El deleite es nuestra obligación


Transcripción de audio

Me encanta esta historia y disfrutarás de ella porque te gustan las historias de amor. Es acerca de mi esposa y yo- ahora todos van a prestar atención. Hace dos semanas, celebramos nuestro aniversario número 49. Gracias a Dios. El matrimonio es cuestión de gracia y perdón. Acabarás sabiéndolo.

Ahora, recuerda lo que estoy haciendo con esta historia. Estoy tratando de hacer énfasis en que Dios es más glorificado en nosotros cuando nosotros estamos más satisfechos en Él, ¿cierto? Compro este ramo de rosas. Cuestan $200, más o menos. Sostengo el ramo de rosas tras mi espalda y en vez de entrar directamente a casa, toco el timbre, lo cual no es usual en mi. Ella sale y parece desconcertada y digo: “Feliz aniversario, Noël”.

Ella dice: “Oh, Johnny. Son hermosas. ¿Por qué has gastado tanto?” Imagina que hubiera respondido: “Es mi deber. Lo leí en un libro. Esto es lo que hacen los esposos”. ¿Qué está mal en esta respuesta? Estás moviendo tu cabeza, y está bien. Deberías moverla. Te mostraré lo que está mal con esta respuesta.

Vayamos un poco hacia atrás. Ding-dong. “Feliz aniversario, Noël”. “Oh, Johnny. Son hermosas. ¿Por qué has gastado tanto?” “Bueno, no pude evitarlo. De hecho, tengo un plan para hoy por la noche. Quiero que te pongas algo bonito porque vamos a salir. No hay nada más que quisiera hacer que pasar la noche contigo. Eso me haría muy feliz”.

Crees que en ese momento ella diría: “¿Te haría feliz? ¿Siempre estás pensando en lo que te hace feliz. ¿Qué hay de mi, tu esposa?” Crees que diría eso si yo dijera: “Pasar esta noche contigo, como una persona que me satisface plenamente, me haría muy feliz”. ¿Piensas que diría: “En todo lo que piensas es en lo que te hace feliz a ti”?

¿Por qué? Porque ella es glorificada cuando yo estoy satisfecho en ella. Esto lo sabes. Lo sabes por experiencia propia. Haces un tesoro de aquella o aquel en quien te deleitas. Así es como se siente la otra persona, como un tesoro. Me siento atesorado ahora mismo porque encuentras gozo en mi. Me siento atesorado –y Dios también. Ese es el punto.

Así que no vayas a la iglesia y digas : “Esto es lo que los cristianos hacen. Lo leí en un libro”. Toca el timbre y cuando Dios abra la puerta, di: “Nada me haría más feliz que encontrarte aquí porque te necesito”.


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