saca del equipo. Una facción en la congregación quiere que tu ministerio termine. Sufres una injusticia agonizante. La iglesia te rechazó. Tu esposa te dejó y no te deja ver a tus hijos. Tu matriz aún está vacía.

Estas experiencias dolorosas provocan muchas emociones diferentes. Pero la decepción es el denominador común en todas ellas. Nuestras esperanzas son frustradas. Nuestros sueños son destrozados. Nuestras expectativas quedan sin cumplirse. Los sucesos externos y las decisiones de los demás producen la agonía de la decepción. Es lo opuesto a la esperanza y el gozo expectante que esta trae. En lugar de eso, la decepción mira hacia atrás con ira, amargura, resentimiento, depresión y desesperación.

En este mundo roto, simplemente no puedes escapar de la decepción (ve el libro de Eclesiastés). No importa cuántos discursos sobre-optimistas levanten las esperanzas de los estudiantes atentos cada primavera, tarde o temprano todos terminarán decepcionados. Los amigos los defraudarán. La familia los defraudará. Sus empleadores los defraudarán. Sus naciones los defraudarán. A veces sentirán que Dios los defraudó.

Si la decepción es tan inevitable, ¿cómo nos recuperamos de ella?

Prepárate

Primero, prepárate sin convertirte en un nihilista de caricatura. Si adoptamos una actitud realista hacia este mundo, esperaremos cierta medida de decepción y no seremos sacudidos o barridos cuando suceda. Eso no es derrotismo o pesimismo; es realismo. Implica esperar y regocijarse en la bondad y la amabilidad de Dios y de los demás. Pero no nos dejamos llevar por la confianza excesiva y la complacencia. De esta manera, nos preparamos para el duro golpe que seguramente vendrá sin perder el beneficio de deleitarnos en Dios cuando las cosas van bien (ver Salmo 104 y Salmo 136).

Comparte

Comparte tu decepción. Dile al Señor lo que estás experimentando. Sé completamente honesto y transparente. Describe cómo te sientes. O si no puedes encontrar palabras, tráele tus lágrimas y gemidos (Salmo 56:8) y pídele que los interprete y atesore.

Alternativamente, usa las palabras que proveen los Salmos de lamento (por ejemplo, Salmos 44, 60, 74, 77, 79, 88). Estas canciones contienen mucha terapia centrada en Dios para los decepcionados. Ten en cuenta que el salmista no intenta ocultar de Dios su decepción. Él sabe que cubrir y negar nunca conducirá a la sanidad.

Pero no lo compartas solamente con el Señor; compártelo también con Su pueblo. Necesitamos toda la ayuda que podamos obtener cuando estemos derribados. Por lo tanto, mientras echamos nuestras cargas sobre el Señor, sabiendo que Él tiene cuidado por nosotros (1 Pedro 5:7), también les pedimos a nuestros hermanos creyentes que compartan el peso de nuestra decepción con nosotros (Gálatas 6:2).

Recuerda

Recuerda que el Señor Jesús experimentó la profunda decepción durante Sus días en esta tierra. Sus discípulos lo decepcionaron continuamente. Todos Lo abandonaron, uno Lo negó, e incluso uno Lo traicionó. Él conoce el dolor y la frustración que estás experimentando. Él puede compadecerse de ti y apoyarte mientras te recuperas de los golpes (Hebreos 4:15). Él es el Amigo que es más unido que cualquier hermano (Proverbios 18:24). Él no te dejará ni te desamparará.

Sométete

El camino a través de este oscuro valle hacia la luz, es la humilde sumisión y aceptación en vez de la lucha arrogante. Nada se puede ganar tomando venganza de los que nos decepcionan, o agitando furiosamente nuestro puño en la cara de Dios. No, debemos confesar: “Señor, no entiendo cómo podrían hacer esto o cómo podrías permitir esto. Pero me inclinaré ante Tu soberanía y creo que Tú lo sabes todo y que esto es lo mejor para mí”. Esto no quiere decir que nunca se debe buscar la justicia cuando se nos trata mal; sino entregar la administración de la justicia a Dios y a aquellos que Él ha designado para esta tarea.

Crece

Usa la decepción para crecer en santificación y servicio. En términos de santificación, usa el dolor que sientes para resolver nunca infligirlo a otras personas si puedes evitarlo. O tal vez recuerda tu vida y piensa en los momentos en que decepcionaste a las personas y mira si puedes corregir esas situaciones de una manera piadosa. También puedes usar la decepción para servir a otros, ministrando a los decepcionados a tu alrededor con el consuelo con el que Dios te consoló (2 Corintios 1:4).

Espera

Finalmente, reaviva la esperanza eterna. Mientras que las esperanzas terrenales pueden haber sido frustradas, al menos por un tiempo, el cristiano todavía tiene una esperanza celestial que ninguna cantidad de decepción terrenal puede quitar. De hecho, la decepción terrenal puede ayudarnos a redirigir nuestras esperanzas hacia lo espiritual y eterno. Hay un día, un día eterno en un futuro no muy lejano, en el que se quitarán todas las decepciones y en el que, todas las cosas no solo serán nuevas, sino que se mantendrán nuevas. Toda posible fuente de decepción será eliminada, y todas nuestras esperanzas se cumplirán (Apocalipsis 21:1-8).