Paseo de oración a solas

Orar al aire libre cuando orar bajo techo se vuelve difícil

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Jesús nos dijo: “cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6:6).

Ahora bien, él dijo esto a modo de corolario para evitar ser muy llamativos y “como los hipócritas” cuando oramos (Mateo 6:5). Aun así, este versículo ha sido considerado un manifiesto sobre cómo evitar distraernos en la oración: orar detrás de una puerta cerrada. No es una mala idea. Funcionó por dos mil años. Aunque ahora ya no mucho.

Por dos mil años, el lugar más íntimo y con menos distracciones fue el cuarto con la puerta cerrada. Ahora, el ruido se ha reubicado bajo techo. Si nuestras computadoras y dispositivos están cerca, es el peor lugar para tratar de orar. Caminar a través de Times Square distrae menos que sentarse solo en una habitación rodeado de tecnología.

Esta pérdida de la oración en la intimidad está afectando a la iglesia.

La vida de oración cristiana

Se ha dicho que si uno quiere humillar a un pastor, tiene que preguntarle sobre su vida de oración. La triste verdad es que la mayoría de los cristianos, incluso los pastores, pasa más tiempo leyendo artículos, viendo ESPN o jugando juegos en su teléfono inteligente que orando.

Cuando comparo mi vida de oración con la de los grandes espirituales de la historia, a veces me pregunto si en verdad conozco al mismo Dios.

Los Evangelios están llenos de relatos sobre la increíble vida de oración de Jesús. La vida de oración de Pablo sobresale en cada parte de sus cartas. Santiago, el pilar más prominente de la iglesia primitiva, fue llamado “el hombre de las rodillas de camello” debido al precio que su interminable vida de oración demandaba sobre la piel de sus rodillas.

Los escritos de Ignacio, Policarpo e Ireneo están empapados de oración. Uno se pregunta si San Agustín o Aquino en algún momento dejaban de orar. Lutero oraba tres horas al día. Calvino oraba cinco veces al día en momentos dedicados exclusivamente a la oración. George Müller oraba entre dos y tres horas al día y registró más de cincuenta mil oraciones respondidas en sus diarios personales. Hudson Taylor se despertaba en medio de la noche para orar desde las dos hasta las cuatro de la mañana, ¡para que no lo molestaran!

Problemas para orar

Me cuesta mucho orar siete minutos en mi lugar de trabajo. Tengo que usar el cronómetro y, si no pongo el teléfono en silencio para que nadie me interrumpa, buena suerte. Tengo que poner la computadora en modo de hibernación para evitar googlear la primera pregunta que me venga a la mente.

Ups, me olvidé la tablet. Parece que mi amigo está en Chicago hoy. Debería enviarle un mensaje de texto para recomendarle mi cafetería favorita allí... Un momento. Sin distracciones.

Estoy haciendo lo que dijo Jesús, ¿no? Cierro la puerta y luego intento —en vano— cerrar todas las puertas digitales que asaltan mi mente. ¿Por qué es tan difícil?

Los tiempos están cambiando

Verán, durante ocho horas al día conecto mi mente a la máquina y salto de tarea en tarea, interconectándome interminablemente con los dispositivos que tengo frente a mí. Día tras día, año tras año. ¿Cómo podría esperar sentarme en ese mismo espacio y apagar todo después de haberlo acondicionado tanto para que funcione así? No puedo. Tengo que cambiar de ambiente.

El problema es que la habitación con la puerta cerrada, que en el primer siglo era un lugar privado, en la era moderna suele ser el lugar con más distracciones para orar.

En el primer siglo, las personas pasaban mucho tiempo al aire libre cuando no estaban durmiendo. Afuera, encontraban distracciones. Veían a las personas que habían conocido toda la vida. Veían el mercado, que era el centro de la antigua vida cívica. Pero hoy en día, si salimos en una gran ciudad, suburbio o pueblecito, probablemente encontremos muy poca gente caminando. Si vemos a alguien, lo más probable es que no lo conozcamos.

Así que, ¿por qué no orar afuera? Salgan a dar un paseo de oración. Sí, incluso en medio de un invierno boreal. Como dicen los noruegos, no existe el mal clima, solamente la mala indumentaria.

El mismo mensaje, diferentes medios

Afuera estamos solos, pero puertas adentro nuestros dispositivos suenan hasta el hartazgo llamándonos al sinsentido constante, haciendo que nuestro cerebro se distraiga con una cosa u otra hasta que nos damos cuenta de que ni oramos ni disfrutamos el tiempo que pasamos distrayéndonos.

Oren sin distracciones. El mensaje es el mismo, pero los medios se han invertido. Una de las mejores formas de cerrar la puerta en el siglo XXI es abrir la puerta y dejar nuestra casa atrás para dar un paseo en oración. Es lo opuesto a encerrarse en una habitación, pero cumple el mismo propósito en nuestra era.

Dejen el teléfono en casa, o encendido pero en silencio en el bolsillo. Oren. Comiencen por pequeños ratos y pronto hallarán que es reconfortante caminar por veinte o treinta minutos mientras oran. Puede que empiecen a tener una comunión con Dios que no han tenido en años. No se distraerán nada en comparación. El aire fresco y el ejercicio también les harán bien. Además, su mente se desconectará del ruido. Al monito de la obsesión por la dopamina que llevamos sobre la espalda no le gusta el clima: se quedará en casa.

(@jordanmonson) serves in Bible translation in São Tomé and Príncipe as well as Lusophone Africa. He and his wife Aubrey and 1-year-old son Everett are currently based out of Lisbon, Portugal.