La adoración: nuestra respuesta a su grandeza

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Hace unos cuantos años tuve el privilegio de estudiar sobre la adoración con Bruce Leafblad. En aquella oportunidad él ofreció la siguiente definición básica de adoración, que desde entonces ha sido fundacional para mí tanto en la teología como en la práctica:

La adoración es la comunión con Dios en la cual los creyentes, por gracia, centran la atención de su mente y los afectos de su corazón en el Señor, glorificando a Dios con humildad en respuesta a su grandeza y su palabra.

En particular, la frase “centran la atención de su mente y los afectos de su corazón en el Señor” ha influenciado mi pensamiento acerca de la adoración, tanto en lo que respecta a la adoración corporativa como en lo que respecta a la adoración como el todo de la vida.

Cuando empecé mi ministerio como pastor en Minnesota, hace más de una década, fue la primera vez que volví a oír esta frase después de mi tiempo con Leafblad. Descubrí que Leafblad había sido una influencia para el pensamiento del pastor principal en cuanto a la adoración durante su tiempo en el seminario, unas décadas antes, y también que Leafblad había sido pastor de adoración interino durante un tiempo de transición en la vida de la iglesia. Con todo esto intento decir que esta frase se había convertido en parte de la estructura de la iglesia y con frecuencia las personas de allí la mencionaban en sus oraciones. Fue un dulce recordatorio de mi tiempo de estudio con Leafblad y a la vez un constante recordatorio de que necesitamos centrar tanto la atención de la mente como los afectos del corazón en el Señor.

Orar pidiendo concentración

Casi todo en nuestra sociedad obra en contra de que nos enfoquemos en algo en particular. Estamos inmersos en un flujo constante de distracciones que compiten por la atención de la mente y los afectos del corazón. La idea de centrar nuestra mente y corazón o concentrarnos en algo por más de unos pocos minutos es un desafío permanente para la mayoría de nosotros en la sociedad en que vivimos, que está orientada hacia la distracción.

Como adoradores, necesitamos desarrollar cada vez más disciplinas espirituales que nos preparen para concentrarnos, disciplinas que nos ayuden a enfocar la atención de nuestra mente y disciplinas que despierten los afectos de nuestros corazones y hagan que se centren en Dios. Necesitamos una determinación férrea para dejar de lado todas las distracciones, y poner nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2).

¡Cuánto necesitamos la ayuda de Dios para poder hacer esto! Nos encantaría poder hacerlo por nosotros mismos, simplemente sentarnos y concentrarnos, pero la realidad es que necesitamos la ayuda de Dios. Y para lograrlo, debemos empezar por la oración: pidiendo la ayuda de Dios. Pero tal oración no comienza cuando entramos al culto a adorar con la congregación; es el rebosar de las oraciones que hemos estado haciendo durante toda la semana. De hecho, la adoración corporativa es el rebosar de nuestra adoración como el todo de la vida (Romanos 12:1-2). Sin embargo, tenemos que detenernos y reconocer que el culto corporativo se halla limitado por el tiempo y el lugar, por lo que las personas reunidas necesitan concentrarse juntas, orar juntas, cantar juntas, escuchar la voz de Dios juntas a través de su Palabra y responder juntas.

Si usted es líder de adoración, lo animo a que reuna a todos los miembros que sirven en la iglesia, cualquiera sea su nivel de liderazgo o de colaboración en la adoración colectiva —desde los músicos hasta el técnico de sonido, los que recogen las ofrendas, e incluso aquel que hace la lectura de las Escrituras y el que está a cargo de la predicación de la Palabra—, y que juntos clamen a Dios para que el pueblo de Dios centre la atención de su mente y los afectos de su corazón en el Señor.

No me refiero a juntarse de forma apresurada para hacer una oración superficial antes de la adoración corporativa; este es el combustible y el oxígeno que enciende el fuego y las pasiones del pueblo de Dios en el culto.

Mente y corazón, atención y afectos

La belleza de la frase “la atención de la mente y los afectos del corazón” radica en que articula claramente el concepto de que la adoración correcta no es cuestión de elegir entre una experiencia cognitiva y una experiencia emotiva, sino que consiste en ambas experiencias.

Una de las formas en que pusimos esto en práctica en nuestra iglesia fue a través de un compromiso que comprende formas o principios sobre “lo que nos une en el culto”. La sección relativa a la mente y el corazón dice lo siguiente:

Los elementos de nuestro culto deben apuntar a encender y dirigir las emociones más profundas, fuertes y reales hacia Dios, sobre todo el gozo, pero no deben manipular las emociones de la gente por no lograr apelar a un pensamiento claro acerca de las cosas espirituales, basado en evidencias que se pueden compartir y que se encuentran fuera de nosotros mismos.

Así, mientras que el pensamiento correcto sobre quién es Dios y quiénes somos nosotros es imprescindible, la adoración correcta se trata también de sentimientos y emociones correctas y del deleite correcto en Dios. Somos llamados a adorar en espíritu y en verdad (Juan 4:23-24) y la adoración correcta debe incluir tanto la mente como el corazón.

John Piper lo expresa de esta manera en La pasión de Dios por su gloria: “La mente se corresponde con la comprensión de la verdad sobre las perfecciones de Dios. El amor se corresponde con el deleite en el valor y la belleza de esas perfecciones. Dios es glorificado tanto por ser comprendido como por el deleite que se halle en él”.

Así que, cuando se reúnan en la adoración colectiva este fin de semana, y mientras preparan su mente y corazón para la adoración, comiencen orando para que Dios los ayude a centrar “la atención de su mente y los afectos de su corazón en el Señor”, para gloria de Dios y para el gran gozo de ustedes.

Rick Melson serves as the Vice President for Advancement and External Relations at Houghton College in Houghton, New York. He previously served as a pastor for worship.